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ARTICULO
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2
de noviembre de 2000 |
:
¿Fue en Tierra de Nadie?
La Sublevación de OLLANTA

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Teniente
Coronel EP Ollanta Humala Tasso, en atuendo de campaña. Derecha:
Humala (con la flecha) durante una jornada de entrenamiento militar.
Se le conoce como un joven oficial institucionalista, uno de los
líderes de la promoción 1983, la "Centenario de la
Epopeya del Morro de Arica".
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Tras
meses -o años- en los que se hablaba, a media voz, sobre el desencanto
que cundía en los cuarteles, el domingo 29 en la madrugada finalmente
se alzó el telón y apareció en escena el teniente
coronel EP Ollanta Moisés Humala Tasso, un joven oficial que inició
una aventura insurreccional desde el Fuerte Arica de Tacna. Partió
con 50 hombres a su cargo y el general Carlos Bardales -jefe de dicha
guarnición- como rehén, para luego tomar por unas horas
el asiento minero de Toquepala, desde donde enrumbó hacia las serranías
de Moquegua. Al cierre de estas líneas estaría con solamente
7 hombres, mientras en varias ciudades de la región y aun en Lima
se alzaban voces, sobre todo de la calle, apoyándolo. Se trata
de un acto de fuerza difícil de justificar y que cae en un terreno
incierto, pero que encierra un preocupante significado para la estabilidad
política del país y para la salud moral de las Fuerzas Armadas.
TODO empezó en el Fuerte Arica de Locumba (provincia de
Jorge Basadre, departamento de Tacna) a la 1 de la madrugada del domingo
29, cuando un grupo de soldados supuestamente listos para salir de campaña
empezaron a movilizarse. A la 1 y 15, sin embargo, se produjo un cambio
de estrategia.
El teniente coronel EP Ollanta Moisés Humala Tasso (38), acompañado
de su hermano Antauro, un mayor EP en retiro, y de un suboficial, ingresaron
al dormitorio del general de brigada EP Carlos Bardales y lo encañonaron.
Así como estaba (apenas ataviado con un buzo) lo subieron a una
camioneta pick up de color plomo.
No era una impronta cualquiera. Bardales, un miembro de la promoción
1964, la "Sargento Mayor Felipe Antonio Zela", era el jefe de esa guarnición.
Antes, en 1998, había sido Inspector de la VI Región Militar,
cuando ésta se encontraba a cargo del general Juan Yanqui.
LA MARCHA Y LA LLEGADA
Cerca de las 2 de la mañana, partió un convoy conformado
tres vehículos: dos camiones portatropa, cada uno con unos 25 soldados,
y la camioneta ploma, en la que viajaban los hermanos Humala y el general
Bardales como rehén. Enrumbaron hacia el asiento minero de Toquepala,
manejado por Southern Perú.
A eso de las 4 de la mañana llegaron a la garita de Quebrada Honda,
en la vía de ingreso a Toquepala. Se identificaron como mienbros
del EP que habían sufrido una volcadura y dijeron que tenían
soldados heridos. A las 5 y 10 estaban entrando al asiento minero.
Lo primero que hizo el comandante Humala fue ir a la oficina del jefe
de Control Interno de la mina, el ex mayor de la PNP Víctor Fajardo,
a quien le pidió su colaboración. De manera incondicional
por cierto.
Fajardo respondió: "No quiero disparos, no quiero que atenten contra
nadie, no quiero heridos...". Y le entregó la oficina, desde la
cual Humala realizó llamadas telefónicas y faxeó
su comunicado a distintos medios. Desde allí también declaró,
más tarde, para Radio Power de Tacna y Radioprogramas del Perú.
Humala luego le dijo a Fajardo: "Estoy contra la política del Gobierno.
Esto es pacífico, colaboren y no les pasará nada. Necesito
desayunos, l00 ranchos fríos, vehículos y combustible".
El funcionario minero ordenó que se preparen los desayunos: dos
sandwich de jamón y queso y una gaseosa para cada militar.
Ollanta aprovechó también para comunicarse con su esposa
Nadine Heredia, con quien sostuvo un corto diálogo. Sólo
para decirle que estaba bien, que no se preocupara y que estaba al lado
de Antauro, su hermano menor, de 37 años.
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De
izquierda a derecha: Antauro Humala, su esposa Isabel Paiba, Nadine
Heredia y Ollanta Humala, su esposo. Hermanos de sangre y uniforme.
Derecha: General de División EP Abraham Cano Angulo, Jefe
de la III Región Militar, con sede en Arequipa. Montesinista
en busca de Humala.
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UNA SEÑAL NO DESPRECIABLE
En su Manifiesto a a la Nación, Humala compartía las críticas
acerca de la ilegitimidad del régimen, de lo fraudulento de las
últimas elecciones y de la corrupción de algunos de los
altos mandos de las Fuerzas Armadas. Pero había puntos extemporáneos.
Hablaba, por ejemplo, de desconocer la autoridad del general Villanueva
Ruesta y de la indebida permanencia del general Cubas Portal hasta el
2005, a pesar de que ambos habían sido removidos el día
anterior. Villanueva ya no era Comandante General del Ejército
y Cubas ya no era jefe de la II Región Militar.
Al parecer, el comunicado había sido preparado días antes,
según algunas fuentes no sólo entre los hermanos Humala
sino en coordinación con otros oficiales. Antauro habría
sido el encargado de hacer los contactos y de mantener viva la llama de
la decisión, pero el mismo Ollanta reconoció luego que esto
no funcionó.
Con todo, la arenga de los Humala representa el sentir de buena parte
de la oficialidad. La acción es interpretada como un acto de dignidad,
incluso en las calles, como se vio la noche del martes en Moquegua, en
donde un grupo de más de 100 reservistas estaban dispuestos a ponerse
bajo su mando.
Una señal directa hacia los altos mandos. Si los relevos recientes
(no devienen en cambios sustanciales, éste podría no ser
el único caso. Otros oficiales también podrían decir,
como Humala: "Me considero exonerado de mi voto de subordinación
y obediencia".
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En
diversas ciudades, la gente ha salido a apoyar a Humala Tasso. Entretanto,
en la serranía moqueguana, tropas del Ejército tratan
de ubicar al comandante insurrecto.
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TOQUEPALA NO VALE
UNA MISA
Una vez que se tomó Toquepala, otra medida de los insurrectos fue
neutralizar a la Policía. El comandante Humala fue a la comisaría,
conversó con los oficiales de guardia y les explicó, cordialmente,
que iban a tomar el pueblo y que no opusieran resistencia.
Durante el tiempo que duró la toma (unas 8 horas), la comisaría
permaneció cerrada, con cerca de 15 efectivos adentro. A las 9 de
la mañana, se suscitó un incidente en la iglesia, en la cual
el diácono Pedro Luis Chávez preparaba la misa dominical.
Antauro irrumpió en el templo e impidió el rito.
"Ustedes no me pueden prohibir hacer una misa", protestó Chávez,
sin que el ex oficial se inmutara. Más bien pidió un megáfono.
Como el diácono no accedió, el ex mayor rastrilló su
arma y dijo: "Si la gente no entiende, aquí va a correr bala". A
los pocos minutos tenía el megáfono.
Antes había distribuido soldados en las garitas de control, en la
tienda principal y en la puerta de los departamentos. Otro grupo vigilaba
la camioneta ploma, donde estaba el general Bardales. Antauro leyó
el comunicado, recalcando aquello de que eran la primera unidad del "Nuevo
Ejército Peruano".
Cerca de las diez de la mañana, cuando la población de Toquepala
ya se había retirado, se escucharon tres disparos. Dado que nadie
podía salir ni para comprar, desde sus viviendas los cerca de 1.500
habitantes temieron un enfrentamiento.
Pero los disparos se habían producido por la llegada del vehículo
en donde venían los novios Jorge y Elizabeth. En la iglesia, los
esperaban el diácono Chávez y el padre Peter Everson, un americano
de la orden Maryknol que está hace cuatro años en el Perú,
y que recién se encontraba con los insurrectos.
Everson preguntó por el jefe. Antauro se acercó y el padre
le pidió que soltaran al general Bardales. Chávez se ofreció
en canje, pero los Humala se opusieron. Tampoco accedieron a que se realizara
la misa dominical, que incluía el matrimonio y tres bautizos.
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Conferencia
de prensa de los trabajadores de Southern Perú en Toquepala.
Cuatro de ellos fueron tomados en rehenes pero no sufrieron maltratos.
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SOLEDAD EN LOS ANDES
Alrededor de la l y l5 de la mañana, el convoy salió con
dirección a la parte alta de Tacna. Horas después llegaron
a Quellaveco, donde pidieron combustible. Llevaban cuatro nuevos rehenes:
Guillermo Fajardo, Oswaldo Flores, Elizalde Zevallos y Luciano Huarachi,
todos trabajadores de Toquepala.
En la travesía se cruzaron con dos camionetas particulares, que
fueron obligadas a unirse a la caravana. Durante el viaje, Ollanta solía
decir: "Me he levantado en armas y no las voy a deponer hasta que salgan
Fujimori y Montesinos..."
Cuando estaban por la laguna de Suches se escuchó el ruido de un
helicóptero. Los soldados bajaron de los vehículos, pero
no hubo un enfrentamiento, como al parecer sí lo hubo cerca de
las 8 de la noche, cuando se toparon con un contingente policial, aunque
no se registraron heridos.
A las 4 de la mañana del lunes 30, luego de l5 horas, fueron liberados
los rehenes. Horas después, según algunas fuentes, el propio
Ollanta Humala encaró a su tropa y le preguntó si realmente
lo quería acompañar en su larga travesía. Varios
de ellos, muy bisoños, decidieron regresar.
Ollanta, Antauro y otros siete soldados optaron por seguirse movilizando
a través de esos gélidos parajes. Profusas tropas, ya al
mando del general Abraham Cano, Jefe de la III Región Militar (donde
está el Fuerte Arica), estaban tras sus pasos. Ese día,
a las 5 de la tarde, habría sido rescatado el general Bardales,
aunque no se ha explicado cómo.
Esta dura condición de soledad en que se han quedado los hermanos
Humala, en medio de la tierra de nadie, pronostica su inminente rendición.
Pero también los reviste de cierta dignidad. Ellos son ahora el
prototipo del militar que sufre por su Patria hasta las últimas
consecuencias.
No es difícil leer, en el carácter "etnocacerista" de la
proclama, un intento por reeditar la gesta del Mariscal de la Breña,
que recorrió los Andes captando gente en los pueblos, sin desfallecer
nunca. Andrés Avelino Cáceres, sin embargo, no sería
luego un político muy afortunado.
LA HUELLA DE LOS HUMALA
Para entender la rebelión, además, hay que explorar la
trayectoria personal de Ollanta Humala y sus orígenes familiares.
Se trata de un artillero, recién ascendido, pero por méritos
propios, no por ser de la "marea roja" privilegiada por el ex asesor Vladimiro
Montesinos, también artillero.
Es uno de los líderes de la promoción 1983, la "Centenario
de la Epopeya del Morro de Arica". Su hermano Antauro, que es del arma
de Infantería, egresó de la Escuela en l985 y fue dado de
baja en 1997, al parecer por promover el movimiento "etnocacerista".
La familia, por añadidura, proviene de Oyolo, un distrito de la
provincia ayacuchana de Parinacochas, cuya capital es Cora Cora. Los Humala
se caracterizan por destacar en varios campos. Son conocidos, por ejemplo,
los músicos Walter y Julio Humala, integrantes del Dúo Arguedas.
El propio padre de Ollanta y Antauro, Isaac Humala, es un abogado conocido.
La gente de esta zona es, finalmente, muy regionalista, quechuhablante,
defensora de lo que consideran los valores andinos tradicionales. En esas
coordenadas culturales hay que ubicar a los Humala.
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El
comandante Humala se encontraría en Calacoa, en la parte
alta de Moquegua. El general Bardales que también estaba
en rehén fue liberado el lunes a las 5 de la tarde.
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UN SIMBOLO
Pero otras coordenadas, de política más global, son las
que han dejado a este movimiento insurreccional en un terreno incierto.
Los Humala no parecen distinguir en su manifiesto los matices que va adquiriendo
la situación, incluso al interior de las Fuerzas Armadas (ver nota
adjunta).
Aun así, su gesto no carece de simbolismo. Encarnan el descontento
que ha cundido en los cuarteles desde que Montesinos capturó el
mando y digitó los ascensos sin compasión. Aunque a Ollanta
Humala esta aventura le cueste la carrera, su recompensa estará
en el reconocimiento moral de buena parte de la población.
Mientras el Defensor del Pueblo, Jorge Santistevan de Noriega, viaja con
su esposa Nadine Heredia, a buscarlo; mientras en calles y plazas se corea
su nombre; y mientras el general Abraham Cano sigue comandando los contingentes
que lo buscan por aire y tierra; él debe estar meditando.
En algún paraje inclemente de esa desértica puna, junto
a su hermano y unos cuantos soldados, se le deben juntar los recuerdos
y furias. Quizás, él sólo quería expresar
su indignación y luego seguir siendo el "Comandante Ollanta Moisés
Humala Tasso, jefe del Grupo de Artillería Antiaérea 501",
tal como firmaba en su comunicado (Jimmy Torres/Ramiro Escobar).
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