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ARTICULO
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28
de Setiembre de 2000 |
Desmadre
En El Gobierno
Perdió mayoría en el Congreso tras
un terremoto que lo remeció por dentro. En la siguiente nota, aspectos
desconocidos de lo que sucede en predios oficialistas.
Escribe PEDRO TENORIO
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"¿Qué
hace aquí este señor?... Debería ser expulsado",
le dijo Cecilia Martínez a Fujimori el domingo 17. Nueve
días después y para evitar más renuncias ,
éste cambió de idea y ordenó expulsar a Kouri.
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A dos
semanas del destape audiovisual que hirió de muerte al régimen,
hoy se sabe que existe otro vídeo que compromete la fidelidad de
todos los congresistas del oficialismo y que su único dueño
es Alberto Fujimori Fujimori.
Tardíamente, al parecer, le salió un imitador a Vladimiro
Montesinos y ése sería el propio Jefe de Estado. No de otra
manera se explica la versión que CARETAS ha recogido -de más
de un testigo presencial de los hechos-, según la cual el Presidente
Fujimori, en el "plenito" presidencial realizado al día siguiente
de su anuncio de adelantar las elecciones, sorprendió a la fiel
concurrencia con dos cámaras de vídeo ostentosamente instaladas
en un amplio salón de Palacio.
Allí se realizó la reunión y en ella estaba presente
la, hasta ese entonces, monolítica bancada oficialista, tránsfugas
incluidos. En esa sesión una perla (negra) brillaba con luz propia:
Alberto Kouri. Y frente a este contingente disciplinadamente sentado se
ubicaban, en una mesa, Martha Hildebrandt, presidenta del Congreso, el
Presidente Fujimori, su hija Keiko y María Nella Monsalve, segunda
vicepresidenta del Legislativo.
La reunión se inició, pese a las caras largas y a la incertidumbre
de la mayoría, con comentarios ligeros y bromas de Fujimori. "Estoy
grabando esta reunión para la posteridad", advirtió aludiendo
a las cámaras ubicadas, una de ellas, a un lado de la mesa y enfocando
al auditorio. La otra, más grande, estaba junto a la puerta de
acceso, como para que nadie quedara al margen de la historia.
Todos estaban consternados y declararon fidelidad a Fujimori, a su proyecto
de país, y hacían votos por salir, lo más dignamente
posible, del entuerto en que se encontraba el Gobierno.
Pero fue una propuesta del propio Fujimori la que dejó helados
a los asistentes al cónclave. "Sé que es difícil
de entender, pero el señor Kouri ha cumplido un deber patriótico
y debemos respaldarlo". Eso, palabras más, palabras menos, fue
lo que dijo.
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Corrupción
En la Picota
La decisión de desbancar a Alberto Kouri de Perú 2000
y de solicitar su suspensión por 120 días es la tardía
respuesta de la antigua mayoría a un deseo exigido, desde un
primer momento, por la población. Ahora, con su socio en Panamá,
el aún congresista deberá afrontar, más allá
del escarnio público, las sanciones que dentro y fuera del
hemiciclo lo aguardan. Si no era expulsado, la bancada oficialista
hubiera continuado perdiendo miembros. |
Según nuestros testigos, no lo podían creer. Era el propio
Jefe de Estado quien les pedía apañar la corrupción.
En ese momento Cecilia Martínez del Solar pidió la palabra
para rechazar, indignada, el pedido formulado por su jefe.
"Señor Presidente, lo siento, pero no puedo aceptar lo que me pide".
Luego, señalando a Kouri exclamó: "¿Qué hace
este señor aquí?... Debería ser expulsado".
Se dice que Kouri intentó vanas explicaciones, las mismas con que
inundó la televisión la noche en que estalló el escándalo
y que terminaron por hundirlo aún más. Ante el silencio
de la sala y la resignada aceptación de la mayoría, Cecilia
Martínez anunció, allí mismo, su alejamiento de Perú
2000, el que hizo público dos días después.
Ese fue quizás el momento más tenso de la noche. Otro, que
pinta de cuerpo entero hasta dónde puede dar el mesianismo palaciego,
se produjo cuando Fujimori aseguró: "No he renunciado porque no
encuentro una persona capaz de tomar la posta y llevar adelante nuestro
proyecto". Francisco Tudela -hacia quien giraron todas las cabezas- debió
lamentar, una vez más, haber aceptado ser un adorno coreográfico
más a la hora de poner en escena el ritmo del Chino.
Pero si el Presidente intentó, en medio de la crisis, levantarle
el ánimo a sus parciales, quizás no estuvo acertado al anunciar
que estaba cocinando la candidatura de su hija Keiko Sofía a la
alcaldía de Lima en las elecciones municipales del 2002, o que
en unos cinco años les daría una "sorpresita" con su retorno.
La velada, que duró más de tres horas, culminó entre
lágrimas de apoyo y juramentos de lealtad eterna. Esa noche había
quedado claro que Fujimori se iba, pero no si renunciaría al cargo
-lo que determinaría su salida inmediata- o si pretendía
permanecer en el cargo hasta el 28 de julio del año 2001.
Lo que sucedió en los días siguientes es historia conocida,
con anuncios de reforma constitucional elaborados por Alberto Bustamante
y su equipo de juristas. Pero mucho de lo que se dijo ese domingo 17 influyó
en la avalancha de renuncias al interior de Perú 2000.
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Fernán Altuve -era el número 5 en la lista original
al Congreso-, renunció rechazando el proyecto de reforma
electoral anunciado por el Presidente. Ahora votará como
independiente.
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LA AVALANCHA.
El lunes 25 fue una verdadera tarde de perros para los abanderados de
la disciplina al interior de la bancada oficial. Ese día, a las
3 de la tarde, se conocieron las renuncias de Fernán Altuve y Joaquín
Ormeño.
Horas más tarde los seguiría Moisés Wolfenson, y
los rumores de otros nombres con su carta de alejamiento bajo el brazo
tomaban cuerpo. El gesto de Cecilia Martínez había calado
hondo, y ahora, la permanencia en el oficialismo no era un asunto de lealtades
sino de conciencia moral. Si bien los renunciantes pretextaron una falta
de coherencia presidencial en el tema de la no reelección -un proyecto
anunciado por Fujimori creyendo que con eso endulzaría a la oposición
y a la opinión pública internacional- y un conjunto de reformas
constitucionales "a su medida", lo cierto es que el factor Kouri fue determinante.
Claro que cabe también dudar acerca de si Wolfenson realmente se
alejaba impelido por un prurito de honestidad: recuérdense si no
los niveles que alcanza la prensa amarilla de la cual es propietario.
Distinto es el caso de Pablo Macera -aparentemente convencido a última
hora por Francisco Tudela para que no abandone el barco- y Beatriz Alva
Hart. Ambos han manifestado con más de un gesto su rechazo a cómo
se venía manejando el tema de los tránsfugas, el posterior
soborno y la fuga de Montesinos.
EL ULTIMO PLENITO
El tradicional cónclave de la bancada oficialista, que antes
sirviera para sopesar algunos puntos de vista al interior del grupo, pero
que siempre ha culminado en la aprobación de las reformas -o acuerdos
de impunidad- por consigna, sirvió el martes 26 para tratar, por
todos los medios, de cerrar filas y evitar más renuncias.
No de otra manera se entiende la tardía decisión de expulsar
a Alberto Kouri del grupo parlamentario y proponer al pleno la máxima
sanción de 120 días de suspensión en el ejercicio
de sus funciones: "La conducta del congresista Kouri desmerece y desprestigia
al Congreso de la República y a la función parlamentaria.
Las imágenes propaladas el pasado 14 de septiembre revelan una
actitud reñida con la moral y la ética", señala el
texto elaborado por la otrora mayoría.
¿Dónde quedaban quienes habían declarado que el vídeo
no era una prueba confiable y que lo mostrado no constituía flagrante
delito? ¿O los que sostenían la tesis del préstamo
entre amigos para comprar un camioncito?
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Patético
escenario donde una ex mayoría sesiona consigo misma.
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Sin duda se trataba de un saludable viraje. Finalmente Alberto Fujimori
daba marcha atrás en el úkase exculpatorio que ordenó
el domingo 17, y recogía la sugerencia que le diera públicamente
Cecilia Martínez, entre otros. Lo hizo tratando de recomponer imagen
y para evitar que aumente la estampida.
La medida le devolvió el alma al cuerpo a Beatriz Alva, Elsa Vega
y Pablo Macera. Pero no fue suficiente para Mario Gonzales Inga, Antonio
Palomo Oréfice y Juan Carlos Mendoza del Solar, quienes comunicaron
al plenito su salida indefectible de la alianza.
Estos tres congresistas tránsfugas (los dos primeros migraron de
Perú Posible y el tercero de Solidaridad Nacional) harían
pública su renuncia a partir del miércoles 27. Para ellos,
el vuelco dado en el caso Kouri no bastó y, por eso, algunos voceros
de la antigua mayoría han denunciado que detrás de estas
salidas -y de otras, como la del también tránsfuga Jorge
Polack- estaría el largo brazo de Vladimiro Montesinos, intentando
desestabilizar al régimen.
Más aún cuando ese mismo martes 26 éste accedió,
ante un pedido opositor, a modificar la vergonzosa resolución suprema
en que se agradecía al asesor "por sus servicios brindados".
El escenario, por encima del desmoronamiento de una mayoría que
respetando la voluntad popular nunca debió existir, excede el nuevo
ajedrez puesto sobre el tapete en el Legislativo. La oposición
ha indicado que sólo regresará para votar las reformas legales
que sean aprobadas por consenso en la mesa de diálogo auspiciada
por la OEA (ver nota aparte).
Así, los congresistas aún adscritos a Perú 2000,
los ahora independientes y uno que otro opositor con nostalgias del hemiciclo
(el martes se vio a Guido Pennano en la Comisión de Agricultura)
serán los únicos ocupantes del Palacio legislativo.
Si bien a inicios de semana el absalonismo (tras la multitudinaria celebración
de su tercer aniversario en la Plaza de Acho) abrió la posibilidad
de recomponer la Mesa Directiva acogiendo a la oposición, los cerca
de 55 parlamentarios involucrados en este "plenito" acordaron respaldar
a la actual directiva. Algo en lo que Fujimori sí habría
hecho cuestión de estado evitando un nuevo golpe a sus adoloridas
huestes.
Sobre cómo votarán estos nuevos independientes y tránsfugas
arrepentidos es un completo albur. No se sabe si apoyarán las propuestas
democratizadoras en bloque o si habrá posturas singulares, o si
quizás sean el fiel de la balanza con el que oposición y
Gobierno deban negociar para alcanzar sus objetivos. Lo cierto es que
un terremoto asoló el Legislativo, y las réplicas pueden
estallar aún en el momento menos pensado.
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