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31 de Agosto de 2000 |
Por
FERNANDO ROSPIGLOSI |
Nuevo
Perjuicio
NO se sabe si Alberto Fujimori habrá negociado algo bajo
la mesa con el gobierno norteamericano, pero el nuevo juicio a Lori Berenson
va a tener un costo político que, en la situación precaria
en la que se encuentra, lo va a afectar fuertemente.
Las explicaciones que han dado Fujimori y sus auxiliares, los ministros
de Justicia y Relaciones Exteriores, son tan increíbles como ridículas.
Decir que eso muestra la autonomía de los tribunales militares,
sólo puede suscitar carcajadas y darle copioso material a humoristas
como Nicolás Yerovi.
Porque nadie tiene la más mínima duda que los sumisos jueces
militares, han acatado una orden de Vladimiro Montesinos para tomar esa
"autónoma" decisión, seguramente contraviniendo sus propias
opiniones, ya que es obvio que un nuevo proceso a la Berenson, implica
una desautorización a sí mismos.
Alberto Fujimori y sus asistentes han intentado justificar la decisión
aduciendo exquisiteces jurídicas, que un gobierno dictatorial como
éste jamás ha respetado. Y han contradicho centenares de
declaraciones del propio Fujimori y otros miembros del gobierno que, en
años anteriores, negaron enfáticamente la más mínima
posibilidad que se revisara la situación de Lori Berenson.
La verdad es que Berenson, cómo casi todos los que fueron juzgados
y sentenciados por tribunales militares, carecieron de las más
elementales garantías. Esos juicios fueron una farsa, con la sentencia
anticipada de antemano.
Lo cual no quiere decir, por cierto, que todos los acusados fueran inocentes.
El asunto es que a los inculpados no se les permitió el derecho
a la defensa y a un proceso imparcial.
En el caso de Berenson, hay pocas dudas de su culpabilidad, aunque también
es verdad que ella, como muchos otros, recibieron penas desproporcionadas
en relación al delito que cometieron.
Pero al gobierno le importan un comino todas esas consideraciones. La
decisión de procesar a Berenson en el fuero civil, es exclusivamente
política y está relacionada con el completo aislamiento
internacional en que se encuentra, y las presiones a las que está
sometido, sobre todo de parte de los Estados Unidos.
Con esa medida posiblemente pretenden aliviar esas presiones y mostrar
que están dando pasos positivos. Sin embargo, a estas alturas,
es poco probable que la maniobra cumpla su cometido.

En primer lugar, todo el mundo descubre ahora segundas intenciones en
cada acción del gobierno. Nadie cree que actúe de buena
fe.
Cualquier medida del gobierno no es tomada en serio hasta que tenga un
resultado concreto. En este caso, ya el Departamento de Estado de los
EE.UU. advirtió que los tribunales civiles que la juzgarán
no son independientes. Es decir, de inmediato se sospecha que todo podría
ser sólo un juego: pasarla del fuero militar al civil, que igual
la condenaría.
En segundo lugar, disposiciones como ésta empiezan a agrietar uno
de los más preciados títulos del gobierno, la inflexibilidad
en todos los terrenos, pero sobre todo con el terrorismo. Y no faltarán
quienes se lo echen en cara, como ya está haciendo Fernando Olivera,
que antes respaldaba al gobierno en esa postura intransigente.
Adicionalmente, varios gobiernistas han quedado descolocados y tímidamente
se han atrevido a manifestar su disconformidad. Eso es también
una novedad.
En tercer lugar, dará pie a que cobren fuerza demandas como la
de un nuevo juicio para los cuatro ciudadanos chilenos, cuya situación
es muy similar a la de Berenson, aunque Fujimori se empeñe en establecer
sutilísimas diferencias en las que nadie -ni él- cree.
En última instancia, lo que favorece a Berenson es el hecho de
ser ciudadana de un país poderoso y eso es una realidad flagrante.
En cuarto lugar, el tema de los chilenos trae aparejado el del retiro
de la competencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
Esa decisión del gobierno, por la que tuvo que pagar un precio,
ahora aparece como completamente absurda y le será cada vez más
difícil defenderla.
La verdad es que el gobierno se apartó de esa instancia para evitar
cumplir resoluciones de la CIDH sobre Baruch Ivcher, el Tribunal Constitucional
y otros casos, que ya se veían venir, usando como pretexto a los
chilenos. Ahora no tiene excusa alguna.
Lo peor de todo, para Fujimori y Montesinos, es que posiblemente el tiro
les salga por la culata nuevamente, como acaba de suceder con la denuncia
del tráfico de armas para las FARC. Es decir, lo que han hecho
les acarreará más perjuicios que beneficios.
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Email:frospig@amauta.rcp.net.pe
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