Edición Nº 1640

 

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    ARTICULO

    12 de Octubre de 2000

    LAS
    A los 100 Años
    La política hizo de su vida una novela. Ni el Apra escapó al final a su ojo crítico.

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    Este 12 de octubre, Luis Alberto Sánchez hubiera cumplido cien años. Murió a los 93, luego de una vida sin tregua en que escribió libros, entabló polémicas, sufrió destierro y negación y luego consagraciones que terminaron en nuevos infortunios. Algunos textos poco conocidos revelan el fondo de su pasión partidaria.

    Escribe CESAR LEVANO

    LUIS Alberto Sánchez encarna la verdad de que en América Latina política y cultura marchan juntas. Pocos lo supieron tan a fondo como este personaje que, nacido en hogar de clase media ilustre, recorrió un largo camino erizado de polémicas -incluso dentro de su partido, el Apra-, destierros, relegación, decepciones.
    Al final conoció la consagración, pero con un epílogo de olvido. Entre la fecha de su nacimiento (12 de octubre de 1900) y la de su muerte (6 de febrero de 1994) publicó 107 libros y miles de artículos. Nadie lo hubiera podido prever, puesto que en 1903, cuando enfermó de tifoidea, el médico de la familia había prescrito: "este niño no podrá estudiar".
    Rotundo error. Ya en 1909, el pequeño Luis Alberto publicaba en la revista del Colegio La Recoleta su primer cuento, "Los ladrones audaces".
    Sánchez provenía de una familia originaria de Extremadura, que llegó al Perú a comienzos del siglo XIX y arraigó en Lambayeque. Luego emigraría a Lima. Dos de los ascendientes del escritor tuvieron comportamiento heroico en la guerra del Pacífico.
    Cuando ingrese en San Marcos encontrará unos compañeros fuera de serie: Raúl Porras Barrenechea, primero, y luego Víctor Raúl Haya de la Torre, César Vallejo y el más joven de todos, Jorge Basadre. ¡Cómo no imaginar a esos jóvenes paseando por el Patio de los Naranjos de la vieja casona de San Marcos, mientras preparaban su ingreso en la historia no sólo del Perú! Fue un momento estelar de la cultura peruana.

     
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    Sánchez y Manuel Seoane (con bigote), en la revista Ercilla de Chile, que ambos dirigieron. Derecha, Con su madre, que perdió a los 13 años.textos poco conocidos revelan el fondo de su pasión partidaria.

    ESTUDIANTES ESTUDIOSOS

    En 1919, un grupo de estudiantes sanmarquinos formó el Conversatorio Universitario. Entre sus miembros estaban Porras, Jorge Guillermo Leguía, Ricardo Vegas García, Manuel Abastos y Víctor Raúl Haya de la Torre. Decidieron trabajar bajo la forma de seminario. A Sánchez le tocó exponer sobre Los poetas de la colonia y de la revolución. El material sirvió para su primer libro, publicado cuando aún no cumplía veinte años.
    En La vida y la historia Basadre recuerda que simultáneamente otro grupo creó el Seminario de Filosofía, en el que también participaba. Querían demostrar a los sectores conservadores dentro y fuera de la Universidad que era falso eso de que hacían huelgas por la Reforma debido a que no querían estudiar.
    Ya para entonces, Sánchez se desempeñaba como secretario del director de la Biblioteca Nacional, Dr. Alejandro Deustua. Porras y Basadre, me lo contó este último, trabajaban hasta los domingos por una propina en la Biblioteca fundada por el general José de San Martín. Ya entonces catalogaban, estudiaban y fichaban libros, folletos y periódicos. Después, debido a la lucha por la Reforma Universitaria, San Marcos sufrió su primera clausura del siglo. LAS presentó, en julio de 1920, su tesis La Literatura Peruana. El doctorado correspondiente sólo pudo obtenerlo en 1922, debido al receso de San Marcos. Hugo Vallenas, estudioso de la historia aprista, acaba de exhumar ese trabajo juvenil, cuya edición aparece ahora bajo el sello del flamante Instituto Luis Alberto Sánchez.
    En los años veinte, a la par que continúa estudios que le merecerán el doctorado en Historia, Filosofía y Letras, LAS se gradúa de abogado e inicia, en 1921, su carrera como periodista. Lo hace en las páginas de la revista Mundial.
    Allí emprende, en febrero de 1927, su primera polémica célebre. Lo hace en respuesta a la propaganda indigenista emprendida por Luis E. Valcárcel y algunos escritores cusqueños. La contienda encuentra como contrincante central a José Carlos Mariátegui, quien, sin embargo, no es ni se considera un indigenista.
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    Con García lo unió, pese a todo, la disciplina.

    LAS plantea, frente a los indigenistas, la idea de un "totalismo" peruano. La verdad es que había indigenistas extremos, como Luis E. Valcárcel, que en cierto modo incurrían en un racismo al revés. Mariátegui supo deslindar con esa corriente. "Los `indigenistas' auténticos", escribió, "colaboran, conscientemente o no, en una obra política y económica de reivindicación, no de restauración ni de resurrección."
    Por momentos, la polémica Mariátegui-Sánchez adquirió un tono candente. Pero, como lo confirman todos los hechos, eso no condujo a una ruptura de la amistad entre ambos protagonistas.
    Grandes conmociones cívicas sacudían a los jóvenes intelectuales peruanos de esa etapa. En primer lugar, la prisión y el destierro de Haya de la Torre. Luego el reeleccionismo de Leguía. Mariátegui, que había regresado al Perú en 1923, inicia su prédica socialista, funda Amauta y organiza un partido marxista y la Confederación General de Trabajadores del Perú.
    Se produce luego, en 1927, la ruptura entre Mariátegui y Haya, pues este último postula la creación de un partido de frente único, el Apra, ajeno a la Internacional Comunista.
    La dictadura reeleccionista de Leguía cae en agosto de 1930, debido en parte al crash de la Bolsa de Nueva York, de setiembre de 1929, que provoca una crisis mundial y, entre otras cosas, deja sin mercado a los minerales que el Perú exportaba. La oposición política y la crisis económica conducen al pronunciamiento militar del comandante Sánchez Cerro.
    Fallecido Mariátegui el 16 de abril de 1930, el partido por él fundado queda en manos de Eudocio Ravines, que era, a diferencia de Mariátegui, un dogmático y, además, un sectario. Propugna la creación de las repúblicas quechua y aymara, y la instauración inmediata de los soviets.
    El Apra crece vertiginosamente, a la espera de su líder e ideólogo, Haya de la Torre, que regresa en 1931, para postular a la presidencia de la República. Trae Haya un mensaje de revolución agraria y antiimperialista, y una oratoria a la par inflamada y persuasiva, apuntalada por una doctrina y un programa.

     
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    Fue tres veces rector de la Universidad en la que se forjó. Derecha, único en ponerse de perfil entre sus condiscípulos del Colegio de La Recoleta.

    APRISTA TODA UNA VIDA

    Sánchez ha publicado, en el ínterin, uno de sus mejores libros: Don Manuel, biografía de González Prada, y los dos primeros tomos de su historia de la literatura peruana. ¿Cómo así este intelectual dedicado a la Biblioteca Nacional, y a la enseñanza en San Marcos, en la Deutsche Schule (Colegio Alemán) y en el Liceo Comercial, se vuelve político?
    "Si algo buscaba era la paz", evoca en Testimonio Personal. "Un domingo, el primer domingo de abril de 1931, me hallaba en mi escritorio de la Magdalena, tomando apuntes, redactando un artículo, haciendo algo literario, de pronto una sombra oscureció mi perspectiva. Ante mí, sigilosamente, se había deslizado Alcides Spelucín... Me hizo una propuesta inesperada: `Luis Alberto, vengo a que firmes tu cédula de afiliación al Partido. Anoche tuvimos sesión de Ejecutivo y se acordó aceptar tu inscripción'. Alcides subrayó la palabra `aceptar'. Yo no había solicitado nada. En realidad, el camino para mi afiliación había sido allanado desde que sufriéramos persecución juntos. `Está bien', le dije. `¿Dónde firmo?' `Aquí', me respondió... Firmé. Todo estaba consumado, ya tenía marca. Desde ese momento y hasta ahora, no he cambiado de sello. El que me impuse aquella mañana de abril de 1931, tenía caracteres indelebles. Da testimonio de ello toda mi vida, o, mejor dicho, toda una vida. Amén".

     
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    Libro recién rescatado, escrito a los 19 años.Derecha: Con Haya lo unía la fraternidad forjada en la tormentosa lucha por la Reforma Universitaria.

    AÑOS DE BARBARIE

    Ese mismo año, en octubre, fue elegido miembro de la Asamblea Nacional Constituyente. Poco después, el 15 de febrero de 1932, los 23 miembros de la banca aprista fueron expulsados. Por la fuerza. Sánchez se paró sobre su curul con un revólver en la mano. Era inútil. La soldadesca tenía orden de apresar y deportar a todos los constituyentes apristas, entre ellos al futuro mártir Manuel Arévalo, respetado líder sindical azucarero.
    Sánchez Cerro desata una cruel tiranía, que dará pie, el 15 de julio de 1932, a una insurrección aprista en Trujillo.
    Sánchez inició su primer destierro en Chile. Más tarde trabajaría allí como periodista y traductor. Y seguiría publicando libros, y dictando conferencias y lecciones en varios países de América Latina, y en Estados Unidos.
    En 1945, regresa al Perú y es elegido senador. Pero el golpe de Manuel A. Odría, en 1948, lo devuelve al destierro. En esos años publica Haya de la Torre y el Apra, uno de sus varios libros indispensables para conocer la historia del aprismo.
    En 1956, tras la restauración de la constitucionalidad, vuelve al Perú y gana una senaduría. En esa etapa publica Perú: retrato de un país adolescente, que él considera uno de sus mejores libros.
    LAS fue elegido rector de San Marcos tres veces, en 1946, en 1961 y en 1966. En su último rectorado es combatido ardorosamente por una izquierda marxista estudiantil que ha crecido bajo el influjo de la Revolución Cubana. De 1969 es su Valdelomar o la belle époque, uno de sus libros más cuajados, como lo es Aladino o vida y obra de José Santos Chocano.
    Lo demás es historia reciente. Opositor del régimen de Juan Velasco, fue presidente interino en la Asamblea Constituyente de 1979, en reemplazo de Haya de la Torre.
    Asistió más tarde al surgimiento del primer régimen aprista de nuestra historia, bajo la presidencia de Alan García. Aprista disciplinado, LAS fue hasta presidente del Consejo de Ministros en ese período. Pero su lealtad partidaria no ofuscó su sentido crítico.
    La obra de LAS como crítico literario y polemista político ha sido sometida a rigurosa criba. A medida que pasaban los años y se enfrascaba en la prisa política, crecía el número de sus errores en nombres y fechas. Más tarde lo enturbió la ceguera.
    En un libro póstumo Sobre la herencia de Haya de la Torre hay una crítica severa del neoliberalismo y un descarnado examen de la etapa presidida por Alan García: "la práctica gubernamental del período 1985-1990 no guardó empatía alguna" (con los fundamentos del aprismo), expresó allí. También eso forma parte del legado de este hombre a veces tan contradictorio como el Apra misma.


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