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ARTICULO
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28
de Setiembre de 2000 |
La OEA En la Sartén
Pero no en el fuego.
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Difícil
trance el de Eduardo Latorre al explicar la memez de César
Gaviria (derecha), quien intercedió personalmente en el asilo
a Montesinos.
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EL lunes 25 por la mañana, una furtiva lágrima asomó
en los ojos de Beatriz Alva Hart, representante de Vamos Vecino y del
gobierno en la mesa de diálogo de la OEA. En ese momento, Henry
Pease expresaba su indignación ante la Resolución Suprema
424-2000 que aceptaba la renuncia de Vladimiro Montesinos, agradecía
"sus servicios prestados" y dejaba a salvo cualquier responsabilidad del
asesor.
Cerca de ella Luz Salgado también se mostraba conmovida. Y, más
allá, una imperturbable Martha Chávez seguía con
frialdad la escena.
A juicio de los presentes, el gesto de Alva era la mejor prueba de que
el tema Montesinos, tal como era manejado hasta entonces por el gobierno,
provocaba rechazos generalizados. No era para menos. Hasta la OEA, por
iniciativa de su propio Secretario General, el colombiano César
Gaviria, había gestionado directamente ante el gobierno de Panamá
un vergonzoso "asilo" para Montesinos.
Con su actuación, Gaviria se ha llevado por delante no sólo
el artículo segundo de la Convención Interamericana que
regula el asilo y protección de perseguidos políticos (un
documento impecable que data de 1954 y que ha servido para salvaguardar
la integridad de cientos de democrátas latinoamericanos en estas
décadas), sino que dejó de lado toda la tradición
hemisférica en lo que a esta garantía individual se refiere.
El despropósito de calificar como "perseguido político"
a Montesinos es tan burdo que la propia resolución estatal reconociendo
sus méritos, y la colusión del propio Gobierno para posibilitar
su salida -solicitud de asilo tramitada por el propio Premier Salas, por
ejemplo-, echan por tierra cualquier argumento.
De allí que el rechazo al papel de la OEA y de Gaviria, pese a
las explicaciones de Latorre, que expresaron Sofía Macher y José
Luis Risco por la sociedad civil, no carece de sentido.
Lo cierto es que, expedida una nueva Resolución Suprema que reemplaza
a la anterior dando sobria cuenta de la salida de Montesinos, la oposición
puso lo mejor de sí para impulsar el proceso y volver al Congreso,
al menos para aprobar las primeras reformas democratizadoras.
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Beatriz
Alva, justa indignación vs. impunidad.
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Si bien la fiscal provisional Nina Rodríguez Flores dictaminó
que no había mérito para encausar a Montesinos, el ministro
de Justicia se comprometió el martes 26 a que el procurador de
su sector apele la decisión, llevando el caso hasta sus últimas
consecuencias.
Según fue informado Jorge del Castillo, al cierre de esta edición
el dictamen exculpatorio habría sido confirmado también
por el fiscal superior, con lo que -además de dejar chico a Bustamante-
la opinión pública tiene una razón más para
cuestionar a Blanca Nélida Colán.
Pese a ello, en la mesa de diálogo se han logrado significativos
avances. Ese mismo martes la oposición y el Gobierno habían
llegado a un 99,9% de consenso en el tema de la desactivación del
SIN, recogiendo en el proyecto inicial del Ejecutivo varios aportes de
la oposición. A saber, la participación ciudadana en la
comisión que desactivará el SIN, el rendimiento de cuentas
a una comisión congresal creada por consenso para ese fin, dejando
de lado a la presidencia de la Comisión de Defensa del Congreso,
y la desactivación de sus más altos niveles.
Era un gran paso. Para el miércoles 27 figuraba en agenda la desactivación
de las Comisiones Ejecutivas del Poder Judicial y del Ministerio Público,
la eliminación de las normas que homologan a magistrados provisionales
y permanentes, y la devolución de atribuciones al Consejo Nacional
de la Magistratura.
De igual manera, al cierre de esta edición se abría el tema
de la sucesión en la presidencia del Jurado Nacional de Elecciones,
tras la renuncia de Alipio Montes de Oca. Ahí, las partes buscarían
un vocal titular de la Corte Suprema, o uno jubilado, evitando personajes
que no ofrezcan las garantías necesarias.
El martes, un último incidente le aclaró a Martha Chávez
y a la facción dura del régimen que los cambios son inminentes.
Cuando sugirió que lo acordado en la mesa sería posteriormente
debatido en el Congreso -porque los congresistas no están sujetos
a mandato imperativo, dijo-, Del Castillo reaccionó recordándole
que no participaba del diálogo a título personal sino en
representación de una agrupación política comprometida
con la OEA. Eduardo Latorre leyó las actas que confirman tal acuerdo,
Monseñor Luis Bambarén invocó coherencia y Beatriz
Alva la excusó alegando una interpretación sin mala intención.
Probablemente, ésa sea la señal de que soplarían
nuevos vientos (Pedro Tenorio).
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