Edición Nº 1639

 

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    5 de Octubre de 2000

    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    Reconciliación Nacional

    AY hija, cuando una ya no le concedía a nuestro adorado y unido país, pucha, la chance de ser siquiera el Departamento de Migraciones de la República Democrática de Ouagadougu, ocurrió el milagro, hija, que en realidad, o sea, más que milagro es el resultado de nuestro civilizado espíritu de conciliación, que de existir, existe aunque a veces, ay no sé, o sea, el pobre espíritu se vaya sin avisar de licencia sin goce de haber. Pero al final es como los jardineros, hija, siempre vuelve.

    Yo estaba la otra noche tirada en mi cama mirando unos folletos sobre Creta a ver si me compraba un islote por ahí para dedicarme al alcohol frente al mar turquesa, cuando en eso al acomodarme sobre el colchón, pucha, machuco con el popó el botón de power del televisor y qué crees que me encuentro en la pantalla: a la doctora Hildebrandt en pleno diálogo democrático con Anel Townsend y te lo juro, o sea, yo no veía cosa igual desde que el perro bulldog de mi vecina de Lapa Lapa, pucha, empezó a jugar con mi canario y toda la playa se ponía a cuidar del pobre pajarito, no fuera a ser que el otro animalón se lo cepillara con todo y cancionero, no sabes.

    Bueno, presté atención a esa inusual imagen y terminé no solamente pegada de todos los noticieros del país –incluyendo los de señal abierta y he visto al mismo Lúcar, aunque después me tuve que internar por unas horas en la Americana porque me bajó la presión alta y me subió la baja– pucha, con una sensación epifánica de haber remontado lo peor de la crisis y de estar ad portas de un nuevo amanecer; y para contribuir a que de verdad, pucha, el amanecer sea lindo pechocho, pucha, me comprometo a lo siguiente:

    1. Nunca más voy a volver a usar a Martucha, ag, como enano de guionista. De ahora en adelante no solamente la voy a ver con mis mejores ojos (aunque ella pueda mirarme a mí sólo con uno, así es la vida de asimétrica), sino que creo que una tardecita de estas la voy a invitar a tomar un té al Voltaire, asumiendo el riesgo de que, uno, se me presente con la bebe vestida toda ella de nido de abeja y dos, que al momento de pedir, pucha, se mande con un tamalito con su mote más. Pero así es la democracia, no seré yo quien la transforme, además, en elegancia.

    2. Te juro que le voy a poner un mail a Cáceres Velásquez resumiéndole la tesis de un seguidor de Darwin –Sir Richard Mead–, quien sostiene que cuando los orangutanes chuscos de Borneo llegan a entender que antes que ellos existió un escalón más bajo en la evolución de las especies, pucha, aprenden a sonreír, ¿te das cuenta?

    3. Voy a mirar con atención en mi próximo viaje las tiendas del Salvation Army, porque sé que ahí venden unos sastres de perlón con pechera como los que usa Blanca Nélida. Le voy a comprar por lo menos cuatro, le encargo a Jessikah’s Jesseniah’s que le suba las bastas (porque a la vieja le encanta lucir esas lianas anudadas a las que su familia llama “rodillas”) y se los voy a mandar a la Fiscalía de la Nación, hija, porque parte de la nueva imagen de unidad, concordia y felicidad del país, pasa porque la gente se cambie de ropa, ¿no te parece?

    4. Estoy dispuesta a aceptar la invitación de Laura Bozzo a ir a su programa, pucha, a discutir el tema: “YO ME DEJÉ POSEER POR UN HOMBRE QUE ME AGARRÓ POR LOS DERECHOS HUMANOS”, y que Diego afronte las consecuencias, que para eso ha trabajado resolviendo conflictos en Centroamérica.

    5. Voy a empezar a comprar espárragos de Chlimper, para los soufflés de las muchachas. Voy a olvidarme radicalmente de que Pico Salas tenía un corte de pelo supercasual cuando montaba a caballo y luego lo tuvo que cambiar por otro que se lo diseñó el peluquero de El Innombrable y ahora están igualitos, ¿te has dado cuenta? Voy a ir a la boda de la Cuculiza con el general Briones y a la de la Schenone con el general Tatachín (ay, no me acuerdo cómo se llama, pues). Mañana lloraré.

    6. Voy a convertirme en la rabona más geisha de mi adorado chinito precioso, para lo cual mi siguiente tarea consiste en llamar a mi primo favorito Pancho, para pedirle que me dé unas clases prácticas de tecnocumbia. Pero de a pocos, please.

    ¡Chino, Chino, Chino, Chino, Chino, Chino, Chino! Chau, Chau (Rafo León).

     

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