Edición Nº 1641

 

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    19 de octubre de 2000

    Por LORENA TUDELA LOVEDAY
    Pucha Más
    Verdaderos Delitos
    AY, el otro día estuve en los caballos de paso en Mamacona, hija, y me encontré con tooooooodo el mundo, no saaaaabes. Lo mejor vino cuando yo me estaba bajando de mi yegua Gamboa (le puse así porque es caderona y cochina pero más leal que Carmen Losada a Fujimori), toda yo vestida de amazona trujillana de 1896, con una blusa original de mi bisabuela Manuela Ganoza Tudela de Chopitea, cuando en eso se me acerca Manuel Cillóniz, hija, uno de mis primos favoritos y lo es, primero porque, o sea, chapa riquísimo y segundo, porque siempre fue súper responsable para con nuestro país y pudiendo haberse dedicado el resto de la existencia a rascarse los churumbeles, con tanta plata que venía de la hacienda, no, él estudió agronomía en la Agraria y claro, o sea, el que ahora venda remedios de consultorio en consultorio no es sino un indicador de que la vida es como un caracol: hay que ir despacio pero con concha, yo sé que tú me entiendes.
    Bueno, hija, qué me iba a imaginar que en ese momento, pucha, habría yo de enterarme de algo mil veces más grave que lo del vídeo del monstruo asesino sátrapa cabrón caradura malparido asesino criminal (y siguen todos los insultos que antes le ponía a Alan García) del Montesinos con el palestino mal concebido del Kouri; y hasta peor todavía que el tráfico de armas en el que anda metida hasta las horribles mechas horquilladas Martucha, ag. No sabes, estoy aterrada por lo que aquí te voy a revelar, pero no me queda otra, el Perú está primero. Ya después me asilaré en la Embajada de los Países Bajos porque hace horrores de tiempo que no paso por Amsterdan.
    Bueno, qué crees que me cuenta Manuel: que cuando él era estudiante en La Molina, pucha, tuvo de profesor de matemáticas a un japonés que apenas articulaba cuatro palabras seguidas en castellano y nadie daba medio por él y nadie dará jamás medio por él y yo sé que tú me entiendes. Pero, bueno, eso ya lo sabemos todos. Lo nuevo es que la secretaria de el sitio ése donde te ponen las notas en la Agraria, era ni más ni menos que la gorda Salgado, muy conocida como "la veinte dólares". ¿Por qué? Bien fácil: porque por un billete de esa cantidad, te cambiaba la nota en el registro, al punto que a mi propio primo (que será muy visionario pero no rebuzna porque no practica), le subió la nota de Forestales de 01 a 19 y la de Batracios y Serpientes de 00 a 18, y se las dejó las dos en 35 dólares ¡Que venga la OEA!
    Pero eso no es nada. ¿Sabes tú quién era el encargado en esa misma época de cuidar jardines de la universidad? Absalón. Por eso, pucha, una lo ve e inmediatamente se acuerda del jardinero, no por racismo ni por otra cosa. Bueno, según Manuel, pucha, si te provocaba salir a caminar por los sembríos después del almuerzo, pucha, tenías que cuidarte porque era fijo que se te desaparecía la billetera o la cadenita del cuello. Ahí dicen que surgió el apodo que Absalón arrastra, pobre, hasta hoy entre quienes lo conocen desde aquella época: pirañita. ¡Latorre, qué esperas que no intervienes!
    Por eso, hija, es que estamos como estamos. Todos estos fenómenos que están en el gobierno han nacido ontogenéticamente corruptos, cutreros, feos y horribles. Mira tú nomás si Anselmo Revilla en sí mismo -mit sein- no es un prevaricato con trinches. Yo lo metería a la Carceleta del Palacio de Justicia de por vida por el sólo hecho de ser tan repulsivo. Pero lo peor, hija, es que hay otros que pudiendo haber seguido su destino, se han contagiado y se han vuelto fundilleros y pecorientos, sin consideración alguna a lo patricio de sus familias y please, no me hagas hablar más de esto porque ahí sí que me tendría que asilar en la Embajada de Mi Propia Conciencia qué más te puedo decir. Por eso, hija, no hay que hacerse ya más expectativas frente al futuro de este país, porque te digo, hay polladas de las que nunca sales igual a como entraste, y aunque te suene apodíctico, yo sé por qué te lo digo. Ya, me voy a mi asilo antes que me cierren la embajada, porque los holandeses son de puntuales. Chau, Chau. (Rafo León).

     

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