Edición Nº 1638

 

  • Portada
  • Nos Escriben...
  • Mar de Fondo
  • Heduardo
  • China te Cuenta...
  • Ellos & Ellas
  • Culturales
  • Caretas TV
  • Controversias
  • Lugar Común
  • Piedra de Toque
  • Mal Menor
  •  

     

    28 de Setiembre de 2000

    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    Mi Enano

    AY hija, qué tal in sight el que acabo de hacer ahora en la mañana cuando me senté ante la compu para escribir lo que tienes en tus manos y, pucha, o sea, me vino un terror a la page en blanc que te lo juro, o sea, de no haber sido por Martucha, ag, ahorita estaría suicidada. Es que he descubierto que Martucha, ag, es a mí, o sea, lo que los enanos son a los guionistas de los programas cómicos de la televisión de ellos, no sé si me entiendes. O sea, yo me imagino que esos señores guionistas, pucha, seguro son un poco pobres y llega un momento en que por la mala alimentación les viene un black out horroroso y se quedan sin gag. ¿Qué hacen entonces? Pucha, como son supercreativos, meten al enano del elenco para que los demás lo agarren a palazos y regio, o sea, todos felices, estrategia win/win.

    Bueno, algo parecido me ocurrió a mí cuando me di cuenta ante la compu de que la boca del embudo estaba llena con cosas como Granputín Montesinos, El Chinete Chantajeadete, el vuelo a Panamá, los griferos, los microbuseros, el Washington Post, Gaviria, el quinceañero de la hija del Jijuna en el Country (modernidad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre), la cachacada oligofrénica, Diego hecho un Cohn Bendit madurón él, Jorge —mi candidato— yendo de acá para allá para ver si salva en algo la imagen de chanfainita con hueveras que últimamente hemos acentuado, Cecilia Martínez del Solar (que había resultado regia y yo ni cuenta, ahora me acuerdo de que fuimos amigas un tiempito en Ancón), Kouri y su alma de ladrón de frazadas, Absalón y ese aire inconfundible de taxista en buen momento, sólo por mencionarte lo primero que se me viene a la cabeza; y bueno, si la boca del embudo estaba full, pucha, el piquito de abajo se cerró y ahí fue que me vino la idea de tomarme todos las cajas de Zoloft que tengo en la casa pero me acordé que ya me las había tomado la semana anterior, hija, cuando vi a Blanca Nélida en la televisión y deduje que así habría de ser mi castigadora en el infierno el día que el diablo supiera lo que yo pensaba que le habría hecho a Vladimiro si un día se me cruzaba la pista y yo en mi 4X4.

    Solución ante el bloqueo: Martucha, ag. Prendí la tele —desesperada como una adicta a la heroína en plena calle de Amsterdam— y como ella es perejil de toda salsa, pucha, me la encontré en un panel, al lado ni más ni menos que de Diego, frente a la California Roller de la Salgado y al pobre Del Castillo, hija, que emprende unos esfuerzos francamente sobrehumanos (¿o sub?) para hacer lo que ya te imaginas que debe hacer y que en estas circunstancias no se debe decir porque no es políticamente correcto, yo sé que me estás comprendiendo.

    Ay Martucha, ag, te vi pálida como un queso fresco a media elaboración, hasta suero me pareció que te resbalaba por el cuello. Tu peinadete está idéntico al de la señora que me hace la cera con la diferencia de que ella es buena y tú no, así de sencillo. Tu ojo semitapatío me parece uno de los iconos universales de la resistencia democrática y estoy pensando en patentarlo y comercializarlo ante el mundo, pucha, al lado de la imagen del Che y la de Mandela, ¿te imaginas qué bonito? Me has sacado últimamente un piquito en la boca que por más que le doy vueltas no sé de dónde viene, hija, ¿no será que se te ha dado por tomar la leche con cañita —porque como te has vuelto medio sicótica— y te has quedado así? Puede ser, hija, hazte ver. Pero chola, lo que más me alucinó fue verte con un pañuelo Hermes sobre los hombros. No pues, Martucha, ag, cómo se te ocurre: eso nos poníamos Susana y yo hace un siglo cuando íbamos a las reuniones del World Bank y teníamos que demostrarles a los gringos que en el Perú ya no se usaba huesos en la nariz. Pero hija, diez años más tarde, no sé qué decirte: me pareciste una vendedora de duty free pero de Arica, y todo ello, para no mencionar todo lo que dijiste, querida Martucha, que al lado de tu look, pucha, ya pasaba a ser redundancia, qué quieres que te diga.

    Ay, qué placer, ya acabé mi página, ya me puedo ir a mi hora de tenis. Martucha, qué maduras que somos: tú me ayudas siendo el enano de mi guión y yo a cambio, pucha, te hago ver las cosas. Regio. Chau, chau. (Rafo León).



  • ../secciones/Subir

  •    

       
    Pagina Principal