Edición N 1641

 

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    ARTICULO

    19 de Octubre de 2000

    Expediente Montesinos
    La Amenaza de Whitembury
    La historia del ex capitán de Policía Félix López quien, durante años, sufrió el acoso del comandante Jorge Whitembury, un socio y aliado de Vladimiro Montesinos.

    Capitán Félix López: recuerdos ingratos frente al edificio La Costa d'Oro de San Isidro. En el piso nueve arrestó, hace 24 años, a Jorge Whitembury.

    La telaraña urdida por Vladimiro Montesinos Torres en los últimos 10 años incluía a algunos viejos amigos suyos. Uno de ellos era -y es- el comandante (r) Jorge Whitembury, a quien conoció en 1976, cuando los dos purgaban prisión en un cuartel militar. Posteriormente, el ex asesor ofició de abogado de este oficial en un caso por narcotráfico y es allí donde ambos fraguaron una venganza contra el capitán de la Policía de Investigaciones Félix López Jiménez, cuyo único pecado había sido investigar. Esta es la historia de esa amenaza cumplida, que recayó sobre todo en Ana María, la hija del efectivo policial.

    "No sabes con quién te has metido, pronto sabrás de mí..", decía en tono amenazante el entonces comandante EP Jorge Whitembury Rebaza al entonces capitán PIP Félix López Jiménez en el l2º Juzgado de Instrucción que despachaba el juez Jesús Betancourt Runzer. Era setiembre de l976 y, un mes antes, López había dirigido el operativo de captura contra el militar en el noveno piso del edificio La Costa d´Oro de San Isidro.
    A Whitembury se le vinculaba con uno de la capos de la mafia de esa época, Alfonso Rivera Llorente, quien nunca fue ubicado. López, un detective acostumbrado al riesgo, no se inmutó por la amenaza, pero pidió que ésta quede registrada en el expediente. No fue sino hasta dos años después, en 1978, cuando en la audiencia oral del II Tribunal Correccional conoció a Vladimiro Montesinos Torres, que estas bravatas se convirtieron en algo más serio.
    Montesinos hacía entonces sus pinitos como abogado defensor (en ese momento de Whitembury), pero ya se ufanaba de sus influencias. En plena audiencia, se dirigio a López y le espetó que había fraguado documentos y hasta que se había apoderado de los enseres incautados en la intervención de 1976. Añadió que López quería cobrar por dejar en libertad a su patrocinado y que debería ser, por eso, denunciado y castigado.
    El libreto de la defensa era similar a lo que pregonaba el mismo Whitembury, tal como está consignado en el libro de Alfonso Baella Tuesta titulado "El secuestro". El teniente coronel declaraba que había sido "víctima de una conjura, del poder invisible del SIN, cuyo personal quiere beneficiarse con l6 millones de soles...". Y en tono dramático añadía: "Yo soy inocente... Esto es atroz... Puedo ver truncada mi carrera militar...".
    Montesinos y Whitembury eran amigos de infortunio. Se habían conocido en 1976, en la prisión del cuartel de Pueblo Libre, cuando el ex asesor estaba preso por "falsedad y desobediencia", luego de haber fraguado la firma del general Morales Bermúdez para viajar a Estados Unidos. Ambos comulgaban con la misma idea de ser víctimas de una conjura militar, aun cuando los hechos demostraban lo contrario.
    El "Doc" (atrás con círculo) en acción durante el juicio al comandante Whitembury (1978). Desde entonces, Montesinos ya era un maestro de la intriga y sacaba pecho por sus presuntas influencias. Whitembury fue acusado de complicidad con el narcotraficante Alfonso Rivera Llorente.


    Whitembury, antes de caer en prisión (estuvo recluido por tres años), había sido Jefe de Relaciones Públicas del Ejército, pero cuando le sobrevino la acusación lo perdió todo, incluso el uniforme. López, por su parte, nunca pensó que los incidentes que vivió junto a él en el Palacio de Justicia marcarían su vida futura, así como la de su hija, Ana María López Flores, quien cargaría con falsas acusaciones por terrorismo(ver recuadro).
    A inicios de agosto de 1976, este oficial de la Policía estaba trabajando en el SIN, que quedaba ya en Las Palmas. López, por cierto, recuerda que entonces el personal de dicha institución no pasaba de las 300 personas, de las distintas armas y de la Policía. "Todos eran rigurosamente seleccionados -cuenta-, se daban exámenes. No era como ahora que en el SIN está lleno de tipos serviles".
    Fue en esa época que le encomendaron la misión de vigilar el mencionado edificio de San Isidro, pues se sabía que en ese lugar se estaba tramando una conjura contra el gobierno del entonces presidente Francisco Morales Bermúdez. López hizo vigilancia con su gente por varios días y cuando decidió ingresar al edificio tuvo un primer encuentro con Whitembury.
    Este le pidió su identificación, pero López le respondió: "Quién es usted para que yo me identifique... Soy veterinario y he venido por una consulta..". Whitembury no creyó en esas palabras y se retiró al noveno piso. Entonces López comunicó el incidente a su jefe, el entonces mayor Germán Ruiz Trigo.
    A la media hora llegó un contingente del SIN, rodeó el edificio y procedió a la intervención.
    Luego de varias horas de intervención, en la cual se encuentran numerosos relojes de contrabando, Whitembury es puesto en libertad por orden del entonces jefe del SIN, general Juan Schrot Carlín.
    López recuerda haber recibido insinuaciones para que abandonara el caso, algo que nunca aceptó. También recuerda que, ese día, Whitembury, antes de salir del departamento le dijo: "yo soy militar de élite...". El le respondió: "yo soy policía de élite".
    Ana María López, hija del capitán López, hoy difunta, junto a su esposo Rodolfo Noriega y su hijo. Se le acusó falsamente de terrorismo y pasó dos años en prisión, a pesar de padecer cáncer.


    Cuando en 1990, Alberto Fujimori asumió la Presidencia de la República, López estaba en la DIRCOTE. Era Coronel y sabía de la presencia de Montesinos en los alrededores del poder. También que Whitembury concurría al SIN y que ambos se reunían. Poco después, en 1992, pasó al retiro, mientras ejercía el cargo de Inspector en la DIRCOTE.
    En noviembre de 1998, Rodolfo Noriega Caro, yerno de López (casado con su hija Ana María López), presentó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos una denuncia en la que describe cómo su suegro, su esposa y demás familiares sufrieron la persecución de Montesinos.
    Ocurre que, desde que a comienzos de la década de 1990, Rodolfo Noriega y Ana María López se ocuparon de defender a personas falsamente acusadas de terrorismo, sufrieron un acoso que terminó con el encarcelamiento de ambos el 21 de enero de 1995. Noriega salió pronto, pero su esposa estuvo presa hasta 1997, en que fue indultada por razones humanitarias, ya que sufría de cáncer terminal.
    Ahora, Noriega, y su abogado Miguel Antonio Bernal, han pedido al Procurador de Panamá, Juan Antonio Sosa, el arresto de Montesinos por persecución, tortura y encarcelamiento con pruebas falsas. También piden que se anule su solicitud de asilo político, así como su enjuiciamiento y la congelación de todas sus cuentas bancarias. En suma, piden algo de justicia que nunca reparará la venganza que la familia López sufrió durante años.


    Hasta el Final

    Acoso a familia de capitán López siguió hasta la muerte de su hija.

    LA abogada Ana María López, hija del coronel Félix López, se especializó en Derechos Humanos. Ella y su esposo Rodolfo Noriega fueron los primeros en denunciar la matanza de los estudiantes de La Cantuta e investigaron el caso Barrios Altos.
    A raíz de sus denuncias fueron amenazados de muerte y el 21 de enero de l995 fueron detenidos y acusados de terrorismo. Noriega salió libre despues de estar l2 días en la DINCOTE, pero ella fue torturada y, a pesar de tener un cáncer avanzado, quedó detenida y acusada de traición a la patria.
    Noriega siguió amenazado y no tuvo más alternativa que viajar a Chile con su hijo, donde el ACNUR (Alto Comisionado de de las Naciones Unidas para los Refugiados) lo reconoció como refugiado.
    Ana María fue sindicada por varios arrepentidos de ser mienbro activa de Socorro Popular, un organismo de apoyo a Sendero Luminoso, y de haber firmado una carta de sujeción al grupo maoísta, de la que, sin embargo, sólo se encontró una fotocopia.
    En 1997, por consideraciones humanitarias, fue indultada. Entonces viaja a Chile a reunirse con su esposo, pero muere a raíz de su enfermedad en noviembre de 1998.


     

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