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Edición N† 1634 |
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Anorexia
CUANDO Jimena de Osma terminó el quinto de media en el
colegio San Silvestre, en 1994, estaba resuelta a dos cosas: en el plano
profesional, estudiar alta cocina en los EE.UU., y en el personal, empezar
una dieta que la pusiera "regia". Lo primero se truncó porque la
compañera con la que había planeado el viaje desertó
a último momento. Lo segundo, que era un sueño compartido
por las chicas de su promoción, acabó convirtiéndose
en su peor pesadilla.
Empezó a usar ropa holgada con el doble fin de sentirse más
delgada aún y de que ello no despertara la preocupación
de sus familiares. Cuando se miraba al espejo, no veía que sus
costillas empezaban a asomar dramáticamente. Por el contrario,
veía una mujer con algunos kilitos de más. De hecho, la
anorexia nerviosa es una enfermedad que se caracteriza por el miedo intenso
a ganar peso y por una imagen distorsionada del propio cuerpo (dismorfofobia).
¿Qué sentías? -se le pregunta. Tenía hambre
y me provocaba comer, pero algo más fuerte que yo me lo impedía.
Sabía que tenía que subir de peso pero temía engordar,
pensaba que siendo gorda nadie me iba a querer. Sin embargo, tu vida giraba
alrededor de la comida... En las noches no podía dormir, me la
pasaba pensando en las calorías que consumía y en cuántos
ejercicios debía hacer para eliminarlas. Si soñaba que comía,
al día siguiente me embargaba un sentimiento de culpa terrible.
AMENAZA EN COLEGIOS En su tesis "Trastornos alimentarios en mujeres adolescentes escolares",
la psicóloga de la U. Católica Joan Hartley advierte que
casos como el de Jimena se pueden encontrar -en estado latente- en las
estudiantes de 4º y 5º año de secundaria tanto de colegios
clase A como estatales de Lima. Su encuesta realizada en 1999 a 261 alumnas,
arrojó que la mayor parte de ellas está insatisfecha con
su imagen corporal, padece trastornos alimentarios intermedios que son
inadvertidos por sus padres y que, además, invierten excesivas
energías síquicas en el tema del control de la alimentación.
Hartley usó dos variables (ver cuadro): una objetiva (el peso de
la alumna) y una subjetiva (la pregunta ¿cómo te ves a ti
misma?). Al cruzarlas, quedó sorprendida. No sólo las chicas
con sobrepeso veían sus rollitos, sino que incluso el 89 % de aquellas
con peso adecuado a su talla se apreciaban gorditas, y el 76 % de las
que tenían bajo peso también decían estar con kilos
demás. Pero eso no es todo. El 45.2 % de las que sufrían
de bajo peso severo también decían estar subidas de peso
y, por lo tanto, ansiaban ponerse a dieta.
Para la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (Aluba),
con sede en la Argentina y próxima a abrir una sucursal en el Perú,
un primer paso es capacitar a los maestros en la prevención y detección
temprana. Pero, ¿cómo descubrir a una anoréxica en
potencia? La primera luz de alerta -dicen- la dan las alumnas
que durante el recreo dejan intacta la lonchera argumentando que están
a dieta. O aquellas que durante la clase de educación física
realizan ejercicios o deportes intensa y compulsivamente con el único
fin de bajar de peso. También las perfeccionistas, alumnas estrella,
ejemplares, un tipo de personalidad que caracteriza a las anoréxicas.
Las que pasan horas conversando sobre "la dieta de moda". Y las que -esto
es más difícil de detectar- tienen conductas purgativas
como la del vómito provocado. Según los especialistas
de Aluba, los vómitos frecuentes producen un descenso del nivel
de potasio en la sangre deteriorando el esmalte dental, provocando la
caída de los dientes y hasta un paro cardíaco.
Pasarelas de modelaje, escuelas de danza y gimnasios son los lugares
más frecuentados por las anoréxicas. Los entrenadores de
los gimnasios ya las conocen. Ellas se embarcan en máquinas de
ejercicios, rutinas de aeróbicos o speening de 3 a 5 horas seguidas,
e incluso repiten el plato durante la noche. Actúan como autómatas
-dice un entrenador-, concentradas en el ejercicio y en el número
de calorías que aparecen en la pantalla de las máquinas.
Se detectan entre ellas y hacen competencias de resistencia. Pero si les
recomiendas que descansen, se irritan y te mandan al diablo. Y en
el baño de mujeres -cuentan testigos- son frecuentes las conversaciones
sobre las más audaces maneras de adelgazar. Entre ellas mismas
se recomiendan "neutralizantes de sabor" para perderle el gusto a las
comidas, laxantes, diuréticos y enemas para purgarse, así
como poderosos fármacos supresores del apetito y antidepresivos
que se venden en las farmacias sin prescripción médica.
PACIENTES IMPACIENTES En un salón del Instituto de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo
Noguchi, el jefe del departamento de niños y adolescentes, doctor
Rolando Pomalima, preside una sesión de terapia familiar. En el
primer semestre del 2000 cuarenta adolescentes fueron internadas por anorexia
nerviosa y bulimia. Según Pomalima, hasta ahora la ciencia no ha
logrado determinar las causas concretas de esta enfermedad. Pero hay factores
concurrentes: presión social, familias disfuncionales, desórdenes
de personalidad y factores genéticos y hereditarios que hacen que
el problema tenga que ser abordado desde una perspectiva multidisciplinaria.
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