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24
de Agosto de 2000
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Por JAIME BEDOYA
Encuentros
con
Hombres Notables
2.1. Doctor Dante Yorgues: La Ciencia al Servicio de la Democracia
HACE
días que una malsana corriente de aire helado recorre el centro
de Lima. Esa tarde, hora de almuerzo, volvía. No lo hacía
sola. Con el usual aire extraviado del hombre absorto en inmensas preguntas
celestes, el doctor Dante Yorgues, inventor de la Máscara Antigás
Supereconómica, deambulaba frente a una pollería del pasaje
Santa Rosa.
Yorgues parecía mirar con interés una larga mesa de empleados
que celebraba un cumpleaños entre eructos de pollo a la brasa.
Yorgues auscultaba, medía, calculaba. Llevaba un maletín
tipo James Bond.
Los pormenores que diferencian al alucinado, al genio, del hombre común,
son fuente de constante intriga. Leonardo Da Vinci vio una libélula
e inventó el helicóptero. ¿Qué vería
Yorgues en los restos de ensalada Pardo's, en un asolapado romance de
oficina, en un escarbadientes impregnado de chimi churri aún tibio?
Las preguntas se arremolinaban sin llegar a vencer el confort del inmovilismo.
El Dr. Yorgues ya estaba fuera de vista. El cerebro, en su frénetico
accionar, forjó una pregunta decisiva: ¿Llevaría
en ese maletín este catedrático de fisiología, past
president de la Federación Peruana de Atletismo, recordman de lanzamiento
de jabalina1, su último invento aún no revelado a la población?
El doctor Yorgues aceptó conversar convocado por la cordialidad
de una gaseosa sin helar.
En los países subdesarrollados
el 25 % de la gente tiene vocación de esclavos, dijo Yorgues
sin esperar pregunta. Explicaba su teoría según la cual
los siquiatras asesores del régimen habían logrado atemorizar
a la gente. La solución, según Yorgues, era combatir fuego
con fuego. Palabras mayores de quien en pasadas elecciones municipales
había hecho memorable su candidatura mediante un mural ya borrado
de la cuadra 17 de la avenida Arequipa: Una gigantografía al duco
del propio Yorgues escoltado por sus dos canes King y Gunthor. Los canes,
mediante globitos tipo comic, eran los portavoces de su plataforma política2.
Fino manejo de la publicidad sicosocial a la que nuestra gente es tan
adepta.
Abrió discretamente el maletín haciendo imposible ver su
contenido. Extrajo unas fotocopias. Se trataba de un cuento sicosocial3,
donde el narrador, D, no sabe cómo combatir la anomia que aqueja
a una sociedad oprimida por la desinformación y el avasallasamiento
de las libertades. D recibe una nota:
"Soy la Libertad, la verdadera, pues la falsa está siendo
presentada en los medios de comunicación ¡Necesito ayuda
para escapar! ¡Anda hoy mismo a la Av. Abancay 650 a las 12 p.m.
y tendrás un contacto! (...) caminé hacia Lince, quería
matar el tiempo, comer y beber algo hasta que sea la hora, pero en el
fondo lo que quería era comunicar mi hallazgo a otra persona. Habían
muchas, pero no de confianza. ¿Estarían dispuestas a comprometerse
en esta época que todos están abocados a sobrevivir o por
lo menos mantenerse a flote? Decidí guardar mi secreto hasta después
de la medianoche en que tendría el contacto. Comí 1/4 de
pollo con papas en el Locotas, frente a Norkys. Estaba más barato,
en Norkys tenía que pagar algo más por el Show Room. Me
arrepentí, las papas de Locotas estaban duras como si hubieran
sido refritas. (p.4)
D se esconde en el baño de la Biblioteca Nacional. A las
12 se le aparece el autor de la nota, un gnomo llamado Señor
Conocimiento, enfrascándose ambos en un diálogo político
de raigambre clásica. Yorgues hizo una pausa para degustar su bebida
gaseosa. Luego aseveró que el cuento había sido probado
con éxito en una señora dueña de una heladería
en la cuarta cuadra de José Leal. Lince.
Dos iguanas y un zapallo hacen la génesis
de la Máscara Yorgues. Las iguanas vivían en un terrarium
en la oficina que Yorgues compartía con un amigo. Observó
cómo el amigo antes de un largo viaje les había dejado el
habitáculo lleno de zapallo. Al volver ambos lagartos habían
finado, intoxicados por las emanaciones de la verdura. Donde hubiera sido
humano ver sólo dolor ante la pérdida de mascotas queridas,
Yorgues vio ciencia: el principio de la densidad atmosferica en acción.
Este principio anidó en su siquis. El día que tuvo su primer
contacto con gases lacrimógenos -una bomba rompió la ventana
de Emergencias de la clínica donde laboraba- su instinto le hizo
reaccionar: cogió una bolsa y se la puso en la cabeza.
La última versión mejorada tiene una burbuja más
resistente a los golpes y plástico opaco para evitar ser identificado
por agentes de inteligencia4. Luego de fallida prueba en la que casi se
ahoga, Yorgues cronometró 10 minutos de resistencia a tres tipos
de bomba. Queda pendiente el tema de cómo enfrentar higiénicamente
los nefastos efectos de una bomba vomitiva con la máscara puesta.
Yorgues agita su bebida en sentido horario. Firme ante una sociedad desganada,
oscilante entre un gobierno sin voluntad democrática y una oposición
sin líderes convincentes, ensaya una reflexión.
-En las republiquetas africanoides como el Perú, el voto sólo
le debería ser dado a quien le interese la democracia.
-¿Cómo hacer para que a la gente le interese?
-Para eso está el gnomo.
Sin soltar su maletín, con el mismo desdén benevolente
con que antes veía a los comensales de la pollería, Yorgues
concentra ahora su atención en un nuevo establecimiento comercial
del Jirón Huallaga. Se trata del Dollar City, cuya peculiariedad
es ofrecer surtida variedad de baratijas al precio uniforme de 1 dólar.
La multitud se disputa un ganchito de pelo, un llavero luminoso, un babero
de los Teletubbies. Yorgues observa. El Perú pronto tendrá
su bomba atómica.
1 64.80 metros.
2 Gunthar, temible rottweiler, decía: "Celoso guardián de
las arcas municipales".
3 "Sueños de Libertad"
4 Costo de fabricación: S/. 2.27 c/u. La idea era hacer 25 mil.
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