Edición Nº 1640

 

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    12 de Octubre de 2000

    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    La Maldita Mamadera

    PROFESIONALISMO por delante. Me piden de la Dirección que, pucha, o sea, comente el episodio de Martucha, ag, con esa señora que la llamó por teléfono a decirle zamba canuta a ella y a la bebe y te lo juro, o sea, si lo que Zileri está buscando es que yo haga escarnio de una respetable congresista (con la que tengo mis diferencias, eso sí para qué) y la vuelva árbol caído (la pobre parece uno de esos arbustos de laurel que languidecen en las entradas de los pueblos jóvenes de Vitarte), pues renuncio a Caretas y me voy a vivir a Venecia, donde está mi verdadero yo, en el fondo de las aguas.
    Voy a comentar, sí, un episodio como ése, hija, tan interesante en nuestro quehacer pero, pucha, lo voy a abordar como psicoanalista y no bajo la imposible hipótesis de que yo fuera una peruana que se muere de ganas de llamar a Martucha, ag, tres veces al día -como cucharada- para decirle por el teléfono chola cara de poto, yo sé que tú me entiendes. Así que ahí va una interpretación freudiana-kleiniana de lo que le pasó a Martuchona, ag, que dicho sea de paso, pucha, no sé por qué le ha crecido tanto la cabeza, cada vez más cuando está parada parece un cucharón de fresco la pobre, y con esto doy por terminadas mis opiniones subjetivas por hoy.
    Mira, ¿qué puede pasar con una persona que se psicotiza cuando le entra un mensaje telefónico en el que le dicen "Maldita, se te va a acabar la mamadera"? Horrores de posibilidades. La primera que se me ocurre es que Martucha, ag, debe haber sido muy pequeña (y horrible, llena de pelos) cuando la destetaron y seguro que lo hicieron porque debe haber mirado a su madre-seno con su ojito abollado y su boquita en forma de piquito de tetera de fierro enlosado del mercado de Jesús María, con tal fruición de fujimorona insaciable, que cualquier persona en esa situación, por más madre que sea, pucha, pone por delante su supervivencia y juá, le clavaron su mamadera a la bruja.
    Entonces, o sea, en ese momento en el inconsciente de Martuchíbiris, ag, (si es que tiene inconsciente, yo pienso más bien que tiene inconsistente, que no es lo mismo) se creó una sed de venganza del tamaño de la concha de Kouri, por decir algo, y ahí se produjo una síntesis traumática entre esa experiencia y su inmediata asociación con el chupón de la teta artificial.
    ¿Qué resultó de todo ello?: que apenas la pendeja pudo, pucha, se puso a chuponear los teléfonos de toda la oposición, con lo que queda demostrado que Freud era un genio, ¿no te parece?
    Ahora bien, pucha, las cosas no son tan simples. ¿Por qué Martucha, ag, lloró como un saurio abandonado en el pantano esa mañana en su casa cuando, o sea, dio la conferencia de prensa sentada en su comedor de muebles Danny, con un vitral detrás color rosado bubble gum y un prendedor en la solapa derecha en forma de hojas de pino en la chafalonía más impune que estos mis ojos han tenido que ver a lo largo de mi breve pero fructífera experiencia vital? Pues porque eso de "maldita" la debe haber remontado a otro momento de su infancia, probablemente aquel de su kindergarten, no sabes lo que fue.
    A mí me ha contado mi masajista -que va también donde la vieja Hildebrandt y parece que basta con que a la ogresa le estimulen los aductores para que se vaya de boca-, que todo el Congreso sabe que Martucha, ag, fue a un nido de su barrio (Lince, por Risso, yo escogería esa zona de Lima para suicidarme) llamado La Hormiguita Viajera. Bueno, resulta que en su mismo salón había una japonesita que nunca pudo entender que la otra se llamaba Martha y le decía Malta, de donde derivó a Maltita y de ahí, pucha, con la cara que tenía (igualita a la de hoy, pero en un cuerpo de setenta centímetros) terminó en Maldita en menos de lo que canta un gallo, creo que es claro. De ahí, te imaginarás, su obsesión tanto con la palabra como con los japoneses, hija de la que no voy a hablar porque me termino agarrando la página de Elmore y hasta la sección Amenidades.
    Bueno, hija, como consecuencia de una historia de neurosis tan monga y aburrida, bueno, resulta que la pobre mujer que se lanzó por el celular, resulta que ahora es una criminal. Por eso yo desde acá quiero mandarle un mensaje de buena vecina a Martucha, ag, y decirle que haga un poco de introspección y no pare culpando a los demás por tener traumas tan poco simpáticos. Yo conozco, Martucha, ag, un consultorio psicológico comunitario, baratísimo, no sabes, que tienen unas practicantes de la Católica en el Psicopedagógico de la universidad. Ahí vas, hablas, nadie juzga la mediocridad de tus neuras (porque están practicando las chicas y tienen que aprender de todo) y si la sabes hacer, pucha, hasta te aplican un Rochard y ya vas a ver lo que llevas dentro. Mientras tanto, pucha, tómate un Mogadón con whisky, es regio, hasta yo lo hago cuando entro en trompo. Bueno, Zileri, ¿satisfecho? Ahora paga. Chau, chau (Rafo León).

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