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12
de Octubre de 2000 |
Por
AUGUSTO ELMORE |
UNO abre el periódico en la mañana y siente a veces
que no podrá tomar el desayuno. Como el sábado pasado en
el que los titulares lo decían todo: "Sala judicial absolvió
a regidor implicado en la falsificación de firmas". Y otro, en
la misma primera página: "Desactivación del SIN se frena
por seguridad" (¿seguridad de quién, de Montesinos?). Y
uno tercero: "Admiten que oficiales EP viajaron con Montesinos (volaron
a Panamá con ex asesor porque estaban de vacaciones"). ¡Cómo
diablos tomar luego el café de la mañana, si en las páginas
interiores nos enteramos que Revilla (el inefable Anselmo) será
cabeza del grupo que investigará a Alberto Kouri! Con tanta mecedora,
imposible tomar el desayuno tranquilo.
Todo sirve en este mundo: la llamada telefónica de una señora
a la congresista Martha Chávez en la que le informaba que pronto
se le va a acabar la mamadera (se referiría probablemente a los
numerosos viajes de los que ha venido gozando), sirvió para dos
cosas. La primera, saber que hay quienes en este país ya no soportan
más y, segunda, enterarnos de que, como los ricos, las piedras
también lloran.
Conversación plausible luego de la aparición del vídeo
(ya sabemos cual): ¡Vladi, ¿y ahora qué hacemos?!
-Calma, Chino, tú di que hay amenaza de golpe. Total a los comunicados
de la Fuerza Armada, como tú sabes, hace tiempo que nadie les cree.
Yo me voy y todo sigue igual, para eso se inventó el celular.
(Los primeros que no creyeron para nada los dos comunicados de la Fuerza
Armada peruana fueron los caídos del palto de los Presidentes latinoamericanos.
Y Gaviria, el paltadazo del año).
El domingo pasado cometí un atentado contra mis buenas costumbres:
me puse a ver, por contados minutos, el programa `Contrapunto' del Canal
2, especie de cloaca que el Gobierno utiliza para sus fines más
oscuros. Allí presentaban a una persona a la que calificaron como
"analista político norteamericano", de nombre sumamente revelador,
James Small (o sea pequeño), que aventuró una tesis asombrosa,
hecha a la medida de no sé quién (¿el asesor?): El
golpe de Estado en el Perú no lo estaría a punto de efectuar
la Fuerza Armada sino la OEA. Sí, ¡la OEA! con eso de darle
plazos al Gobierno para efectuar los cambios democratizadores. No sé
de dónde los hermanos Winter consiguieron un analista político
norteamericano de esa talla (small). Digamos que a la medida.
No creí que en estas circunstancias Fujimori iba a atreverse a
hablar sobre Grau -su opuesto moral- con motivo de la ceremonia conmemorativa
del 8 de octubre. Aparte de decir Angamo (sic) con su particular estilo
oriental, el protector de Montesinos tuvo el coraje, hay que reconocerlo,
de referirse a Grau como paradigma de conducta. Esforzando el concepto,
fue como mencionar la soga en casa del ahorcado. El nombre de San Francisco
en Wall Street.
Fujimori aseguró que en la desactivación del SIN no iba
a haber paso atrás. Pero no dijo lo que planea: tampoco ni uno
solo adelante.
La señora congresista María Jesús Espinoza, quien
nadie sabe por qué parece conducir un programa en Canal N, antes
de entrevistar a diversos juristas acerca del Poder Judicial, reveló
su cultura política refiriéndose a Martin Luther King como
"el famoso líder negro de los Estados Unidos que libertó
a los negros". ¡Vaya! ¿Y qué hizo Lincoln?
El señor Ronald Dobrydnio me escribe en inglés desde Estados
Unidos amargo por mis comentarios acerca de que me llamaba la atención
que Lori Berendson, cuando fue detenida, no hubiera sido esposada, tal
como en su país ocurre con cualquier ciudadano -y en especial negros
e hispanos- por la más insignificante infracción de tránsito,
comentario que dicho señor considera gruesamente insultante. Negando
que esto ocurra en forma discriminada con los ciudadanos de dicho origen
(pese a la multitud de vídeos en los que ha quedado grabado el
maltrato que éstos sufren de parte de los representantes de la
ley, en especial en ciertos estados de Norteamérica), mi interlocutor
afirma que cuando allí se comete una simple violación de
tránsito el autor de la misma es meramente obligado a detenerse,
se le exige su licencia y registro y se le extiende una papeleta, y nada
más. Pues conozco el caso de una turista peruana que interceptada
en una carretera de Miami -sin haber cometido falta alguna que pudiera
justificarlo-, al mostrar una licencia que el policía consideró
no válida, tras obligarla a bajar del auto, fue esposada con las
manos a la espalda, conducida a una comisaría y detenida allí
en una celda por casi 24 horas, hasta conseguir quién la saque
del aprieto. Es un caso verídico, y no una suposición aventurada
del autor de esta página.
Pero eso no es lo relevante en la carta del señor Dobrydnio, porque
lo que él hace en verdad es sumarse al lobby en favor de Lori Berenson,
pese a señalar que ignora lo que Oprah Winfrey divulgó en
su programa en defensa de ésta, denigrando al Perú como
país y no sólo a su cuestionadísima justicia militar
(con lo que quien escribe hubiese estado de acuerdo). Lo he dicho en numerosas
ocasiones: considero que la joven Berenson fue condenada en forma por
demás desproporcionada, pero -aunque ello no justifique en forma
alguna el castigo- fue ella misma la que contribuyó a empeorar
su caso al aparecer ante la televisión mostrándose como
una fanática rabiosa, muy diferente a la niña dulce y voluntariosa
que describen sus padres en sus recuerdos. El grupo al que perteneció
(al suscrito no le cabe la menor duda de ello) solía captar adeptos
entre jóvenes incautos e idealistas, a quienes complicaba en sus
acciones, causando muerte y sufrimiento a centenares de inocentes. Si
la así llamada justicia militar aplicaba procedimientos que repugnan,
también lo hicieron los emerretistas que de haber vencido hubiesen
sido igual o peor de duros. ¿De qué pudieron haber acusado
a un hombre bueno como el minero David Ballón Vera para asesinarlo
vilmente, después de tenerlo secuestrado en una covacha inmunda
haciéndolo perder la mitad de su peso? Nada más. Ojalá
que no tenga que ocuparme otra vez del asunto.
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