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24de Agosto de 2000 |
Por
AUGUSTO ELMORE |
NINGUN proyecto proveniente de la minoría prevalecerá,
ni será atendido. Esa es la conclusión que cualquiera, hasta
el más tonto, puede sacar de la declaraciones del último
de los tránsfugas, Waldo Ríos, quien afirma haberse salido
de las filas del Frente Independiente Moralizador, sin cuyo concurso jamás
hubiese sido elegido, porque le advirtieron de que ninguna de sus propuestas
sería aprobada si seguía en las filas de la oposición.
Eso es lo que se llama chantaje en cualquier parte del mundo.
Estamos, pues, ante la dictadura del Parlamento, sobre la que, a su vez,
pesa la dictadura del Ejecutivo, porque, finalmente, los congresistas
oficialistas sólo hacen lo que se les manda desde Palacio. Una
democracia ejemplar, que mucho me temo ni la OEA podrá encauzar.
El pobre tránsfuga Ríos, sin querer, ha dicho la verdad.
El celular se ha convertido en una pandemia, peor que la gripe. Suena
donde sea: en los cines, en los restaurantes, en el teatro, en medio de
una conferencia, en una clínica, en las iglesias durante la misa.
Incluso durante la última conferencia de prensa de Fujimori, cuando
éste estaba hablando, el celular del mismo Boloña recibió
dos llamadas (como las que hace el cartero, que siempre llama dos veces);
la segunda, tan urgente era aparentemente para anunciarle que ya llegaban
sus pizzas. Para dichos encargos estaban antes los ujieres o los ayudantes
que alcanzaban un papelito con el mensaje para el interesado sin que sonase
ninguna timbrada impertinente. No sé si será un disfuerzo
o un síntoma de algo, pero llevar un celular encendido a donde
sea, no importa cuán solemne sea la ocasión, no es definitivamente
una buena costumbre. Y, más claro, es una mala costumbre. Una malacrianza.
Una impertinencia, que me disculpe el sonriente ministro Boloña.
¡Los invitados que lleguen a mi casa, por favor apaguen su celular!
La adicta a la confrontación, señora Martha Chávez,
la semana pasada lanzó una de las suyas. Esta vez, apenas días
antes de que llegase la Misión de la OEA, dirigió su puntería
en contra de una de las pocas instituciones civiles que quedan en pie
y con vida (digo, es un decir), el Consejo Peruano por la Paz, que ella,
con su particular fanatismo oficialista, pretende sea conformado por representantes
del Ejecutivo. No del Estado, porque finalmente el Estado lo somos todos,
sino del Ejecutivo en particular. Eso quiere decir que la Chávez
quiere convertir el Consejo por la Paz en Consejo por la Guerra. De la
permanente guerra del Ejecutivo contra las instituciones civiles.
No es que a uno, a estas alturas del partido, le llame la atención,
pero cabe destacar que aquellos que obedecen a pie juntillas todos los
dictados del FMI, del Banco Mundial y del BID en lo que respecta a la
economía peruana, no importa si los mismos sirven para empobrecer
a los peruanos, ahora resultan patriotas defensores de la soberanía
peruana ante las intenciones de la OEA de ordenar las cosas en casa en
cuestiones de derechos humanos, justicia, democracia, libertad de expresión,
etc. etc. El pagar la deuda externa y controlar la inflación es
más importante que todo lo mencionado anteriormente.
La flamante segunda vicepresidenta del Congreso, Marianela Monsalve, confesó
recientemente, en reportaje que le hizo El Comercio, que debía
su elección a ese cargo al re-represidente de la república.
No otra cosa se deduce de que ella afirmara que fue Fujimori el que le
dio la noticia de su "elección", seguramente antes de que ésta
ocurriese en el Congreso.
¿Qué cosa siniestra está sucediendo en el país
para que un oficial de la Marina de Guerra del Perú -esa misma
de Grau-, un ex Capitán de Navío, se preste a intentar que
un congresista de la oposición se pase al oficialismo, y que lo
haga en nombre de Vladimiro Montesinos, se vea luego de que es descubierto
obligado a admitirlo y publicar una ignominiosa carta en que admite todo
y le pide perdón a este último por usar su nombre? ¿Qué
se enseña en esa importante rama de nuestras Fuerzas Armadas que
lleve a uno de sus ex integrantes a cometer un acto tan bochornoso? ¿La
memoria de Grau sirve tan sólo para los discursos?
¡Qué buena la información que publicó El Comercio
sobre los tránsfugas!, más parecía un prontuario.
A las fotos de cada uno de ellos sólo les faltaba el número
sobre el pecho.
Los robos y asaltos a los locales de Perú Posible vienen ocurriendo
como si nada. Es que en el Perú, poco a poco, nos estamos acostumbrando
a todo y nada llama ya la atención. Pronto empezarán las
detenciones y luego las desapariciones. Y nunca pasará nada.
¿Qué virus oficialista es ése tan poderoso y letal
que carcome el entendimiento y la moral de personas como Jorge Trelles,
ex belaundista y ex ministro nada menos que de Educación del presente
régimen, que le hace llegar al extremo de justificar la publicidad
que el gobierno -y por ende el Estado- coloca en los más repugnantes
de los llamados talks-shows (ésos en que rebajan a la gente hasta
el extremo de hacerla recibir dinero por lamer la axila a alguien), todo
ello en razón del rating, según el ex ministro de Educación
y hoy presidente de la Asociación de Radio y Televisión
del Perú? ¿Ser oficialista puede conducir a tales extremos?
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