Edición N† 1638

 

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    ARTICULO

    28 de Setiembre de 2000

    Fujimori en el
    Templo de Diana

    Por URIEL GARCIA CACERES*

    NO hay peor situación para un gobernante autoritario que la de tener la condición de "renunciante" y, al mismo tiempo, aparentar el ejercicio de su autoridad hasta el momento de la entrega del mando a su sucesor. Aun en los estados con tradición de respeto a las normas establecidas es muy difícil para el jefe de gobierno o los ministros mantener el principio de autoridad en una circunstancia semejante. Los más fieles servidores son presa de conocidos estados psicopatológicos de angustia. Pero, la situación se torna insostenible cuando esa condición, la de renunciante, es producto de una pugna política con apasionamiento y denuncias de corrupción en las que los miembros de la cúpula gubernativa tienen la precaria condición de cómplices. Y, peor aún, cuando esa coyuntura ocurre en un gobierno cuya estructura es la de una pirámide de sobones. La historia natural de estos despreciables seres, sean congénitos o adquiridos (CARETAS 1630), prevé la producción de un peligroso vacío de poder.
    Es una característica atávica, cuya impronta está en el código genético de la especie humana que, cuando un gobernante está de salida, hay una mezcla de nostalgia y de alegría. Le Roi est mort! Vive le Roi! Ave María! Apotegma usado por James George Frazer como frase terminal de su monumental estudio sobre la magia y la religión, La Rama Dorada.. Se trata de un magistral análisis de los más recónditos factores que condicionan a la especie humana para reaccionar, ante situaciones de peligro, de una manera estereotipada y fácil de predecir. Frazer fue estimulado para escribir los doce tomos de su estudio al evocar el modelo de gobierno que existió en la feligresía del templo de Diana Nemorensis, en el norte de Italia, hace miles de años. Allí analizó las relaciones que tenían los feligreses con su sumo sacerdote, además de gobernante, dueño y señor de sus vidas y haciendas. Ese amo había accedido al cargo matando a su antecesor y sabía que sería sucedido de la misma brutal manera. Angustiosamente asechaba a quienes, armados con una rama querían derrocarlo. Así aniquilaba al malhadado rival con gran algarabía de sus feligreses, hasta que un día, desgastado, caía derrotado por algún nuevo contrincante. Entonces esos mismos feligreses aplaudían y festejaban al nuevo sumo sacerdote vencedor.
    En 1694 nacieron siameses en Lima causando gran revuelo.se pensó en un maléfico, como imaginando que trescientos años después se engendría algo parecido en la política


    A raíz del autogolpe del 5 de abril de 1992, escribí en CARETAS una observación sobre la semejanza entre Fujimori y el sumo sacerdote del templo de Diana. Lo que nadie, ni siquiera el gran Frazer, se imaginó es que la jefatura del gobierno estuviese a cargo de dos jefes unidos de manera indisoluble. Eliminar a uno de ellos, teóricamente, significaría la virtual eliminación del socio. Algo así como intentar la separación, infructuosamente desde luego, de los mellizos llamados "xifófagos" (unidos por el tronco, con dos cabezas, cuatro brazos y dos piernas), como el que apareció en Lima allá por 1694 y que causó pánico y aprehensiones.
    Alberto Fujimori y su mellizo Montesinos, súbitamente, han entrado a la categoría de gobernantes precarios rodeados, hasta ayer, por feligreses ambiciosos, inmorales y sobones y están en la angustiosa situación de salvar su propio pellejo. El vacío de poder que esta situación produce es muy perjudicial para la marcha normal de la nación. Hay que comprender que si un gobernante autoritario no es reemplazado inmediatamente como consecuencia de las circunstancias que lo obligaron a dejar el mando, entra en la categoría de un derrotado que ya no sirve para nada. Alguien dijo que es como una bacinica con hueco. Es una triste realidad para el "jefe de gobierno", pero, es mucho más triste y perjudicial para el país.
    La frondosa y corrupta burocracia que existe en cada uno de los ministerios y en los llamados "poderes" (castrense, judicial, legislativo, etc.) hará imposible la organización de un Estado democrático que destierre al actual, que es primitivo. Todo el andamiaje de una burocracia corrupta que por diez años formó una pirámide tendrá que ser desmantelado. Hay una enorme cantidad de "feligreses" que de manera atávica todavía tienen la impronta dominante del código genético de los del templo de Diana, de hace milenios. Su jefe ha sido derrotado irremisiblemente, pero aún seguirá gobernando. Los poderes del Estado, en el Perú actual, están en el más atrasado estado de desarrollo, sólo responden a un único jefe supremo cuyo mellizo indivisible, aparentemente, ya ha sido eliminado. No se podrá organizar un gobierno moderno si Fujimori no es reemplazado de inmediato junto con toda la estructura de su primitivo gobierno.
    En el Perú actual hay suficientes peruanos como para formar un gobierno transitorio que se encargue de la tarea específica de organizar elecciones limpias, bajo normas sencillas. Para esto hay que asir la "rama dorada" y, por última vez en la historia del Perú, derrocar y, simbólicamente, "enterrar" al sumo sacerdote xifófago, junto con sus principales feligreses. Desafortunadamente no hay otro camino.

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    * El autor, patólogo distinguido y ex ministro de Salud, publicó en CARETAS 1601 `Historia Natural del Sobón'.

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