Edición Nº 1638

 

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    28 de Setiembre de 2000
    Por FERNANDO ROSPIGLOSI


    Soluciones Simples y Rápidas

    MIENTRAS el régimen montado por Vladimiro Montesinos en la última década se cae a pedazos, luego de fugado su conductor, la oposición todavía no atina a encontrar alternativas claras y unitarias. El punto de partida es sencillo. Hay que preguntarse ¿cuáles son los obstáculos principales para desentrampar la situación? Y la segunda cuestión, ¿es posible remover esos obstáculos?

    Respecto a las trabas fundamentales, se están diciendo muchas cosas, a veces desviando la atención de los factores fundamentales. Por ejemplo, se propone un cambio de Gabinete. Es verdad que el actual Consejo de Ministros debería ser removido, pero el asunto es que ellos no cuentan para nada. Son simples voceros de un poder oculto, cuyas opiniones tienen poca o ninguna importancia.

    El principal escollo lo constituye ahora la cúpula militar, ubicada ahí por Montesinos, que ha heredado gran parte del aparato de espionaje, chantaje y corrupción laboriosamente construido por el ex jefe de los servicios de Inteligencia.

    Aunque es verdad que esa maquinaria también se está desintegrando y no puede subsistir en el largo plazo sin Montesinos, también es cierto que varias de sus estructuras todavía siguen funcionando y están siendo manejadas por la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINTE), es decir, por el general José Villanueva y la camarilla de militares ineptos y corrompidos que dejó Montesinos.

    La cúpula pretende, además, controlar la redistribución de los restos del SIN. Por eso prepararon un proyecto de ley donde sólo ellos participan en la supervisión: los generales Carlos Bergamino y Walter Chacón, y dos de sus acólitos civiles, Federico Salas y Martha Chávez.

    Eso es inaceptable y debería ser rechazado de plano. El argumento de la seguridad nacional es sólo un pretexto, porque como es obvio para todos ahora, el SIN era básicamente un aparato de espionaje, control y corrupción política.

    Por eso es absurdo que quienes participaron en él, quienes lo están manejando ahora con similares propósitos y quienes se beneficiaron de él, sean los encargados de liquidarlo. Lo que ocurriría, si progresa ese despropósito, es que la cúpula militar trataría de rearmar ese aparato, ya no en Las Palmas sino en el Pentagonito.

    La permanencia de la cúpula montesinista al frente del Ejército, de los mismos que organizaron el fraude en abril y mayo, de los que participaron activamente en la compra de congresistas, de los que amenazaron y siguen amenazando con un golpe, es absolutamente inaceptable.

    Ese es el tema principal hoy día, el licenciamiento inmediato de esa camarilla. No existe ninguna razón, ni política, ni legal, ni institucional, para que se mantengan donde están. La promoción de Montesinos y otros dependientes suyos, como los generales Juan Yanqui y Luis Cubas, deberían ser retirados de inmediato.

    El Ejército no sufriría. Al contrario, podría respirar con libertad, sin esa costra infecciosa cubriéndole los poros.

    El otro obstáculo, es Fujimori. Ya no tiene casi ningún poder real que lo sustente, no tiene quien le diga qué hacer, y carece de medios para aplicar las políticas que puedan ocurrírsele a él y a su hija Keiko. Porque dependía casi completamente de Montesinos y el SIN.

    Sin embargo, Fujimori sigue siendo un peligro para la estabilidad, aunque sólo sea porque conserva la formalidad del cargo. Es autoritario, intolerante y terco, sigue creyendo la fantasía que le hizo imaginar Montesinos, que él es un gran líder, y ya perdió el sentido de la realidad.

    Mantiene una frágil alianza de conveniencia con la cúpula militar, aunque ya no existe ninguna confianza entre ambos. Fujimori no tiene ningún poder sobre los militares, pero la cúpula lo necesita porque ellos no pueden ocupar el palacio de Pizarro.

    Este Fujimori errático, sin capacidad de acción y ciego políticamente —el SIN era sus ojos y oídos— es un peligro para el país. Debería forzársele a renunciar de inmediato. Total, ya debe haber tenido tiempo para ordenar sus cuentas.

       El Congreso de tránsfugas corrompidos, ya sin mayoría y sin quien dé las órdenes por beeper, podría ser cerrado de inmediato.

       La posibilidad de un Gobierno de transición está al alcance de la mano. Es necesario y posible. Lo absurdo es que mientras el pueblo en las calles exige la salida de Fujimori, y hasta los tránsfugas, re—tránsfugas y neo—tránsfugas lo demandan, dirigentes opositores como Lourdes Flores y Fernando Olivera le manifiestan su respaldo. ¡Pisen tierra, por favor!

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    Email:frospig@amauta.rcp.net.pe

     

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