Edición Nº 1640

 

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    12 de Octubre de 2000
    Por AUGUSTO ELMORE

    UNO abre el periódico en la mañana y siente a veces que no podrá tomar el desayuno. Como el sábado pasado en el que los titulares lo decían todo: "Sala judicial absolvió a regidor implicado en la falsificación de firmas". Y otro, en la misma primera página: "Desactivación del SIN se frena por seguridad" (¿seguridad de quién, de Montesinos?). Y uno tercero: "Admiten que oficiales EP viajaron con Montesinos (volaron a Panamá con ex asesor porque estaban de vacaciones"). ¡Cómo diablos tomar luego el café de la mañana, si en las páginas interiores nos enteramos que Revilla (el inefable Anselmo) será cabeza del grupo que investigará a Alberto Kouri! Con tanta mecedora, imposible tomar el desayuno tranquilo.

    Todo sirve en este mundo: la llamada telefónica de una señora a la congresista Martha Chávez en la que le informaba que pronto se le va a acabar la mamadera (se referiría probablemente a los numerosos viajes de los que ha venido gozando), sirvió para dos cosas. La primera, saber que hay quienes en este país ya no soportan más y, segunda, enterarnos de que, como los ricos, las piedras también lloran.

    Conversación plausible luego de la aparición del vídeo (ya sabemos cual): ¡Vladi, ¿y ahora qué hacemos?! -Calma, Chino, tú di que hay amenaza de golpe. Total a los comunicados de la Fuerza Armada, como tú sabes, hace tiempo que nadie les cree. Yo me voy y todo sigue igual, para eso se inventó el celular.

    (Los primeros que no creyeron para nada los dos comunicados de la Fuerza Armada peruana fueron los caídos del palto de los Presidentes latinoamericanos. Y Gaviria, el paltadazo del año).

    El domingo pasado cometí un atentado contra mis buenas costumbres: me puse a ver, por contados minutos, el programa `Contrapunto' del Canal 2, especie de cloaca que el Gobierno utiliza para sus fines más oscuros. Allí presentaban a una persona a la que calificaron como "analista político norteamericano", de nombre sumamente revelador, James Small (o sea pequeño), que aventuró una tesis asombrosa, hecha a la medida de no sé quién (¿el asesor?): El golpe de Estado en el Perú no lo estaría a punto de efectuar la Fuerza Armada sino la OEA. Sí, ¡la OEA! con eso de darle plazos al Gobierno para efectuar los cambios democratizadores. No sé de dónde los hermanos Winter consiguieron un analista político norteamericano de esa talla (small). Digamos que a la medida.

    No creí que en estas circunstancias Fujimori iba a atreverse a hablar sobre Grau -su opuesto moral- con motivo de la ceremonia conmemorativa del 8 de octubre. Aparte de decir Angamo (sic) con su particular estilo oriental, el protector de Montesinos tuvo el coraje, hay que reconocerlo, de referirse a Grau como paradigma de conducta. Esforzando el concepto, fue como mencionar la soga en casa del ahorcado. El nombre de San Francisco en Wall Street.

    Fujimori aseguró que en la desactivación del SIN no iba a haber paso atrás. Pero no dijo lo que planea: tampoco ni uno solo adelante.

    La señora congresista María Jesús Espinoza, quien nadie sabe por qué parece conducir un programa en Canal N, antes de entrevistar a diversos juristas acerca del Poder Judicial, reveló su cultura política refiriéndose a Martin Luther King como "el famoso líder negro de los Estados Unidos que libertó a los negros". ¡Vaya! ¿Y qué hizo Lincoln?

    El señor Ronald Dobrydnio me escribe en inglés desde Estados Unidos amargo por mis comentarios acerca de que me llamaba la atención que Lori Berendson, cuando fue detenida, no hubiera sido esposada, tal como en su país ocurre con cualquier ciudadano -y en especial negros e hispanos- por la más insignificante infracción de tránsito, comentario que dicho señor considera gruesamente insultante. Negando que esto ocurra en forma discriminada con los ciudadanos de dicho origen (pese a la multitud de vídeos en los que ha quedado grabado el maltrato que éstos sufren de parte de los representantes de la ley, en especial en ciertos estados de Norteamérica), mi interlocutor afirma que cuando allí se comete una simple violación de tránsito el autor de la misma es meramente obligado a detenerse, se le exige su licencia y registro y se le extiende una papeleta, y nada más. Pues conozco el caso de una turista peruana que interceptada en una carretera de Miami -sin haber cometido falta alguna que pudiera justificarlo-, al mostrar una licencia que el policía consideró no válida, tras obligarla a bajar del auto, fue esposada con las manos a la espalda, conducida a una comisaría y detenida allí en una celda por casi 24 horas, hasta conseguir quién la saque del aprieto. Es un caso verídico, y no una suposición aventurada del autor de esta página.

    Pero eso no es lo relevante en la carta del señor Dobrydnio, porque lo que él hace en verdad es sumarse al lobby en favor de Lori Berenson, pese a señalar que ignora lo que Oprah Winfrey divulgó en su programa en defensa de ésta, denigrando al Perú como país y no sólo a su cuestionadísima justicia militar (con lo que quien escribe hubiese estado de acuerdo). Lo he dicho en numerosas ocasiones: considero que la joven Berenson fue condenada en forma por demás desproporcionada, pero -aunque ello no justifique en forma alguna el castigo- fue ella misma la que contribuyó a empeorar su caso al aparecer ante la televisión mostrándose como una fanática rabiosa, muy diferente a la niña dulce y voluntariosa que describen sus padres en sus recuerdos. El grupo al que perteneció (al suscrito no le cabe la menor duda de ello) solía captar adeptos entre jóvenes incautos e idealistas, a quienes complicaba en sus acciones, causando muerte y sufrimiento a centenares de inocentes. Si la así llamada justicia militar aplicaba procedimientos que repugnan, también lo hicieron los emerretistas que de haber vencido hubiesen sido igual o peor de duros. ¿De qué pudieron haber acusado a un hombre bueno como el minero David Ballón Vera para asesinarlo vilmente, después de tenerlo secuestrado en una covacha inmunda haciéndolo perder la mitad de su peso? Nada más. Ojalá que no tenga que ocuparme otra vez del asunto.

     

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