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31
de Agosto de 2000
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El Lente Militante
La mirada femenina del México posinsurgente: Fotografías
de Tina Modotti en próxima muestra del Museo de la Nación.
Assunta Adelaide
Luigia Modotti (Udine, Italia, 1896): Obrera textil, actriz del Hollywood
mudo, fotógrafa social, militante comunista. Amiga de Rivera y
Siqueiros, cómplice de Frida Kahlo. Miembro de las Brigadas Internacionales
durante la guerra Civil Española. Murió en México
a los 46 años a causa de un ataque cardíaco (según
los médicos) o eliminada por agentes estalinistas (según
los periódicos). Por fin los peruanos tenemos una oportunidad para
conocerla.
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Posando
desnuda para E. Weston en su terraza. (México, 1924).Derecha,Tina
en el balcón de su casa de Condesa, actualmente convertida
en museo.
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ADEMAS de mentiroso, Diego Rivera era burlón. El famoso
pintor y muralista mexicano apodaba a la Modotti "Mono con sueño"
por su tendencia a quedarse dormida en el autobús, camino a la
calle de Mesones, sede del Partido Comunista y de la redacción
de El Machete, donde la fotógrafa italiana publicaba sus trabajos.
También ironizaba sobre su frágil figura diciendo que Tina
se había encogido la única vez que se bañó
en agua caliente.
Así era ella: bella y pequeña, de rostro expresivo y actitud
tan modesta como su vestuario. Digamos que hacía todo lo posible
por pasar inadvertida, aunque esta intención fuera imposible. En
un México provinciano y cucufato, a pesar de su efervescente renacimiento
artístico, Modotti, era tema de escándalo: vivía
libre y apasionadamente sus relaciones, proclamaba su libertad y se dejaba
enamorar por muchos artistas y políticos de su tiempo.
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La
mujer como protagonista de la gesta popular: Tehuana cargando un
niño desnudo (1929) y mujer de Tehuantepec (1928).
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Como parte del grupo de Orozco, Rivera y Siqueiros, ella pertenecía
a un mundo proscrito por la burguesía, que consideraba el trabajo
de los muralistas como una galería de indios feos, prietas mujeres
trenzudas y sucia plebe pobre. Este interés por rescatar el pasado
y reivindicar al indígena la contagió virulentamente. Los
maestros mejicanos la integraron a la vida intelectual local y la consideraron
provocadora musa, una distinción a la que ella supo corresponder.
Modotti se sentía parte de aquella revolución social y estética,
miembro activo de una cultura en ascenso que alfabetizaba sus campesinos,
reconocía a los indígenas y recordaba su pasado.
Tina hizo la reivindicación popular a su manera. Había llegado
a México en 1923 y miró con ojos asombrados el paisaje y
las gentes que lo habitaban: hombres bajo grandes sombreros y mujeres
resistentes a la miseria. Sin duda, esta realidad le hizo recordar de
inmediato su infancia en las agitadas calles de Udine. Confrontó
ambas pobrezas y se reconoció en la realidad mexicana. Con el oficio
aprendido de Edward Weston, su amante y maestro, la Modotti había
escogido como tema para sus fotografías niños de la calle,
madres amamantando o campesinos que luchan por tierra. Ella le regalaría
al pueblo mejicano los símbolos de su revolución, convertidos
ahora en lugares comunes: el maíz, la guitarra, la hoz y las cananas
de balas.
Tina, la militante, la disciplinada, la de inquebrantable voluntad. Tanto
que renunció a su libertad artística en aras de su militancia
por el Partido Comunista. Con el fanatismo de los convertidos, la Modotti
se dedicó a participar en los cambios de un nuevo mundo que se
anunciaba victorioso. Viajó a Rusia, luchó en España,
regresó a México. Luchó por sus ideales y cosechó
terribles enemigos. Pero esa es otra historia.
En 1996, México celebró el centenario de la mujer que inventó
los símbolos de su historia. Recién entonces restauraron
una tumba humilde y abandonada, en la quinta sección del panteón
de Dolores, en el DF. Se había cuarteado la lápida con su
perfil cincelado y ya no resultaban claros los versos que le dedicara
Pablo Neruda. Pero hoy pueden leerse limpias las palabras: "Tina Modotti,
hermana, no duermes, no, no duermes; /tal vez tu corazón oye crecer
la rosa/ de ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa..."
La muestra que prepara la embajada mejicana en Lima llegará a nuestras
costas para que nosotros podamos descubrirla. Una nueva mirada, Fotografías
de Tina Modotti, se podrá ver colgada desde el 21 de setiembre
en el Museo de la Nación. (Enrique Planas).
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Mónica
Sánchez: aprendiendo a ver a través de los ojos de
la fotógrafa italiana. "Sueño de una tarde dominical",
se presenta en la Alianza Francesa.
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En la Piel de Tina
La presencia de Tina Modotti en el escenario. Mónica Sánchez
la interpreta.
"Mi primer encuentro con su imagen fueron sus ojos. Me fascinó
su mirada. Sensual, fuerte, con una cierta nostalgia. De hecho, Tina fue
una irrupción en mi vida. Ella es de esos escasos seres que pueden
poner su vida, vocación y sentimientos a favor de una causa. Fue
una mujer con muchas vidas, que incluso llegó a ser espía.
Imagino que una vida así debió ser muy difícil de
sobrellevar, debió guardar mucho dolor oculto. Incluso sus amigos
más cercanos no llegaron a conocer gran parte de sus secretos,
de su compleja profundidad.
Ciertamente, en la obra "Sueño de una tarde dominical", el personaje
de Tina está de visita. Pero se ha revelado tan interesante que
la dramaturga Maritza Núñez, tiene la intención de
trabajar conmigo una obra dedicada especialmente a ella. Por supuesto
que se lo merece. Fotógrafa y modelo, comunista y frívola,
sensual y frágil. Tina Modotti supo llevar tan bien los pantalones
como las faldas, y lo mejor de todo: nunca perdió el glamour...".
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La
retórica política de los setentas contaminando de
absurdos la vida conyugal.
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Pareja Pareja
Correcta lectura del maestro Fo en "Pareja Abierta".
VIVIMOS la cultura del espectáculo. Un tiempo donde el
peso de las formas sirve para disfrazar la ausencia de las ideas. Por
ello, resulta refrescante ver una obra cuya ambición consiste en
ir contra la corriente: reducir el espacio, sacrificar lo accesorio y
plantear la ilusión de la comunicación directa con el público.
La calculada sencillez de "Pareja abierta" una comedia menor del Premio
Nobel, dramaturgo, actor y mimo italiano Dario Fo, ha sido inteligentemente
captada por Littman "Pipo" Gallo, quien actualmente la dirige en la sala
del Centro Cultural PUCP.
Su sencillez es aparente. Pareja Abierta funciona gracias a dos elementos
clave: el primero, una intensa interpretación actoral (Hay quienes
dicen que las obras de Fo sólo pueden ser puestas por él
mismo y su esposa Franca Rame). El segundo, por la radical forma en que
el montaje debe romper con la cuarta pared, esa construcción imaginaria
que separa al actor del público. En la obra de Fo estos elementos
dependen de su actitud política. Lejos de cualquier intelectualismo,
su teatro hace posible abrir nuevos espacios teatrales dirigidos a todo
espectador.
La dramaturgia del Nobel italiano ha bebido de sus muchísimas experiencias
y su notable capacidad de observación. Pareja Abierta no es la
excepción: en la historia de un hombre que quiere sacar los pies
del plato clamando por la libertad sexual aparece la retórica política
convirtiendo en un absurdo la vida conyugal.
Elena Romero ha entendido al director. Sabe que esta obra está
escrita especialmente para una mujer, y carga con acierto con la responsabilidad.
La podemos creer loca, histérica, desesperada con la misma intensidad
que su posterior conversión en mujer satisfecha, relajada tras
descubrir otros espacios y hombres. Y junto a ella, Carlos Mesta acepta
su rol. Es el hombre que responde, que cree llevar la acción pero
que al final sólo existe en función de la mujer. Quizás
su personaje fue pensado originalmente con mayor desparpajo y desvergüenza,
pero la caracterización de Mesta funciona en su personal registro.
Y Rodrigo Benza, hijo de la pareja, responde con la ironía de su
guitarra al absurdo familiar. "Pipo" Gallo comienza a perfilarse como
un serio director especializado en la comedia. Con Fo, las posibilidades
son casi ilimitadas. (Enrique Planas).
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Ganadores
empatados: Marco Antonio Vergaray y Juan Raúl Machaca. Distintas
formas de entender la acuarela.
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Acuarela, Siempre Arequipeña
Quizás
se deba al poder de su paisaje, tal vez al peso de su tradición.
Lo cierto es que los arequipeños arrasan con cuanto concurso dedicado
a la acuarela se organice. El Salón organizado por el ICPNA no
es la excepción: El jurado decidió dividir el primer y único
premio entre los mistianos Marco Antonio Vergaray por sus placenteras
Tardes del Tío Chico, y Juan Raúl Machaca, quien sorprendió
a todos con Sín titulo, donde dos pescados, con una sorprendida
y abierta mirada, reposan sobre el papel periódico que los envuelve
como soporte pictórico. Los dos mil dólares del premio serán
entregados hoy jueves en la galería Juan Pardo Heeren del Icpna
de Lima (Cusco 446).
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