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Edición Nº 1643 |
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La Fiesta Del Medio
Siglo
COMO en las mejores tardes taurinas, el pasado viernes 27 la bicentenaria
y majestuosa Plaza de Acho sintió la remecida de un lleno total.
CARETAS realizó la mejor de sus faenas y congregó a un impresionante
número de políticos, periodistas, intelectuales, diplomáticos,
artistas, empresarios y espontáneos amigos para festejar, por todo
lo alto, la fecha más significativa de su historia. A las 8 en
punto de la noche y aun un poco antes, los invitados fueron colmando el
patio principal -entrada Sombra- esperando se corten rabos y orejas.
Asimismo, estuvieron el embajador de Estados Unidos, John Hamilton, el de Finlandia Mikko Pyhälä y el muy bailarín embajador del Perú en Panamá, Alfredo Ross Antezana, entre otros. También llegaron, puntuales y festivos, Luis Bedoya Reyes, Alfonso Grados Bertorini, Alejandro Toledo, Vitocho García Belaunde, Fernando Olivera, Anel Townsend, Lucho Solari, Cecilia Tait, Cecilia Martínez, Fernando Altuve, Armando Villanueva del Campo, Alfredo Barnechea, Max Hernández, Pancho Sagasti, Javier Silva Ruete, Uriel García, Miguel Cruchaga, Felipe Ortiz de Zevallos, Ricardo Belmont, Fernando Ampuero, el poeta Toño Cisneros, Raúl Vargas, Paco Igartua, Bernardo Roca Rey, Alejo Miró Quesada, Chicho Mohme, Mocha Graña, Beatriz Merino, el pintor Carlos Revilla, Mónica Zevallos y Jimmy Arteaga y muchos, muchos más. Antes de la medianoche, Enrique Zileri Gibson, director de la revista,
tomó el micro y la batuta de Santiago Silva para saludar y agradecer
a los invitados. Inmediatamente después, dirigió la mirada
de todos los asistentes hacia los fuegos artificiales que irrumpieron
desde el Cerro San Cristóbal. Bartola, por su parte, cantó
y encantó con el famoso "Señó Manué" de Chabuca
Granda. Minutos más tarde, los Yuyachkani, con máscaras
y trajes típicos citadinos se deslizaron por los balcones de la
Plaza para, luego, animar los primeros y nada tímidos pasos de
baile. Solamente el limeñísimo aroma de las vivanderas, que usualmente
se encuentran en la Alameda de Chabuca, pudo detener a los danzarines.
Reconfortantes treguas para deleitar, butifarras, anticuchos y picarones.
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