Edición N† 1638

 

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    ARTICULO

    28 de Setiembre de 2000

    Desmadre En El Gobierno
    Perdió mayoría en el Congreso tras un terremoto que lo remeció por dentro. En la siguiente nota, aspectos desconocidos de lo que sucede en predios oficialistas.

    Escribe PEDRO TENORIO

    "¿Qué hace aquí este señor?... Debería ser expulsado", le dijo Cecilia Martínez a Fujimori el domingo 17. Nueve días después y para evitar más renuncias , éste cambió de idea y ordenó expulsar a Kouri.

    A dos semanas del destape audiovisual que hirió de muerte al régimen, hoy se sabe que existe otro vídeo que compromete la fidelidad de todos los congresistas del oficialismo y que su único dueño es Alberto Fujimori Fujimori.
    Tardíamente, al parecer, le salió un imitador a Vladimiro Montesinos y ése sería el propio Jefe de Estado. No de otra manera se explica la versión que CARETAS ha recogido -de más de un testigo presencial de los hechos-, según la cual el Presidente Fujimori, en el "plenito" presidencial realizado al día siguiente de su anuncio de adelantar las elecciones, sorprendió a la fiel concurrencia con dos cámaras de vídeo ostentosamente instaladas en un amplio salón de Palacio.
    Allí se realizó la reunión y en ella estaba presente la, hasta ese entonces, monolítica bancada oficialista, tránsfugas incluidos. En esa sesión una perla (negra) brillaba con luz propia: Alberto Kouri. Y frente a este contingente disciplinadamente sentado se ubicaban, en una mesa, Martha Hildebrandt, presidenta del Congreso, el Presidente Fujimori, su hija Keiko y María Nella Monsalve, segunda vicepresidenta del Legislativo.
    La reunión se inició, pese a las caras largas y a la incertidumbre de la mayoría, con comentarios ligeros y bromas de Fujimori. "Estoy grabando esta reunión para la posteridad", advirtió aludiendo a las cámaras ubicadas, una de ellas, a un lado de la mesa y enfocando al auditorio. La otra, más grande, estaba junto a la puerta de acceso, como para que nadie quedara al margen de la historia.
    Todos estaban consternados y declararon fidelidad a Fujimori, a su proyecto de país, y hacían votos por salir, lo más dignamente posible, del entuerto en que se encontraba el Gobierno.
    Pero fue una propuesta del propio Fujimori la que dejó helados a los asistentes al cónclave. "Sé que es difícil de entender, pero el señor Kouri ha cumplido un deber patriótico y debemos respaldarlo". Eso, palabras más, palabras menos, fue lo que dijo.

    Corrupción En la Picota La decisión de desbancar a Alberto Kouri de Perú 2000 y de solicitar su suspensión por 120 días es la tardía respuesta de la antigua mayoría a un deseo exigido, desde un primer momento, por la población. Ahora, con su socio en Panamá, el aún congresista deberá afrontar, más allá del escarnio público, las sanciones que dentro y fuera del hemiciclo lo aguardan. Si no era expulsado, la bancada oficialista hubiera continuado perdiendo miembros.

    Según nuestros testigos, no lo podían creer. Era el propio Jefe de Estado quien les pedía apañar la corrupción. En ese momento Cecilia Martínez del Solar pidió la palabra para rechazar, indignada, el pedido formulado por su jefe.
    "Señor Presidente, lo siento, pero no puedo aceptar lo que me pide". Luego, señalando a Kouri exclamó: "¿Qué hace este señor aquí?... Debería ser expulsado".
    Se dice que Kouri intentó vanas explicaciones, las mismas con que inundó la televisión la noche en que estalló el escándalo y que terminaron por hundirlo aún más. Ante el silencio de la sala y la resignada aceptación de la mayoría, Cecilia Martínez anunció, allí mismo, su alejamiento de Perú 2000, el que hizo público dos días después.
    Ese fue quizás el momento más tenso de la noche. Otro, que pinta de cuerpo entero hasta dónde puede dar el mesianismo palaciego, se produjo cuando Fujimori aseguró: "No he renunciado porque no encuentro una persona capaz de tomar la posta y llevar adelante nuestro proyecto". Francisco Tudela -hacia quien giraron todas las cabezas- debió lamentar, una vez más, haber aceptado ser un adorno coreográfico más a la hora de poner en escena el ritmo del Chino.
    Pero si el Presidente intentó, en medio de la crisis, levantarle el ánimo a sus parciales, quizás no estuvo acertado al anunciar que estaba cocinando la candidatura de su hija Keiko Sofía a la alcaldía de Lima en las elecciones municipales del 2002, o que en unos cinco años les daría una "sorpresita" con su retorno.
    La velada, que duró más de tres horas, culminó entre lágrimas de apoyo y juramentos de lealtad eterna. Esa noche había quedado claro que Fujimori se iba, pero no si renunciaría al cargo -lo que determinaría su salida inmediata- o si pretendía permanecer en el cargo hasta el 28 de julio del año 2001.
    Lo que sucedió en los días siguientes es historia conocida, con anuncios de reforma constitucional elaborados por Alberto Bustamante y su equipo de juristas. Pero mucho de lo que se dijo ese domingo 17 influyó en la avalancha de renuncias al interior de Perú 2000.

    Fernán Altuve -era el número 5 en la lista original al Congreso-, renunció rechazando el proyecto de reforma electoral anunciado por el Presidente. Ahora votará como independiente.

    LA AVALANCHA.

    El lunes 25 fue una verdadera tarde de perros para los abanderados de la disciplina al interior de la bancada oficial. Ese día, a las 3 de la tarde, se conocieron las renuncias de Fernán Altuve y Joaquín Ormeño.
    Horas más tarde los seguiría Moisés Wolfenson, y los rumores de otros nombres con su carta de alejamiento bajo el brazo tomaban cuerpo. El gesto de Cecilia Martínez había calado hondo, y ahora, la permanencia en el oficialismo no era un asunto de lealtades sino de conciencia moral. Si bien los renunciantes pretextaron una falta de coherencia presidencial en el tema de la no reelección -un proyecto anunciado por Fujimori creyendo que con eso endulzaría a la oposición y a la opinión pública internacional- y un conjunto de reformas constitucionales "a su medida", lo cierto es que el factor Kouri fue determinante.
    Claro que cabe también dudar acerca de si Wolfenson realmente se alejaba impelido por un prurito de honestidad: recuérdense si no los niveles que alcanza la prensa amarilla de la cual es propietario.
    Distinto es el caso de Pablo Macera -aparentemente convencido a última hora por Francisco Tudela para que no abandone el barco- y Beatriz Alva Hart. Ambos han manifestado con más de un gesto su rechazo a cómo se venía manejando el tema de los tránsfugas, el posterior soborno y la fuga de Montesinos.

    EL ULTIMO PLENITO

    El tradicional cónclave de la bancada oficialista, que antes sirviera para sopesar algunos puntos de vista al interior del grupo, pero que siempre ha culminado en la aprobación de las reformas -o acuerdos de impunidad- por consigna, sirvió el martes 26 para tratar, por todos los medios, de cerrar filas y evitar más renuncias.
    No de otra manera se entiende la tardía decisión de expulsar a Alberto Kouri del grupo parlamentario y proponer al pleno la máxima sanción de 120 días de suspensión en el ejercicio de sus funciones: "La conducta del congresista Kouri desmerece y desprestigia al Congreso de la República y a la función parlamentaria. Las imágenes propaladas el pasado 14 de septiembre revelan una actitud reñida con la moral y la ética", señala el texto elaborado por la otrora mayoría.
    ¿Dónde quedaban quienes habían declarado que el vídeo no era una prueba confiable y que lo mostrado no constituía flagrante delito? ¿O los que sostenían la tesis del préstamo entre amigos para comprar un camioncito?

    Patético escenario donde una ex mayoría sesiona consigo misma.

    Sin duda se trataba de un saludable viraje. Finalmente Alberto Fujimori daba marcha atrás en el úkase exculpatorio que ordenó el domingo 17, y recogía la sugerencia que le diera públicamente Cecilia Martínez, entre otros. Lo hizo tratando de recomponer imagen y para evitar que aumente la estampida.
    La medida le devolvió el alma al cuerpo a Beatriz Alva, Elsa Vega y Pablo Macera. Pero no fue suficiente para Mario Gonzales Inga, Antonio Palomo Oréfice y Juan Carlos Mendoza del Solar, quienes comunicaron al plenito su salida indefectible de la alianza.
    Estos tres congresistas tránsfugas (los dos primeros migraron de Perú Posible y el tercero de Solidaridad Nacional) harían pública su renuncia a partir del miércoles 27. Para ellos, el vuelco dado en el caso Kouri no bastó y, por eso, algunos voceros de la antigua mayoría han denunciado que detrás de estas salidas -y de otras, como la del también tránsfuga Jorge Polack- estaría el largo brazo de Vladimiro Montesinos, intentando desestabilizar al régimen.
    Más aún cuando ese mismo martes 26 éste accedió, ante un pedido opositor, a modificar la vergonzosa resolución suprema en que se agradecía al asesor "por sus servicios brindados".
    El escenario, por encima del desmoronamiento de una mayoría que respetando la voluntad popular nunca debió existir, excede el nuevo ajedrez puesto sobre el tapete en el Legislativo. La oposición ha indicado que sólo regresará para votar las reformas legales que sean aprobadas por consenso en la mesa de diálogo auspiciada por la OEA (ver nota aparte).
    Así, los congresistas aún adscritos a Perú 2000, los ahora independientes y uno que otro opositor con nostalgias del hemiciclo (el martes se vio a Guido Pennano en la Comisión de Agricultura) serán los únicos ocupantes del Palacio legislativo.
    Si bien a inicios de semana el absalonismo (tras la multitudinaria celebración de su tercer aniversario en la Plaza de Acho) abrió la posibilidad de recomponer la Mesa Directiva acogiendo a la oposición, los cerca de 55 parlamentarios involucrados en este "plenito" acordaron respaldar a la actual directiva. Algo en lo que Fujimori sí habría hecho cuestión de estado evitando un nuevo golpe a sus adoloridas huestes.
    Sobre cómo votarán estos nuevos independientes y tránsfugas arrepentidos es un completo albur. No se sabe si apoyarán las propuestas democratizadoras en bloque o si habrá posturas singulares, o si quizás sean el fiel de la balanza con el que oposición y Gobierno deban negociar para alcanzar sus objetivos. Lo cierto es que un terremoto asoló el Legislativo, y las réplicas pueden estallar aún en el momento menos pensado.

     

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