Edición Nº 1637

 

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    MAL MENOR
    22 de Setiembre de 2000

    Por JAIME BEDOYA

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    ESTA crisis tiene un responsable. Es aquel que durante años defendió y dependió de los métodos criminales de un asesor tenebroso como soporte de un gobierno amoral. Lindas las carreteras, hermosa la inversión extranjera, un asco la sociedad donde la honradez es un déficit de ambición y la corrupción un error humano de sanción negociable.

    Los que piden la canonización democrática de Alberto Fujimori por tomar el único gesto que le quedaba al verse acorralado, ofenden la ya exacerbada dignidad de un país que ha quedado, además de quebrado, en escombros morales1.

    A esto hemos llegado debido a que ya sea por falta de carácter, o por compromisos mayores debidamente registrados en V.H.S., Fujimori nutrió y engordó a Montesinos. Alguien a quien, de paso, nadie eligió para ningún cargo.

    Es patético que la viabilidad del país haya quedado reducida al Banco de Datos (Kouri dixit) del SIN. Ahora el ancla es barco y el barco se hunde con los pasajeros a bordo. Si ya la descomposición había encumbrado a la baja estofa como paradigma del éxito, y el pragmatismo más inescrupuloso había quedado erigido en virtud maestra de estos tiempos, este último estado de cosas acaba dinamitando la dignidad nacional. No es casualidad que tres destacados representantes de esta metástasis —dos hijitos de papá y un don nadie en venta— hayan propiciado el desbarranque de un tren fantasma cuyo cinismo aún resopla fuerte.

    A Beto Kouri le di la mano la noche del 9 de abril. Poco menos de un mes después esa misma mano suya recibía el fajo de billetes de Montesinos. La mía, una dosis urgente de jabón carbólico. La historia fue así: Kouri se había aparecido por CARETAS en abril del ’99 sin que nadie lo llamara. Pretendía fungir de intermediario para evitar la publicación de un caso. Una de las partes, bastante más poderosa que la otra, amenazaba con aplastar a su rival a cualquier precio. Esto se confirmó con la aparición de un sujeto chabacano y petulante como intermediario2.

    Para desgracia de Kouri y salvaguarda del periodismo, Teresina Muñoz-Nájar estaba a cargo de este tema. Kouri fue directo: "No publiques esto. Pídeme lo que quieras. Piensa en tu futuro". Ella le tiró el teléfono.

    Kouri tuvo el desparpajo de regresar. Frente a quienes suponía representar le hice saber lo inaceptable de su comportamiento. Su cara de palo fue la misma ya inmortalizada. Luego se acercó. Teresina me ha malentendido, dijo. Contó una historia que involucraba a otros miembros de su familia en la que le habían donado sangre a no recuerdo quién y hacía notar el carácter utilitario de ese gesto humanitario. "Una inversión", como diría luego en el video con Montesinos. Sacó una tarjeta personal. Mira, Alex es mi hermano y va a ser Presidente, todo es cuestión de ayudarnos. Escribió una disculpa dirigida a Teresina. La tarjeta llegó a su destinataria. Acabó en un tacho.

    La tarde del 9 de abril del 2000 lo encontré en la terraza del Hotel Sheraton. Las primeras proyecciones televisivas daban como ganador a Toledo en la primera vuelta y había un ánimo de triunfo. En el arca de Noé habían cucarachas, pensé, y le di la mano al virtualmente electo congresista de Perú Posible.

    —Lo logramos, decía él.

    —Cuidado, le advertí, éstos aún son capaces de cualquier cosa.

    —Son los idus de marzo, sentenció con profundidad.

    En una muestra de concha exquisita, sospechosa de paporreta, Kouri citaba a Shakespeare. La cita alude a la advertencia hecha a Julio César de que sería traicionado. Kouri soltó la frase, miró al vacío y partió rumbo a la suite de Alejandro, su líder. Lo lamento, no hay video.

    En estos días Teresina ha estado buscando desesperadamente la tarjeta de Kouri que echara a la basura. El Museo del Transfuguismo ha perdido su primera pieza.

    Se pide mesura, pero ésta no puede confundirse con impunidad. El 9 de abril se hizo del voto una tomadura de pelo y del aferrarse al poder una cuestión de estado3. Muchos que entonces acataron de oficio y beneficio la consigna de ocultar información y destrozar honras ahora se han convertido a la oposición instantánea y hablan de nuevos aires de verdad y libertad. Por la tersura con que brillan ciertos porcinos pellejos, la vergüenza ajena parecería mayor que la propia.

    No sólo se trata de cambiar un régimen, o a algunas personas que viven de él, sino de revertir la amoralidad que ellos representan. Sin una moral pública la reconstrucción será imposible, pues no se trata de reemplazar un sistema corrupto ajeno por un sistema corrupto propio. La degradación que ha infligido al país este Gobierno, su televisión y su prensa chicha, ha sido un genocidio ético cuyos estragos serán duraderos. Cuando es de eso que debería estar hablándose, reaparece el circo de candidaturas y se dan festejos de anticipada ingenuidad. No hay nada que celebrar todavía. Hasta en vóley estamos perdiendo.

    –––––––––––––––

    1 Breve muestra: en un Congreso ya fantasmal, diose el aberrante espectáculo de ver al propietario de la peor prensa chicha, colocado como congresista por este gobierno, cuestionando al Defensor del Pueblo como si el recibir un sueldo del estado le diera alguna autoridad moral. Esto no sólo es estar de cabeza, sino podridos.

    2 Kouri espontáneamente ofreció a una de las partes "resolver el problema canjeando el silencio por información". (?)

    3 Y continúa. Véase el Congreso.


     

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