Edición Nº 1634

 

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    31 de Agosto de 2000

    El Lente Militante
    La mirada femenina del México posinsurgente: Fotografías de Tina Modotti en próxima muestra del Museo de la Nación.

    Assunta Adelaide Luigia Modotti (Udine, Italia, 1896): Obrera textil, actriz del Hollywood mudo, fotógrafa social, militante comunista. Amiga de Rivera y Siqueiros, cómplice de Frida Kahlo. Miembro de las Brigadas Internacionales durante la guerra Civil Española. Murió en México a los 46 años a causa de un ataque cardíaco (según los médicos) o eliminada por agentes estalinistas (según los periódicos). Por fin los peruanos tenemos una oportunidad para conocerla.

    Posando desnuda para E. Weston en su terraza. (México, 1924).Derecha,Tina en el balcón de su casa de Condesa, actualmente convertida en museo.

    ADEMAS de mentiroso, Diego Rivera era burlón. El famoso pintor y muralista mexicano apodaba a la Modotti "Mono con sueño" por su tendencia a quedarse dormida en el autobús, camino a la calle de Mesones, sede del Partido Comunista y de la redacción de El Machete, donde la fotógrafa italiana publicaba sus trabajos. También ironizaba sobre su frágil figura diciendo que Tina se había encogido la única vez que se bañó en agua caliente.
    Así era ella: bella y pequeña, de rostro expresivo y actitud tan modesta como su vestuario. Digamos que hacía todo lo posible por pasar inadvertida, aunque esta intención fuera imposible. En un México provinciano y cucufato, a pesar de su efervescente renacimiento artístico, Modotti, era tema de escándalo: vivía libre y apasionadamente sus relaciones, proclamaba su libertad y se dejaba enamorar por muchos artistas y políticos de su tiempo.

    La mujer como protagonista de la gesta popular: Tehuana cargando un niño desnudo (1929) y mujer de Tehuantepec (1928).


    Como parte del grupo de Orozco, Rivera y Siqueiros, ella pertenecía a un mundo proscrito por la burguesía, que consideraba el trabajo de los muralistas como una galería de indios feos, prietas mujeres trenzudas y sucia plebe pobre. Este interés por rescatar el pasado y reivindicar al indígena la contagió virulentamente. Los maestros mejicanos la integraron a la vida intelectual local y la consideraron provocadora musa, una distinción a la que ella supo corresponder. Modotti se sentía parte de aquella revolución social y estética, miembro activo de una cultura en ascenso que alfabetizaba sus campesinos, reconocía a los indígenas y recordaba su pasado.
    Tina hizo la reivindicación popular a su manera. Había llegado a México en 1923 y miró con ojos asombrados el paisaje y las gentes que lo habitaban: hombres bajo grandes sombreros y mujeres resistentes a la miseria. Sin duda, esta realidad le hizo recordar de inmediato su infancia en las agitadas calles de Udine. Confrontó ambas pobrezas y se reconoció en la realidad mexicana. Con el oficio aprendido de Edward Weston, su amante y maestro, la Modotti había escogido como tema para sus fotografías niños de la calle, madres amamantando o campesinos que luchan por tierra. Ella le regalaría al pueblo mejicano los símbolos de su revolución, convertidos ahora en lugares comunes: el maíz, la guitarra, la hoz y las cananas de balas.
    Tina, la militante, la disciplinada, la de inquebrantable voluntad. Tanto que renunció a su libertad artística en aras de su militancia por el Partido Comunista. Con el fanatismo de los convertidos, la Modotti se dedicó a participar en los cambios de un nuevo mundo que se anunciaba victorioso. Viajó a Rusia, luchó en España, regresó a México. Luchó por sus ideales y cosechó terribles enemigos. Pero esa es otra historia.
    En 1996, México celebró el centenario de la mujer que inventó los símbolos de su historia. Recién entonces restauraron una tumba humilde y abandonada, en la quinta sección del panteón de Dolores, en el DF. Se había cuarteado la lápida con su perfil cincelado y ya no resultaban claros los versos que le dedicara Pablo Neruda. Pero hoy pueden leerse limpias las palabras: "Tina Modotti, hermana, no duermes, no, no duermes; /tal vez tu corazón oye crecer la rosa/ de ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa..."
    La muestra que prepara la embajada mejicana en Lima llegará a nuestras costas para que nosotros podamos descubrirla. Una nueva mirada, Fotografías de Tina Modotti, se podrá ver colgada desde el 21 de setiembre en el Museo de la Nación. (Enrique Planas).

    Recuerdo de su fugaz paso por Hollywood: rodaje de The Tiger's coat (1920). Derecha, Las imágenes de Modotti nos llegan ahora como clásicos íconos del México revolucionario: Guitarra, canana y hoz (1927) y Manos de obrero con pala (1926).

     

     


     

    Mónica Sánchez: aprendiendo a ver a través de los ojos de la fotógrafa italiana. "Sueño de una tarde dominical", se presenta en la Alianza Francesa.

    En la Piel de Tina

    La presencia de Tina Modotti en el escenario. Mónica Sánchez la interpreta.

    "Mi primer encuentro con su imagen fueron sus ojos. Me fascinó su mirada. Sensual, fuerte, con una cierta nostalgia. De hecho, Tina fue una irrupción en mi vida. Ella es de esos escasos seres que pueden poner su vida, vocación y sentimientos a favor de una causa. Fue una mujer con muchas vidas, que incluso llegó a ser espía. Imagino que una vida así debió ser muy difícil de sobrellevar, debió guardar mucho dolor oculto. Incluso sus amigos más cercanos no llegaron a conocer gran parte de sus secretos, de su compleja profundidad.
    Ciertamente, en la obra "Sueño de una tarde dominical", el personaje de Tina está de visita. Pero se ha revelado tan interesante que la dramaturga Maritza Núñez, tiene la intención de trabajar conmigo una obra dedicada especialmente a ella. Por supuesto que se lo merece. Fotógrafa y modelo, comunista y frívola, sensual y frágil. Tina Modotti supo llevar tan bien los pantalones como las faldas, y lo mejor de todo: nunca perdió el glamour...".

     



    La retórica política de los setentas contaminando de absurdos la vida conyugal.

    Pareja Pareja

    Correcta lectura del maestro Fo en "Pareja Abierta".

    VIVIMOS la cultura del espectáculo. Un tiempo donde el peso de las formas sirve para disfrazar la ausencia de las ideas. Por ello, resulta refrescante ver una obra cuya ambición consiste en ir contra la corriente: reducir el espacio, sacrificar lo accesorio y plantear la ilusión de la comunicación directa con el público. La calculada sencillez de "Pareja abierta" una comedia menor del Premio Nobel, dramaturgo, actor y mimo italiano Dario Fo, ha sido inteligentemente captada por Littman "Pipo" Gallo, quien actualmente la dirige en la sala del Centro Cultural PUCP.
    Su sencillez es aparente. Pareja Abierta funciona gracias a dos elementos clave: el primero, una intensa interpretación actoral (Hay quienes dicen que las obras de Fo sólo pueden ser puestas por él mismo y su esposa Franca Rame). El segundo, por la radical forma en que el montaje debe romper con la cuarta pared, esa construcción imaginaria que separa al actor del público. En la obra de Fo estos elementos dependen de su actitud política. Lejos de cualquier intelectualismo, su teatro hace posible abrir nuevos espacios teatrales dirigidos a todo espectador.
    La dramaturgia del Nobel italiano ha bebido de sus muchísimas experiencias y su notable capacidad de observación. Pareja Abierta no es la excepción: en la historia de un hombre que quiere sacar los pies del plato clamando por la libertad sexual aparece la retórica política convirtiendo en un absurdo la vida conyugal.
    Elena Romero ha entendido al director. Sabe que esta obra está escrita especialmente para una mujer, y carga con acierto con la responsabilidad. La podemos creer loca, histérica, desesperada con la misma intensidad que su posterior conversión en mujer satisfecha, relajada tras descubrir otros espacios y hombres. Y junto a ella, Carlos Mesta acepta su rol. Es el hombre que responde, que cree llevar la acción pero que al final sólo existe en función de la mujer. Quizás su personaje fue pensado originalmente con mayor desparpajo y desvergüenza, pero la caracterización de Mesta funciona en su personal registro. Y Rodrigo Benza, hijo de la pareja, responde con la ironía de su guitarra al absurdo familiar. "Pipo" Gallo comienza a perfilarse como un serio director especializado en la comedia. Con Fo, las posibilidades son casi ilimitadas. (Enrique Planas).



    Ganadores empatados: Marco Antonio Vergaray y Juan Raúl Machaca. Distintas formas de entender la acuarela.


    Acuarela, Siempre Arequipeña

    Quizás se deba al poder de su paisaje, tal vez al peso de su tradición. Lo cierto es que los arequipeños arrasan con cuanto concurso dedicado a la acuarela se organice. El Salón organizado por el ICPNA no es la excepción: El jurado decidió dividir el primer y único premio entre los mistianos Marco Antonio Vergaray por sus placenteras Tardes del Tío Chico, y Juan Raúl Machaca, quien sorprendió a todos con Sín titulo, donde dos pescados, con una sorprendida y abierta mirada, reposan sobre el papel periódico que los envuelve como soporte pictórico. Los dos mil dólares del premio serán entregados hoy jueves en la galería Juan Pardo Heeren del Icpna de Lima (Cusco 446).



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