Edición Nº 1637

 

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    22 de Setiembre de 2000

    Por LORENA TUDELA LOVEDAY
    Pucha, Gracias Por Los Servicios Prestados

    BUENO, don Innombrable, muy caballero, gentil, gentleman, elegante, cortés y refinado su gesto, pero pucha, acá estoy esperando a que se retire para cerrarle la puerta, misma Jessikah’s Jesseniah’s, no sé si me entiende, y por si no le queda claro que es hora que la visita se vaya a su casita a hacer tuto, revise detrás de la puerta para que vea cómo está puesta no solamente la escoba sino el escobillón, el plumero, el trapeador y si en caso le quedara corto, pucha, la aspiradora, la tostadora y hasta el balón de oxígeno de la pobre tiíta Victoria.

    Pero eso sí, mi estimado Chinete Jaladete, necesito que antes de que se retire, o sea, a esta su humilde servidora le aclare algunas dudas, que son ahora o nunca... porque como —según lo ha prometido— usted va a replegarse y ¡NO APARECERÁ MÁS EN LA ESCENA POLÍTICA!!!!!!!!! Una de esas preguntas que tendrá usted a bien contestarme, es ¿por qué me escogió a Martucha, ag, de piquichona titular, habiendo en el mundo tanta feucha, patizamba, escasa, poticaída, cintura de cilindro, obsecada, fanática, monga y necia, encantada de hacer el numerito? Dígame, Su Excelencia, ¿no pudo tomarse un poquito más de tiempo y buscarse a una de mejor perfil (y frente, costado, dorso, arriba, abajo y laterales)? Sincérese, ¿ha sido con ese mismo descuido con que usted ha derrotado a la subversión y controlado la inflación? Díga nomás con toda franqueza, porque si la respuesta es positiva, pucha, mañana tenemos al camarada Hueverto haciéndonos el servicio de apagarnos las luces y a nosotros comprando una caja de velas a ochocientos dólares en oferta, qué le puedo decir.

    Y ahora, please, contésteme a otra: ¿quién le sugirió a Gramputín Montesinos que se peinara de esa manera, por el amor de Dios? ¿No habrá sido el general Hermoza, digo yo, en un arranque es oñoñoyería sin compasión? Porque otra explicación —me va usted a disculpar— no se me viene a la mente. En cambio, no se haga demasiadas bolas en darme explicaciones sobre Pancho, mi querida autoridad máxima, tampoco es que yo me corte las venas por mi primo. Primero, o sea, él siempre fue lambiscón y muy dado a la pachanga —no a la tecnocumbia, ciertamente, ese ritmo es de ahora, de la cholada en el poder—, sí al merengue de antes y hasta a la rumba. Yo recuerdo haberlo encontrado con las muchachas en esa parte de la casa de la abuela Ana Matilde, tratando de dar unos pasos de El Manicero que se lo juro, Presidente, si usted lo veía con los bobos en las mangas de la piyama tirando morongote con la morena Zelmira, mientras se le zangoloteaban las tetangas (porque siempre las tuvo, eso sí) pucha, me lo ponía a la cabeza de la Escuela Nacional de Folklore, en lugar de la Cancillería, pero bueno, ya pasó.

    Una vez que yo haya quedado satisfecha con las respuestas a las anteriores interrogantes -¡Y ANTES DE QUE SE VAYA, COMO LE RECUERDO QUE YA LO HIZO PÚBLICO EL SÁBADO POR LA NOCHE Y USTED ES UN CABALLERO DE PALABRA, EN CHINO, PERO PALABRA AL FIN!!!!!- hágame el favor de decirme por qué ha persistido tres veces con Carlos Boloña, o es que a usted no le importa la demolición de la poesía? Por lo que más quiera, presi, pónganse en mi caso, imagínese que en lugar de poemas occidentales, estoy leyéndole un Hai Ku y luego dígame si lo habría ratificado a Carlos como Ministro de algo. Este poema me lo mandó cuando no me dejaba en paz ni medio minuto, por el año ’85; el muy zampatortas usaba todo el día tirantes floreados y la cintura de los pantalones le servía de pechera. El poema está dedicado al amor (¡¡¡¡) y dice así:

    Cuando veo la inflación subiendo y mi pasión también,/ Pienso, ¿tendrán alguna relación la macroeconomía y el corazón?

    Si fuera así, una universidad, una pizzería, un colegio, cuánto negocio

    podré tener,

    Porque al amor y a los bisnes me puedo dedicar también.

    En fin, Presidente, yo me imagino que diez (y ni uno más) años en el poder a usted le habrán mejorado en algo el gusto, así que ya sabe, sobre el poema, en fin, no digo más. Pero antes de irme (aunque en realidad QUIEN SE VA ES USTED, NO SE ME CONFUNDA), una última preguntita: ¿qué día exactamente, y a qué ahora se va a retirar? Si quiere, pucha, yo le cargo la maleta, lo llevo al aeropuerto, le chequeo el pasaje y le hago chau, chau con la manito hasta que el avión se pierda en el horizonte. Chau, chau. (Rafo León).


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