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Edición Nº 1643 |
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Por LORENA TUDELA LOVEDAY La Marca de Kouri Te cuento, al día siguiente de la fiesta de CARETAS yo volaba hacia Esmirna, hija, donde Maridé de la Piedra me invitó a pasar una semana en su playa y yo acepté sin abrir los ojos, porque entre que el primo se nos volvió héroe (y hay que ir pensando en su monumento, para lo cual es indispensable tener la cabeza limpia), El Innombrable que se dedicó a jugar ampay me salvo con el sorete cochino del Vladi (que dicho sea de paso, no sabes, me ha contado un pata de la OEA que estuvo una vez en una reunión con él, tiene un aliento que parece catacumba recién descubierta, pero catacumba del Chachani); para no mencionarte los brazos de Popy con Bustamante, los líos de la ogresa María Martha Hildebrandt con Pirañita e incluyendo de coté los efluvios de pulpo abandonado a la orilla con que Martucha, ag, se me puso a defender al ¿gobierno?... bueno, me dio un sourmenage que casi parecía camouflage. Bueno hija, llego a Estambul veinte horas después, con una resaca que me hacía ver a Cáceres Velásquez con la cosa parada (¡aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaagggggggggggg!) y ahí me recibió Maridé. Pucha. El calor era de bestia y lo primero que me dice Maridé es que tenía que ir a una tienda a comprar tónica para el vodka y bien a regañadientes la acompañé. Para qué. Al lado del minimarket donde mi amiga paró, qué crees: ¡"Casa de Empeños Kouri"! En turco, en inglés, en francés y en alemán. No me aguanté y me bajé de la Galloper como si me hubiera pellizcado Satán en el popó y me fui al negocio ese con el Cartier en la mano, dispuesta a empeñarlo con tal de sacar información, tan intensa es mi vocación periodística. Bueno, me recibe una vieja horrenda igualita al bulón con corbata de nuestro épico congresista, mira mi reloj y me dice de frente, en una lengua para mí desconocida, algo así comojalamaamnsamanacamabaratasacaramacabramasacamatralacatacamadracamama, pero todo esto llora y llora, hija, en el instante en que se aparece Maridé y en perfecto castellano de Playa Blanca me dice, "¿dónde te has metido, cojuda? Cuidado, que esto es más peligroso que el Perú?" Pucha, la vieja escuchó Perú y los ojos se le entornaron y en castellano servido con hojas de parra, me preguntó: "mi nieta el Alberdo, dónde se habrá quedado con la balata que nos dijo que iba a traer, esa balata qué falta nos hace...;" y sin más, se chapó el Cartier y con su cara de mansa jofaina dio por terminado el asunto. Hija, estoy segura que ni en las peores borracheras de los otomanos
se ha visto a una rubia regia de cuarenta años, dando vueltas sobre
sí hecha un portento de locura frente a la catedral de Santa Sofía,
y menos gritando: "basta, ya no puedo más, hasta dónde me
va a perseguir el desencuentro histórico de la Conquista, mi querido
Sigmund. Quién me saca ahora de esta nueva versión del trauma
histórico peruano… quiero ser francesa, quiero ser francesa,
quiero ser francesa!" Bueno, la mala pérfida insolidaria y desleal
de Maridé, ¿sabes tú lo que hizo? Llamó a
una ambulancia, me inyectaron Demerol (demerol turco, ¿te imaginas?),
me metieron al mismo avión y zuácate, cuando abrí
los ojos estaba en mi cama, frente al Golf, escuchando RPP del radio de
la Jessikah's Jesseniah's. Caín Tudela Loveday. Chau, chau. (Rafo
León).
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