Edición Nº 1637

 

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    22 de Setiembre de 2000
    Por FERNANDO ROSPIGLOSI


    Un Bluff

    LOS incautos que llamaron a respaldar la "valiente decisión del Presidente", se quedaron pasmados el martes cuando Alberto Fujimori, visiblemente perturbado y rodeado de varios acólitos, defendió a Vladimiro Montesinos, lo cubrió de elogios y sostuvo muy suelto de huesos que el jefe real de los servicios de inteligencia estaba en manos de la justicia que es autónoma.

    La surrealista conferencia de prensa muestra que esta gente ha perdido completamente el sentido de la realidad. Suponer que luego de los sucesivos escándalos del tráfico de armas a las FARC, la difusión del video de la compra de un tránsfuga y la aceptación de nuevas elecciones, todo puede seguir como antes, es un desvarío superlativo.

    Los anuncios de Fujimori son producto de su negociación con Montesinos y la cúpula militar la madrugada del martes, y reflejan que llegaron a varios acuerdos. Pero revela, además, que Montesinos y sus secuaces siguen controlando la situación.

    El solo hecho que sea Fujimori el que tuvo que acudir al Pentagonito, y no la cúpula a Palacio, muestra dónde está el poder real.

    Si realmente Fujimori tuviera el poder y la voluntad de producir un cambio, habría destituido y encarcelado a Montesinos, y despedido a la corrompida cúpula militar que el ex capitán puso en ese lugar.

    Pero ha sucedido lo contrario. La cúpula y Montesinos siguen en sus cargos y Fujimori anuncia que se va el próximo año, en un proceso que ellos controlarían de cabo a rabo, con sus reglas, sus organismos y, por supuesto, su propio fraude. Si es que se realizan esas elecciones. Porque a estas alturas, a nadie extrañaría que el próximo año vuelvan a cambiar de opinión.

    En realidad, es una situación insostenible y augura un desenlace dramático. Porque a despecho de los cándidos –abundantes en la clase política y los medios de comunicación–, que no tardarán en sostener que esa no es la mejor salida, pero que hay que adaptarse, lo que va a ocurrir es un proceso de descomposición acelerado.


    La economía, en una severa recesión que se prolonga ya por dos años, se va a deteriorar a niveles insoportables. Nadie va a invertir ni arriesgar un centavo en un país con un futuro plagado de incertidumbre y desasosiego
    .
    El descontento y la protesta de una población burlada por enésima vez y aguijoneada por el hambre, no va a cesar, alimentando a su vez la sensación de desbarajuste.Y es posible que la comunidad internacional se convenza que esto no va a ninguna parte si Montesinos y sus socios se mantienen en el poder.

    De hecho, todo indica que la renuncia de Fujimori el sábado pasado, tuvo como motivación central la implicación de Montesinos y la cúpula militar en el tráfico de armas a las FARC colombianas.

    Eso habría hecho perder al ex capitán el respaldo de sus patronos, la CIA norteamericana, que se habrían vuelto contra él, como ocurrió en 1989 con Manuel Antonio Noriega en Panamá.

    Si esto es así, Montesinos y sus cómplices en la cúpula militar están en una situación absolutamente precaria.

    Es verdad que cuentan con la fuerza militar, con el control del Ejército. Pero ese poder es frágil, porque ellos se imponen sobre las instituciones castrenses gracias a los mecanismos de miedo, chantaje y soplonaje instaurados por Montesinos y el Servicio de Inteligencia Nacional. Pero no hay un respaldo de convicción, nacido del respeto a jefes capaces y decentes.

    Todos saben que se trata de mandos politizados, ineptos y corrompidos.

    En esta situación, no parece haber manera que los propósitos de Montesinos y su camarilla se materialicen. Su amenaza de un golpe que instale a un uniformado en Palacio, es solamente un bluff, una fanfarronada que puede asustar a primitivos como Fujimori, pero que no tiene ninguna viabilidad.

     Sin la posibilidad de un golpe, la cúpula castrense no tiene amenazas creíbles. Sus posibilidades de maniobra son muy estrechas, aunque traten de hacer creer lo contrario al país.

     Por eso sería un craso error asustarse y retroceder ahora, o entramparse en discusiones extravagantes e inconducentes sobre reformas constitucionales o cambios legales. Hay que empujar hacia adelante hasta terminar de derribar a un régimen irreformable, y reemplazarlo con un gobierno de transición. Esa es la solución más rápida y menos costosa para el país.

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    Email:frospig@amauta.rcp.net.pe

     

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