Edición N† 1633

 

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    MAL MENOR
    24 de Agosto de 2000

    Por JAIME BEDOYA


    Encuentros con
    Hombres Notables

    2.1. Doctor Dante Yorgues: La Ciencia al Servicio de la Democracia

    HACE días que una malsana corriente de aire helado recorre el centro de Lima. Esa tarde, hora de almuerzo, volvía. No lo hacía sola. Con el usual aire extraviado del hombre absorto en inmensas preguntas celestes, el doctor Dante Yorgues, inventor de la Máscara Antigás Supereconómica, deambulaba frente a una pollería del pasaje Santa Rosa.
    Yorgues parecía mirar con interés una larga mesa de empleados que celebraba un cumpleaños entre eructos de pollo a la brasa. Yorgues auscultaba, medía, calculaba. Llevaba un maletín tipo James Bond.
    Los pormenores que diferencian al alucinado, al genio, del hombre común, son fuente de constante intriga. Leonardo Da Vinci vio una libélula e inventó el helicóptero. ¿Qué vería Yorgues en los restos de ensalada Pardo's, en un asolapado romance de oficina, en un escarbadientes impregnado de chimi churri aún tibio? Las preguntas se arremolinaban sin llegar a vencer el confort del inmovilismo. El Dr. Yorgues ya estaba fuera de vista. El cerebro, en su frénetico accionar, forjó una pregunta decisiva: ¿Llevaría en ese maletín este catedrático de fisiología, past president de la Federación Peruana de Atletismo, recordman de lanzamiento de jabalina1, su último invento aún no revelado a la población? El doctor Yorgues aceptó conversar convocado por la cordialidad de una gaseosa sin helar.


    En los países subdesarrollados el 25 % de la gente tiene vocación de esclavos, dijo Yorgues sin esperar pregunta. Explicaba su teoría según la cual los siquiatras asesores del régimen habían logrado atemorizar a la gente. La solución, según Yorgues, era combatir fuego con fuego. Palabras mayores de quien en pasadas elecciones municipales había hecho memorable su candidatura mediante un mural ya borrado de la cuadra 17 de la avenida Arequipa: Una gigantografía al duco del propio Yorgues escoltado por sus dos canes King y Gunthor. Los canes, mediante globitos tipo comic, eran los portavoces de su plataforma política2. Fino manejo de la publicidad sicosocial a la que nuestra gente es tan adepta.
    Abrió discretamente el maletín haciendo imposible ver su contenido. Extrajo unas fotocopias. Se trataba de un cuento sicosocial3, donde el narrador, D, no sabe cómo combatir la anomia que aqueja a una sociedad oprimida por la desinformación y el avasallasamiento de las libertades. D recibe una nota:

    "Soy la Libertad, la verdadera, pues la falsa está siendo presentada en los medios de comunicación ¡Necesito ayuda para escapar! ¡Anda hoy mismo a la Av. Abancay 650 a las 12 p.m. y tendrás un contacto! (...) caminé hacia Lince, quería matar el tiempo, comer y beber algo hasta que sea la hora, pero en el fondo lo que quería era comunicar mi hallazgo a otra persona. Habían muchas, pero no de confianza. ¿Estarían dispuestas a comprometerse en esta época que todos están abocados a sobrevivir o por lo menos mantenerse a flote? Decidí guardar mi secreto hasta después de la medianoche en que tendría el contacto. Comí 1/4 de pollo con papas en el Locotas, frente a Norkys. Estaba más barato, en Norkys tenía que pagar algo más por el Show Room. Me arrepentí, las papas de Locotas estaban duras como si hubieran sido refritas. (p.4)

    D se esconde en el baño de la Biblioteca Nacional. A las 12 se le aparece el autor de la nota, un gnomo llamado Señor Conocimiento, enfrascándose ambos en un diálogo político de raigambre clásica. Yorgues hizo una pausa para degustar su bebida gaseosa. Luego aseveró que el cuento había sido probado con éxito en una señora dueña de una heladería en la cuarta cuadra de José Leal. Lince.


    Dos iguanas y un zapallo hacen la génesis de la Máscara Yorgues. Las iguanas vivían en un terrarium en la oficina que Yorgues compartía con un amigo. Observó cómo el amigo antes de un largo viaje les había dejado el habitáculo lleno de zapallo. Al volver ambos lagartos habían finado, intoxicados por las emanaciones de la verdura. Donde hubiera sido humano ver sólo dolor ante la pérdida de mascotas queridas, Yorgues vio ciencia: el principio de la densidad atmosferica en acción.
    Este principio anidó en su siquis. El día que tuvo su primer contacto con gases lacrimógenos -una bomba rompió la ventana de Emergencias de la clínica donde laboraba- su instinto le hizo reaccionar: cogió una bolsa y se la puso en la cabeza.
    La última versión mejorada tiene una burbuja más resistente a los golpes y plástico opaco para evitar ser identificado por agentes de inteligencia4. Luego de fallida prueba en la que casi se ahoga, Yorgues cronometró 10 minutos de resistencia a tres tipos de bomba. Queda pendiente el tema de cómo enfrentar higiénicamente los nefastos efectos de una bomba vomitiva con la máscara puesta.
    Yorgues agita su bebida en sentido horario. Firme ante una sociedad desganada, oscilante entre un gobierno sin voluntad democrática y una oposición sin líderes convincentes, ensaya una reflexión.
    -En las republiquetas africanoides como el Perú, el voto sólo le debería ser dado a quien le interese la democracia.
    -¿Cómo hacer para que a la gente le interese?
    -Para eso está el gnomo.
    Sin soltar su maletín, con el mismo desdén benevolente con que antes veía a los comensales de la pollería, Yorgues concentra ahora su atención en un nuevo establecimiento comercial del Jirón Huallaga. Se trata del Dollar City, cuya peculiariedad es ofrecer surtida variedad de baratijas al precio uniforme de 1 dólar. La multitud se disputa un ganchito de pelo, un llavero luminoso, un babero de los Teletubbies. Yorgues observa. El Perú pronto tendrá su bomba atómica.

    1 64.80 metros.
    2 Gunthar, temible rottweiler, decía: "Celoso guardián de las arcas municipales".
    3 "Sueños de Libertad"
    4 Costo de fabricación: S/. 2.27 c/u. La idea era hacer 25 mil.


     

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