Edición N† 1643

 

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    ARTICULO

    2 de noviembre de 2000

    Rebeliones Relámpago
    Las sublevaciones de soldados y marinos no han escaseado en el siglo XX peruano. Las derrotaron el aislamiento o la traición.

    1948: marineros apristas derrotados. Tuvieron ayuda civil, pero no apoyo de la Blindada.

    Escribe
    CESAR LEVANO

    EL intento del comandante Ollanta Humala es uno de los más breves en nuestra rica historia de levantamientos militares. El antecedente más cercano es el del general Marcial Merino Reyna, jefe de la División de la Selva del Ejército Peruano, que el 16 de febrero de 1956 se pronunció en Iquitos contra la dictadura de Odría.

    Un resultado imprevisto de ese movimiento fue que Odría, enterado de que La Prensa iba a publicar el manifiesto de Merino, hizo apresar a Pedro Beltrán, director del diario, y a una cuarentena de periodistas, empleados y obreros gráficos, todos los cuales fueron a dar a la isla El Frontón.

    El manifiesto era urticante. Condenaba a un gobierno "falto de escrúpulos", que quiere conducir "al ejército peruano a un juego político" e "imponer a los ciudadanos una elección que permita la continuación en el poder del actual régimen".

    El movimiento no se extendió. Los rebeldes, cercados por las fuerzas leales al gobierno, se rindieron a los nueve días. El general Merino, al anunciar su rendición por radio, expresó: "Tuve confianza, hasta el último instante, en una reacción del pueblo para apoyar la cruzada de Loreto, cuya única finalidad era conseguir, para siempre, una comprensión definitiva entre el pueblo y las Fuerzas Armadas, en beneficio de la grandeza nacional".
    En la Guerra con Chile, Cáceres creó un método de guerrillas que los chinos estudiaron.



    No fue ese el primer levantamiento militar de Iquitos durante el siglo XX. El 5 de agosto de 1921, al inicio del oncenio de Leguía, el capitán Guillermo Cervantes se pronunció contra la corrupción política y castrense. En un manifiesto condenó, con nombres y cifras, a las autoridades que robaban de los alimentos y hasta las propinas de los soldados. La acción llegó a alcanzar ribetes separatistas.

    El movimiento duró desde agosto de 1921 hasta enero de 1922; es decir, cinco meses. Al final, el capitán Cervantes y su aliado, el coronel Teobaldo González, tuvieron que huir a Ecuador, no sin librar combates en el corazón de las selvas y los ríos.

    Poco recordado es el caso del levantamiento de clases y soldados del regimiento de infantería número cinco, en el Cuartel de Santa Catalina, en los Barrios Altos de Lima, el 23 de marzo de 1931. Ese recinto era entonces el equivalente de la División Blindada de hoy. Allí nacían golpes y ocurrían asesinatos, incluso de generales. En este caso, el levantamiento fue comandado por el sargento Víctor Faustino Huapaya, carpintero de profesión e hijo de una verdulera de Chorrillos.

    Los amotinados prendieron a sus jefes en el comedor y dieron a conocer una suerte de pliego de reclamos que, entre otras cosas, pedía el fusilamiento del ex presidente Augusto B. Leguía, derrocado en 1930 por el comandante Luis M. Sánchez Cerro y que estaba preso y enfermo; separación de todos los altos jefes del Ejército y construcción de cuarteles higiénicos. Un tal Oscar Medelius ingresó en el cuartel con ochenta hombres armados y comenzó a lanzar vivas a Sánchez Cerro. Los amotinados se dieron cuenta de que estaban aislados, y se rindieron. Huapaya fue luego condenado a veinte años de prisión; pero la Junta de Gobierno de David Samanez Ocampo lo amnistió poco después.

    También el mar tiene su historia. El 2 de enero de 1932 se produjo una sublevación de la marinería de los cruceros `Grau' y `Bolognesi'. Se culpó al aprismo de esa acción. Vencidos, los insurrectos fueron juzgados y sentenciados, ocho de ellos a muerte. Fueron fusilados, incluso con la presencia del ministro de Gobierno Luis A. Flores, apodado `El Camiseto' porque amaba ostentar la camisa negra de su filiación fascista.

    El vencedor de Tarapacá, organizó un ejército de la nada..

    Otro levantamiento marino de corta duración fue el del 2 y 3 de octubre de 1948 (CARETAS 1536).

    Se ha recordado en estos días al héroe de La Breña, Andrés Avelino Cáceres, en parte por el intento de guerra de movimientos del comandante Humala. Lo cierto es que la hazaña de Cáceres no admite parangón, sea por lo original de su esfuerzo, lo titánico de su terquedad y la duración de su lucha. Baste recordar que cuando fue nombrado jefe político y militar del Centro, improvisó sus tropas a partir de dieciséis oficiales convalecientes con quienes había compartido internamiento después de haber peleado heroicamente en San Juan y Miraflores. Ayacuchano, hijo de terrateniente, supo encontrar en el pueblo llano de la ciudad y el campo a los más seguros combatientes, aunque su panoplia bélica sólo incluyera rejones, lanzas y hondas. Y, por supuesto, rocas lanzadas desde las cumbres.


    Se ha señalado que en los centros de altos estudios militares de Europa se estudian las hazañas de Cáceres como un ejemplo de lucha de guerrillas, siempre en movimiento, reclutando sin cesar voluntarios enardecidos por su ejemplo de coraje y desprendimiento. Ernesto More me relató alguna vez que en Berlín, en los años veinte, el comandante peruano Julio César Guerrero aleccionó en alemán a unos estudiantes chinos sobre la experiencia de Cáceres, cuyo secretario él fue. En esos días el Partido Comunista Chino había enviado a estudiar a Europa a algunos de sus jóvenes militantes. Entre ellos estaban Chu-teh, fundador del ejército rojo chino, y Chou En-lai, el teórico que dominaba varios idiomas occidentales.
    General rebelde Marcial Merino .


    Un precedente curioso de Humala puede ser el del capitán Luiz Carlos Prestes, oficial del Ejército de Brasil, que durante dos años y medio, a partir de 1924, dirigió la marcha de la célebre Columna Prestes, que recorrió inmensos territorios de su país sin sufrir jamás una derrota. En esa historia se inspiró Jorge Amado para escribir uno de sus libros primeros: La vida de Luiz Carlos Prestes, el Caballero de la Esperanza.

    Hay que precisar que la Larga Marcha de Mao Zedong se produjo más tarde, en 1934-1935.

    En ese sentido, la marcha de Humala -quizás porque le fallaron algunos conjurados- ha sido de corta duración -una marcha relámpago.



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