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Edición Nº 1638 |
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Por LORENA TUDELA LOVEDAY Mi EnanoAY hija, qué tal in sight el que acabo de hacer ahora en la mañana cuando me senté ante la compu para escribir lo que tienes en tus manos y, pucha, o sea, me vino un terror a la page en blanc que te lo juro, o sea, de no haber sido por Martucha, ag, ahorita estaría suicidada. Es que he descubierto que Martucha, ag, es a mí, o sea, lo que los enanos son a los guionistas de los programas cómicos de la televisión de ellos, no sé si me entiendes. O sea, yo me imagino que esos señores guionistas, pucha, seguro son un poco pobres y llega un momento en que por la mala alimentación les viene un black out horroroso y se quedan sin gag. ¿Qué hacen entonces? Pucha, como son supercreativos, meten al enano del elenco para que los demás lo agarren a palazos y regio, o sea, todos felices, estrategia win/win. Solución ante el bloqueo: Martucha, ag. Prendí la tele desesperada como una adicta a la heroína en plena calle de Amsterdam y como ella es perejil de toda salsa, pucha, me la encontré en un panel, al lado ni más ni menos que de Diego, frente a la California Roller de la Salgado y al pobre Del Castillo, hija, que emprende unos esfuerzos francamente sobrehumanos (¿o sub?) para hacer lo que ya te imaginas que debe hacer y que en estas circunstancias no se debe decir porque no es políticamente correcto, yo sé que me estás comprendiendo. Ay Martucha, ag, te vi pálida como un queso fresco a media elaboración, hasta suero me pareció que te resbalaba por el cuello. Tu peinadete está idéntico al de la señora que me hace la cera con la diferencia de que ella es buena y tú no, así de sencillo. Tu ojo semitapatío me parece uno de los iconos universales de la resistencia democrática y estoy pensando en patentarlo y comercializarlo ante el mundo, pucha, al lado de la imagen del Che y la de Mandela, ¿te imaginas qué bonito? Me has sacado últimamente un piquito en la boca que por más que le doy vueltas no sé de dónde viene, hija, ¿no será que se te ha dado por tomar la leche con cañita porque como te has vuelto medio sicótica y te has quedado así? Puede ser, hija, hazte ver. Pero chola, lo que más me alucinó fue verte con un pañuelo Hermes sobre los hombros. No pues, Martucha, ag, cómo se te ocurre: eso nos poníamos Susana y yo hace un siglo cuando íbamos a las reuniones del World Bank y teníamos que demostrarles a los gringos que en el Perú ya no se usaba huesos en la nariz. Pero hija, diez años más tarde, no sé qué decirte: me pareciste una vendedora de duty free pero de Arica, y todo ello, para no mencionar todo lo que dijiste, querida Martucha, que al lado de tu look, pucha, ya pasaba a ser redundancia, qué quieres que te diga. Ay, qué placer, ya acabé mi página, ya me puedo ir a mi hora de tenis. Martucha, qué maduras que somos: tú me ayudas siendo el enano de mi guión y yo a cambio, pucha, te hago ver las cosas. Regio. Chau, chau. (Rafo León).
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