Edición N† 1633

 

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    24de Agosto de 2000
    Por AUGUSTO ELMORE


    NINGUN proyecto proveniente de la minoría prevalecerá, ni será atendido. Esa es la conclusión que cualquiera, hasta el más tonto, puede sacar de la declaraciones del último de los tránsfugas, Waldo Ríos, quien afirma haberse salido de las filas del Frente Independiente Moralizador, sin cuyo concurso jamás hubiese sido elegido, porque le advirtieron de que ninguna de sus propuestas sería aprobada si seguía en las filas de la oposición. Eso es lo que se llama chantaje en cualquier parte del mundo.

    Estamos, pues, ante la dictadura del Parlamento, sobre la que, a su vez, pesa la dictadura del Ejecutivo, porque, finalmente, los congresistas oficialistas sólo hacen lo que se les manda desde Palacio. Una democracia ejemplar, que mucho me temo ni la OEA podrá encauzar.

    El pobre tránsfuga Ríos, sin querer, ha dicho la verdad.

    El celular se ha convertido en una pandemia, peor que la gripe. Suena donde sea: en los cines, en los restaurantes, en el teatro, en medio de una conferencia, en una clínica, en las iglesias durante la misa. Incluso durante la última conferencia de prensa de Fujimori, cuando éste estaba hablando, el celular del mismo Boloña recibió dos llamadas (como las que hace el cartero, que siempre llama dos veces); la segunda, tan urgente era aparentemente para anunciarle que ya llegaban sus pizzas. Para dichos encargos estaban antes los ujieres o los ayudantes que alcanzaban un papelito con el mensaje para el interesado sin que sonase ninguna timbrada impertinente. No sé si será un disfuerzo o un síntoma de algo, pero llevar un celular encendido a donde sea, no importa cuán solemne sea la ocasión, no es definitivamente una buena costumbre. Y, más claro, es una mala costumbre. Una malacrianza. Una impertinencia, que me disculpe el sonriente ministro Boloña. ¡Los invitados que lleguen a mi casa, por favor apaguen su celular!

    La adicta a la confrontación, señora Martha Chávez, la semana pasada lanzó una de las suyas. Esta vez, apenas días antes de que llegase la Misión de la OEA, dirigió su puntería en contra de una de las pocas instituciones civiles que quedan en pie y con vida (digo, es un decir), el Consejo Peruano por la Paz, que ella, con su particular fanatismo oficialista, pretende sea conformado por representantes del Ejecutivo. No del Estado, porque finalmente el Estado lo somos todos, sino del Ejecutivo en particular. Eso quiere decir que la Chávez quiere convertir el Consejo por la Paz en Consejo por la Guerra. De la permanente guerra del Ejecutivo contra las instituciones civiles.

    No es que a uno, a estas alturas del partido, le llame la atención, pero cabe destacar que aquellos que obedecen a pie juntillas todos los dictados del FMI, del Banco Mundial y del BID en lo que respecta a la economía peruana, no importa si los mismos sirven para empobrecer a los peruanos, ahora resultan patriotas defensores de la soberanía peruana ante las intenciones de la OEA de ordenar las cosas en casa en cuestiones de derechos humanos, justicia, democracia, libertad de expresión, etc. etc. El pagar la deuda externa y controlar la inflación es más importante que todo lo mencionado anteriormente.

    La flamante segunda vicepresidenta del Congreso, Marianela Monsalve, confesó recientemente, en reportaje que le hizo El Comercio, que debía su elección a ese cargo al re-represidente de la república. No otra cosa se deduce de que ella afirmara que fue Fujimori el que le dio la noticia de su "elección", seguramente antes de que ésta ocurriese en el Congreso.

    ¿Qué cosa siniestra está sucediendo en el país para que un oficial de la Marina de Guerra del Perú -esa misma de Grau-, un ex Capitán de Navío, se preste a intentar que un congresista de la oposición se pase al oficialismo, y que lo haga en nombre de Vladimiro Montesinos, se vea luego de que es descubierto obligado a admitirlo y publicar una ignominiosa carta en que admite todo y le pide perdón a este último por usar su nombre? ¿Qué se enseña en esa importante rama de nuestras Fuerzas Armadas que lleve a uno de sus ex integrantes a cometer un acto tan bochornoso? ¿La memoria de Grau sirve tan sólo para los discursos?

    ¡Qué buena la información que publicó El Comercio sobre los tránsfugas!, más parecía un prontuario. A las fotos de cada uno de ellos sólo les faltaba el número sobre el pecho.

    Los robos y asaltos a los locales de Perú Posible vienen ocurriendo como si nada. Es que en el Perú, poco a poco, nos estamos acostumbrando a todo y nada llama ya la atención. Pronto empezarán las detenciones y luego las desapariciones. Y nunca pasará nada.

    ¿Qué virus oficialista es ése tan poderoso y letal que carcome el entendimiento y la moral de personas como Jorge Trelles, ex belaundista y ex ministro nada menos que de Educación del presente régimen, que le hace llegar al extremo de justificar la publicidad que el gobierno -y por ende el Estado- coloca en los más repugnantes de los llamados talks-shows (ésos en que rebajan a la gente hasta el extremo de hacerla recibir dinero por lamer la axila a alguien), todo ello en razón del rating, según el ex ministro de Educación y hoy presidente de la Asociación de Radio y Televisión del Perú? ¿Ser oficialista puede conducir a tales extremos?


     

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