Edición N† 1643

 

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    ARTICULO

    2 de noviembre de 2000
    :
    ¿Fue en Tierra de Nadie?

    La Sublevación de OLLANTA

    Teniente Coronel EP Ollanta Humala Tasso, en atuendo de campaña. Derecha: Humala (con la flecha) durante una jornada de entrenamiento militar. Se le conoce como un joven oficial institucionalista, uno de los líderes de la promoción 1983, la "Centenario de la Epopeya del Morro de Arica".

    Tras meses -o años- en los que se hablaba, a media voz, sobre el desencanto que cundía en los cuarteles, el domingo 29 en la madrugada finalmente se alzó el telón y apareció en escena el teniente coronel EP Ollanta Moisés Humala Tasso, un joven oficial que inició una aventura insurreccional desde el Fuerte Arica de Tacna. Partió con 50 hombres a su cargo y el general Carlos Bardales -jefe de dicha guarnición- como rehén, para luego tomar por unas horas el asiento minero de Toquepala, desde donde enrumbó hacia las serranías de Moquegua. Al cierre de estas líneas estaría con solamente 7 hombres, mientras en varias ciudades de la región y aun en Lima se alzaban voces, sobre todo de la calle, apoyándolo. Se trata de un acto de fuerza difícil de justificar y que cae en un terreno incierto, pero que encierra un preocupante significado para la estabilidad política del país y para la salud moral de las Fuerzas Armadas.


    TODO empezó en el Fuerte Arica de Locumba (provincia de Jorge Basadre, departamento de Tacna) a la 1 de la madrugada del domingo 29, cuando un grupo de soldados supuestamente listos para salir de campaña empezaron a movilizarse. A la 1 y 15, sin embargo, se produjo un cambio de estrategia.

    El teniente coronel EP Ollanta Moisés Humala Tasso (38), acompañado de su hermano Antauro, un mayor EP en retiro, y de un suboficial, ingresaron al dormitorio del general de brigada EP Carlos Bardales y lo encañonaron. Así como estaba (apenas ataviado con un buzo) lo subieron a una camioneta pick up de color plomo.

    No era una impronta cualquiera. Bardales, un miembro de la promoción 1964, la "Sargento Mayor Felipe Antonio Zela", era el jefe de esa guarnición. Antes, en 1998, había sido Inspector de la VI Región Militar, cuando ésta se encontraba a cargo del general Juan Yanqui.

    LA MARCHA Y LA LLEGADA

    Cerca de las 2 de la mañana, partió un convoy conformado tres vehículos: dos camiones portatropa, cada uno con unos 25 soldados, y la camioneta ploma, en la que viajaban los hermanos Humala y el general Bardales como rehén. Enrumbaron hacia el asiento minero de Toquepala, manejado por Southern Perú.

    A eso de las 4 de la mañana llegaron a la garita de Quebrada Honda, en la vía de ingreso a Toquepala. Se identificaron como mienbros del EP que habían sufrido una volcadura y dijeron que tenían soldados heridos. A las 5 y 10 estaban entrando al asiento minero.

    Lo primero que hizo el comandante Humala fue ir a la oficina del jefe de Control Interno de la mina, el ex mayor de la PNP Víctor Fajardo, a quien le pidió su colaboración. De manera incondicional por cierto.

    Fajardo respondió: "No quiero disparos, no quiero que atenten contra nadie, no quiero heridos...". Y le entregó la oficina, desde la cual Humala realizó llamadas telefónicas y faxeó su comunicado a distintos medios. Desde allí también declaró, más tarde, para Radio Power de Tacna y Radioprogramas del Perú.

    Humala luego le dijo a Fajardo: "Estoy contra la política del Gobierno. Esto es pacífico, colaboren y no les pasará nada. Necesito desayunos, l00 ranchos fríos, vehículos y combustible". El funcionario minero ordenó que se preparen los desayunos: dos sandwich de jamón y queso y una gaseosa para cada militar.

    Ollanta aprovechó también para comunicarse con su esposa Nadine Heredia, con quien sostuvo un corto diálogo. Sólo para decirle que estaba bien, que no se preocupara y que estaba al lado de Antauro, su hermano menor, de 37 años.

    De izquierda a derecha: Antauro Humala, su esposa Isabel Paiba, Nadine Heredia y Ollanta Humala, su esposo. Hermanos de sangre y uniforme. Derecha: General de División EP Abraham Cano Angulo, Jefe de la III Región Militar, con sede en Arequipa. Montesinista en busca de Humala.

    UNA SEÑAL NO DESPRECIABLE

    En su Manifiesto a a la Nación, Humala compartía las críticas acerca de la ilegitimidad del régimen, de lo fraudulento de las últimas elecciones y de la corrupción de algunos de los altos mandos de las Fuerzas Armadas. Pero había puntos extemporáneos.

    Hablaba, por ejemplo, de desconocer la autoridad del general Villanueva Ruesta y de la indebida permanencia del general Cubas Portal hasta el 2005, a pesar de que ambos habían sido removidos el día anterior. Villanueva ya no era Comandante General del Ejército y Cubas ya no era jefe de la II Región Militar.

    Al parecer, el comunicado había sido preparado días antes, según algunas fuentes no sólo entre los hermanos Humala sino en coordinación con otros oficiales. Antauro habría sido el encargado de hacer los contactos y de mantener viva la llama de la decisión, pero el mismo Ollanta reconoció luego que esto no funcionó.

    Con todo, la arenga de los Humala representa el sentir de buena parte de la oficialidad. La acción es interpretada como un acto de dignidad, incluso en las calles, como se vio la noche del martes en Moquegua, en donde un grupo de más de 100 reservistas estaban dispuestos a ponerse bajo su mando.

    Una señal directa hacia los altos mandos. Si los relevos recientes (no devienen en cambios sustanciales, éste podría no ser el único caso. Otros oficiales también podrían decir, como Humala: "Me considero exonerado de mi voto de subordinación y obediencia".

    En diversas ciudades, la gente ha salido a apoyar a Humala Tasso. Entretanto, en la serranía moqueguana, tropas del Ejército tratan de ubicar al comandante insurrecto.

    TOQUEPALA NO VALE UNA MISA

    Una vez que se tomó Toquepala, otra medida de los insurrectos fue neutralizar a la Policía. El comandante Humala fue a la comisaría, conversó con los oficiales de guardia y les explicó, cordialmente, que iban a tomar el pueblo y que no opusieran resistencia.

    Durante el tiempo que duró la toma (unas 8 horas), la comisaría permaneció cerrada, con cerca de 15 efectivos adentro. A las 9 de la mañana, se suscitó un incidente en la iglesia, en la cual el diácono Pedro Luis Chávez preparaba la misa dominical. Antauro irrumpió en el templo e impidió el rito.

    "Ustedes no me pueden prohibir hacer una misa", protestó Chávez, sin que el ex oficial se inmutara. Más bien pidió un megáfono. Como el diácono no accedió, el ex mayor rastrilló su arma y dijo: "Si la gente no entiende, aquí va a correr bala". A los pocos minutos tenía el megáfono.

    Antes había distribuido soldados en las garitas de control, en la tienda principal y en la puerta de los departamentos. Otro grupo vigilaba la camioneta ploma, donde estaba el general Bardales. Antauro leyó el comunicado, recalcando aquello de que eran la primera unidad del "Nuevo Ejército Peruano".

    Cerca de las diez de la mañana, cuando la población de Toquepala ya se había retirado, se escucharon tres disparos. Dado que nadie podía salir ni para comprar, desde sus viviendas los cerca de 1.500 habitantes temieron un enfrentamiento.

    Pero los disparos se habían producido por la llegada del vehículo en donde venían los novios Jorge y Elizabeth. En la iglesia, los esperaban el diácono Chávez y el padre Peter Everson, un americano de la orden Maryknol que está hace cuatro años en el Perú, y que recién se encontraba con los insurrectos.

    Everson preguntó por el jefe. Antauro se acercó y el padre le pidió que soltaran al general Bardales. Chávez se ofreció en canje, pero los Humala se opusieron. Tampoco accedieron a que se realizara la misa dominical, que incluía el matrimonio y tres bautizos.

    Conferencia de prensa de los trabajadores de Southern Perú en Toquepala. Cuatro de ellos fueron tomados en rehenes pero no sufrieron maltratos.

    SOLEDAD EN LOS ANDES

    Alrededor de la l y l5 de la mañana, el convoy salió con dirección a la parte alta de Tacna. Horas después llegaron a Quellaveco, donde pidieron combustible. Llevaban cuatro nuevos rehenes: Guillermo Fajardo, Oswaldo Flores, Elizalde Zevallos y Luciano Huarachi, todos trabajadores de Toquepala.

    En la travesía se cruzaron con dos camionetas particulares, que fueron obligadas a unirse a la caravana. Durante el viaje, Ollanta solía decir: "Me he levantado en armas y no las voy a deponer hasta que salgan Fujimori y Montesinos..."

    Cuando estaban por la laguna de Suches se escuchó el ruido de un helicóptero. Los soldados bajaron de los vehículos, pero no hubo un enfrentamiento, como al parecer sí lo hubo cerca de las 8 de la noche, cuando se toparon con un contingente policial, aunque no se registraron heridos.

    A las 4 de la mañana del lunes 30, luego de l5 horas, fueron liberados los rehenes. Horas después, según algunas fuentes, el propio Ollanta Humala encaró a su tropa y le preguntó si realmente lo quería acompañar en su larga travesía. Varios de ellos, muy bisoños, decidieron regresar.

    Ollanta, Antauro y otros siete soldados optaron por seguirse movilizando a través de esos gélidos parajes. Profusas tropas, ya al mando del general Abraham Cano, Jefe de la III Región Militar (donde está el Fuerte Arica), estaban tras sus pasos. Ese día, a las 5 de la tarde, habría sido rescatado el general Bardales, aunque no se ha explicado cómo.

    Esta dura condición de soledad en que se han quedado los hermanos Humala, en medio de la tierra de nadie, pronostica su inminente rendición. Pero también los reviste de cierta dignidad. Ellos son ahora el prototipo del militar que sufre por su Patria hasta las últimas consecuencias.

    No es difícil leer, en el carácter "etnocacerista" de la proclama, un intento por reeditar la gesta del Mariscal de la Breña, que recorrió los Andes captando gente en los pueblos, sin desfallecer nunca. Andrés Avelino Cáceres, sin embargo, no sería luego un político muy afortunado.

    LA HUELLA DE LOS HUMALA

    Para entender la rebelión, además, hay que explorar la trayectoria personal de Ollanta Humala y sus orígenes familiares. Se trata de un artillero, recién ascendido, pero por méritos propios, no por ser de la "marea roja" privilegiada por el ex asesor Vladimiro Montesinos, también artillero.

    Es uno de los líderes de la promoción 1983, la "Centenario de la Epopeya del Morro de Arica". Su hermano Antauro, que es del arma de Infantería, egresó de la Escuela en l985 y fue dado de baja en 1997, al parecer por promover el movimiento "etnocacerista".

    La familia, por añadidura, proviene de Oyolo, un distrito de la provincia ayacuchana de Parinacochas, cuya capital es Cora Cora. Los Humala se caracterizan por destacar en varios campos. Son conocidos, por ejemplo, los músicos Walter y Julio Humala, integrantes del Dúo Arguedas.

    El propio padre de Ollanta y Antauro, Isaac Humala, es un abogado conocido. La gente de esta zona es, finalmente, muy regionalista, quechuhablante, defensora de lo que consideran los valores andinos tradicionales. En esas coordenadas culturales hay que ubicar a los Humala.

     

    El comandante Humala se encontraría en Calacoa, en la parte alta de Moquegua. El general Bardales que también estaba en rehén fue liberado el lunes a las 5 de la tarde.

    UN SIMBOLO

    Pero otras coordenadas, de política más global, son las que han dejado a este movimiento insurreccional en un terreno incierto. Los Humala no parecen distinguir en su manifiesto los matices que va adquiriendo la situación, incluso al interior de las Fuerzas Armadas (ver nota adjunta).

    Aun así, su gesto no carece de simbolismo. Encarnan el descontento que ha cundido en los cuarteles desde que Montesinos capturó el mando y digitó los ascensos sin compasión. Aunque a Ollanta Humala esta aventura le cueste la carrera, su recompensa estará en el reconocimiento moral de buena parte de la población.

    Mientras el Defensor del Pueblo, Jorge Santistevan de Noriega, viaja con su esposa Nadine Heredia, a buscarlo; mientras en calles y plazas se corea su nombre; y mientras el general Abraham Cano sigue comandando los contingentes que lo buscan por aire y tierra; él debe estar meditando.

    En algún paraje inclemente de esa desértica puna, junto a su hermano y unos cuantos soldados, se le deben juntar los recuerdos y furias. Quizás, él sólo quería expresar su indignación y luego seguir siendo el "Comandante Ollanta Moisés Humala Tasso, jefe del Grupo de Artillería Antiaérea 501", tal como firmaba en su comunicado (Jimmy Torres/Ramiro Escobar).

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