Edición N† 1634

 

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    ARTICULO

    31 de Agosto de 2000

    Latorre
    Un buen negociador, pero la paciencia tiene límites.

    "Arbitrar entre gente y facilitar que hablen y negocien cosas ha sido parte normal de mi vida", dice Latorre.

    Entrevista SERGIO CARRASCO

    CUANDO el secretario general de la OEA César Gaviria le preguntó, tras su visita al Perú con el canciller canadiense Lloyd Axworthy, si estaba interesado en venir al Perú presidiendo la misión permanente de ese organismo, el entonces canciller dominicano Eduardo Latorre lo pensó, habló con su familia y recién respondió afirmativamente.
    No fue necesariamente una decisión complicada. De algún modo se trataba de repetir una vieja experiencia.
    Anteriormente radicó once años en Estados Unidos y, después, tres más en México. "Fui estudiante en los Estados Unidos, hice mi secundaria, equivalente de licenciatura, maestría y doctorado en ese país". Años después, de 1984 a 1987, se instaló en México como director ejecutivo del Grupo de Países Latinoamericanos y del Caribe Exportadores de Azúcar, lo que por cierto fue su primer cargo diplomático no obstante no ser funcionario de carrera. "Estuve tres años en esa misión de secretario ejecutivo. Básicamente de lo que se ocupa el organismo es de la política azucarera internacional".
    ¿Qué ha llevado a este ex canciller, a quien se le reconoce por haber sacado a su país del ostracismo internacional, a poner a prueba sus habilidades y también su prestigio? "Lo primero de todo es que soy un creyente firme en la democracia, creo que es la mejor manera de vivir en términos políticos en una sociedad. Tengo un sentimiento muy amplio de lo que significa democracia y creo que toda contribución que pueda hacer es para bien. Los 29 puntos de la agenda son una contribución importante. Definitivamente no agotan el tema de la democracia en el Perú ni mucho menos, pero son un paso muy importante y en la dirección correcta".
    El Perú, por lo demás, no es un país desconocido para Latorre. "Tenía una idea más o menos formada de la situación del país: estuve aquí en la asamblea general de la OEA (en junio de 1997) y evidentemente todos (los cancilleres) teníamos presente el caso peruano, y por supuesto en la asamblea general de Windsor, donde se tocó el tema de manera directa, también estuve (...) Vine en los '80, en los '90 evidentemente y en los '70 vine la primera vez. He venido como media docena de veces antes de esta vez".

    TIEMPO DE CAMBIOS

    Una vez montado en el caballo de la OEA, Latorre ha experimentado un natural corcoveo. "El cambio es fuerte. Yo tenía la tremenda preocupación no solamente de estar entregando un cargo de responsabilidad, sino de asumir a otro igual sin parada. Entregué formalmente la Cancillería el 17 de agosto y estuve aquí el 20. Y no es solamente el viaje que uno hace, es mudarse a otro país y se ha hecho de manera muy rápida. Sin embargo, me siento contento. Tengo aquí una semana y podemos decir que han habido avances importantes. Obviamente queda mucho, pero uno puede hablar con razonable optimismo".
    Por otra parte, hay distancias entre una y otra responsabilidad. "La gran diferencia es que en última instancia las decisiones de uno en la Cancillería son la responsabilidad prácticamente final del caso. Ahora mi función es relativamente auxiliar, es presentar las posibilidades para que los otros puedan tomar decisiones. Es diferente".
    Cita de cancilleres centroamericanos en Washington D.C. en abril de 1997. Eduardo Latorre, en el extremo izquierdo, y Eduardo Stein, penúltimo de la derecha, flanquean a la secretaria de Estado de EE.UU. Madeleine Albright cuando ninguno imaginaba el papel que les tocaría cumplir en relación al Perú.

    No obstante la diferencia, Latorre dice no sentirse incómodo. "Tengo más de un cuarto de siglo siendo principal ejecutivo, y arbitrar entre gente y facilitar que la gente hable y negocie cosas ha sido parte normal de mi vida. No lo siento tan extraño".
    Pero una cosa es dialogar en condiciones normales y otra en "una situación difícil, de polarización entre fuerzas", según propia definición. "Los inicios normalmente son difíciles, lo propio de este caso es ir por las cosas más sencillas, los procedimientos, la metodología, ponerse de acuerdo en las reglas fundamentales, una especie de tirar las líneas del tren para que después el tren pueda caminar. Estamos en la etapa de poner los rieles", dice al respecto. "Hay diferencias importantes en términos de las expectativas de cuánto tiempo debe durar la solución de cada uno de los 29 temas. Pero eventualmente se pondrán de acuerdo y llegarán a un consenso entre todos, o por lo menos la gran mayoría".
    -¿Si esto no sucediera, usted se sentiría muy decepcionado?
    -Lo importante es tratar de que la gente hable. En este caso uno puede llevar el caballo al agua pero no lo puede obligar a beber. Mi deber es hacer lo posible para que se facilite ese diálogo creador de compromisos, y que, de los acuerdos, haya resultados. Pero a fin de cuentas no depende de mí, depende estrictamente de los peruanos".
    Entre tanto, Latorre ya está buscando casa. "Mi esposa ha estado en eso. No hemos tomado una decisión todavía, pero tenemos que tomarla en esta semana". Al respecto, una consideración fundamental es la proximidad a la sede de la OEA. "En México fue muy importante (este criterio) porque la ciudad tiene un tráfico espantoso, entonces vivir cerca simplifica la vida enormemente". La búsqueda, por cierto, le ha permitido otra forma de acercamiento a la situación del país. "La ciudad se ve mucho más limpia de lo que era años atrás, el nivel de seguridad es muy diferente. Hubo una situación económica muy difícil, ahora hay mayor estabilidad económica. Evidentemente -como andamos buscando apartamento- nos damos cuenta que hay una sobreoferta lo cual quiere decir que hay una situación de contracción".
    La mudanza por lo demás no será tan complicada. Hace varios años que Latorre se desprendió de su biblioteca, por ejemplo. "Tomé una decisión hace casi 20 años, yo tenía una biblioteca de más o menos 2000 volúmenes y se la regalé al Instituto Tecnológico de Santo Domingo cuando yo era rector. Me quedé con unos 200 libros y después bajé considerablemente". Al desprendimiento se suma una cierta predisposición a moverse ligero de equipaje: virtud, en su caso, al parecer heredada de su paso por la Cancillería donde en promedio realizó 20 viajes al año. "Me he quedado nomás con libros de referencia y cosas de esa naturaleza. Vine con tres o cuatro más o menos orientados al caso que tengo entre manos, pero vinimos solamente con una maleta en la mano".
    Ministro Edgardo Mosqueira llega a la cita del martes 29. El conserje no es de Uganda aunque la realidad en discusión, a juicio de más de un observador, parezca africana.

    Y no espera la llegada de más equipaje. Ni siquiera sus palos de golf ("no los traje porque tengo que comprarme otros nuevos; los que tenía ya cumplieron su misión, se quedaron tecnológicamente atrasados"), deporte cuya práctica espera reanudar en algún momento en Lima. "Me gusta mucho pero no tenía el tiempo en la Cancillería y jugaba muy esporádicamente, con lo cual mi nivel de competencia bajó enormemente. Pero es un deporte que siempre practicaba con carácter social: jugaba siempre con unos amigos: lo que más disfrutaba eran los chistes y los traguitos con piqueo después de jugar. He pasado muy buenos ratos los fines de semana".
    No sólo esas reuniones ocasionales han sido interrumpidas. "Mi esposa está acá conmigo, pero se han quedado dos hijas universitarias que son mellizas. Están en la universidad en Santo Domingo, relativamente bastante avanzadas en sus estudios y es difícil mudarlas para acá. Los otros dos hijos son independientes y mi única nieta tiene tres años".
    Aunque, como dice, "ése es uno de los precios de mudarse fuera del país", Latorre espera ver a sus hijos y a su nieta por lo menos en diciembre, en Navidad. "Es lo único que tengo claro", dice, aunque espera "que me vengan a visitar mis hijas -la nieta no estoy seguro que venga- y otros familiares y amigos que son entrañables y estoy seguro que van a venir".


    Cuestión de Tiempo
    "Yo solicité que mi contrato fuera por seis meses porque creo que es un tiempo razonable", dice Latorre.

    OCHO días después de su llegada a Lima, en una austera oficina de la sede de la OEA, ubicada en San Isidro, el jefe de la misión permamente de ese organismo recibió a CARETAS y respondió a las preguntas planteadas -algunas de ellas en los extramuros del temario convenido- con invariables buen humor y firmeza, y también, por cierto, con asertos diplomáticos propios de su papel.
    -¿Con qué experiencia de su gestión como canciller compara usted esta nueva responsabilidad?
    -Esta gestión podría ser similar a las sesiones parlamentarias o encuentros de organismos multilaterales. Son mecanismos de comportamiento humano que toman más tiempo simple y llanamente. Hay que tener paciencia. A veces una palabra o una frase significa mucho para una parte y se pone difícil para la otra, es un proceso.
    -¿Tiene previsto cuánto puede durar cada etapa?
    -No. Creo que lo sabremos cuando haya un acuerdo sobre el cronograma. Es determinante. Hay cosas que van a tomar más tiempo que otras. Pero sin duda alguna la duración debe reflejar razonablemente el tiempo que se requiera para llegar a la solución de cualquiera de los temas.
    -¿El cronograma deberá surgir solamente de las dos partes o también es parte de su misión?
    -Tanto el gobierno como la oposición han presentado cronogramas. Han habido dos de parte de la oposición: uno nos lo entregaron el 20 de julio cuando estuve aquí en la primera visita, el segundo lo entregó el Gobierno el 7 de agosto, y el tercero lo entregó la oposición el 21 de agosto. También ha habido otros cronogramas que han entregado por ejemplo la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, que son igualmente valiosos. Pero si tomamos la vía de la facilitación, los dos cronogramas, el del 21 de agosto de la oposición y el del 8 de agosto del Gobierno, y los ponemos en términos de duración con relación a los 29 puntos planteados, se verá que 11 tienen menos de cien días de diferencia, 9 tienen de dos a cuatro meses de diferencia, dos o tres son los que tienen años de diferencia respecto a cuando deben terminarse. Aquí la facilitación sería permitir que en ese diálogo, primero, se den cuenta que las diferencias en la mayoría de los casos no son tan grandes en términos de tiempo; y, segundo, buscar un modo de que encuentren lo que sería razonable para resolver. No es un problema solamente de transacción en términos de tiempo, pero tiene que haber algo de eso, así como algo de realismo objetivo: de cuánto tiempo va a tomar hacer cada cosa.
    -La misión Axworthy-Gaviria habló de un plazo global de casi dos años, ¿su estadía en Lima podría prolongarse más allá de ese plazo?
    -Todo depende. Si las cosas van bien, si mi presencia contribuye a que las cosas vayan bien, yo estoy dispuesto a gastar el tiempo que sea necesario. Ahora, si no hay progreso, si tengo la sensación de que es difícil que haya progreso, no tiene sentido que me quede.
    -¿Y se ha fijado usted una fecha para tomar esa decisión?
    -Seis meses. Esta decisión la tomé antes de venir, yo solicité que mi contrato fuera por seis meses porque creo que es un tiempo razonable.
    -¿Esa fue su condición para venir?
    -No lo plantearía así, fue más bien una solicitud.
    -¿Formulada a partir de la lectura de la situación peruana?
    -Antes de ver. Simplemente en una circunstancia de promoción de un diálogo. Si hay un diálogo para eso es que estamos y qué bien. Pero si no hay diálogo, entonces ¿para qué voy a estar? El día de hoy me siento optimista.
    -¿Especialmente hoy (lunes 28)?
    -No, por los hechos de la semana pasada.
    -¿Y está usted muy expectante de lo que pudiera suceder el martes (29)?
    -Voy con razonable optimismo al diálogo, muchas veces se empantanan las cosas entre las partes y hay otras que clarifican situaciones. La primera parte del diálogo es la más difícil. (Sergio Carrasco).

     


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