|
Portada
Nos
Escriben...
Mar
de Fondo
Heduardo
China
te Cuenta...
Ellos & Ellas
Culturales
Caretas
TV
Controversias
Lugar
Común
Piedra
de Toque
Mal Menor
|
|
 |
 |
2 de noviembre de 2000 |
Por
FERNANDO ROSPIGLOSI |
Alcances
de una Rebelión
EL levantamiento del comandante Ollanta Humala ha
suscitado interpretaciones encontradas, desde aquellos que lo consideran
un héroe antidictatorial hasta los que creen que se trata de una
maquiavélica maniobra del desaparecido Vladimiro Montesinos.
En realidad, todo indica que el alzamiento de Humala es auténtico.
Es decir, el comandante está expresando un sentimiento de oficiales
honestos e institucionalistas, hartos de la politización y corrupción
que se ha instalado en el Ejército desde que Montesinos se apoderó
de él.
Las demandas que plantea en su "Manifiesto" son compartidas por la mayoría
de la población: renuncia de Alberto Fujimori y destitución
de la "cúpula montesinista" del Ejército. Probablemente
por eso ha recibido un respaldo insospechado y su rebelión ha sido
observada con simpatía por muchas personas.
Aunque
no ha tenido apoyo efectivo en su institución, el escaso impacto
militar del levantamiento ha sido inversamente proporcional a su enorme
repercusión política. Los cambios tardíos e insuficientes
en la cúpula castrense efectuados el sábado por Alberto
Fujimori, quedaron sepultados en pocas horas por la resonancia de la rebelión
de Humala.
Una de las consecuencias políticas de esa acción, será
posiblemente acelerar el amodorrado proceso de negociación, que
tiene como escenario principal el Hotel Country. De hecho casi todos los
políticos opositores le han expresado un cauteloso respaldo y son
escasos los que lo han condenado.
Entre estos últimos, destaca Jorge Santistevan, casi lanzado como
candidato. El Defensor del Pueblo cometió un error al reprobar
virulentamente a Humala e identificarlo con Hugo Chávez. El comandante
venezolano insurgió en febrero de 1992 contra un gobierno impopular
pero democrático, a diferencia de Humala que se ha rebelado contra
una dictadura y no pretende instaurar un régimen militar, sino
remover a una cúpula castrense corrompida y al Presidente que la
sostiene.
No obstante esa diferencia básica, no se debe obviar las similitudes.
Tanto Chávez, como el coronel ecuatoriano Lucio Gutiérrez
-que encabezó la fracasada intentona de enero de este año-
y Humala, pertenecen a una generación de militares nacionalistas
y antiimperialistas. Reaparece el fantasma del general Juan Velasco y
los oficiales que lo acompañaron en los sesentas.
Por eso el gobierno de los Estados Unidos se ha apresurado a respaldar
a Fujimori. Pero probablemente se estén equivocando nuevamente,
como erraron al apoyar a Montesinos durante una década -por lo
menos la CIA-, con las consecuencias que estamos viviendo.
Si los Estados Unidos se comprometen con gobernantes y militares corrompidos
en aras de la estabilidad, los elementos sanos que se rebelen contra aquellos
desarrollarán al mismo tiempo sentimientos antinorteamericanos.
El resultado ya no serán revoluciones comunistas, como la cubana
o la nicaragüense, sino pueden ser gobiernos como el de Chávez,
igualmente nefasto.
Por supuesto, al gigante del norte estos sucesos le afectan muy poco.
Fidel Castro fue un problema al principio, hoy no tiene importancia para
los EE.UU. Pero a quienes arruina es a los países y a los pueblos,
que se desgastan durante décadas y pierden, quizás definitivamente,
el ritmo del progreso.
Durante un tiempo se pensó que los EE.UU. habían cambiado.
Que ya no sostenían a tiranos abominables como Rafael Leonidas
Trujillo, Anastasio Somoza, Alfredo Stroessner, Ferdinand Marcos o Suharto.
Que terminada la Guerra Fría, su compromiso con la democracia era
firme.
Sin embargo, las cosas no parecen tan claras ahora, cuando quedan pocas
dudas de su vinculación con Montesinos. Y si bien es evidente que
en el último tiempo ha habido una fuerte presión de los
EE.UU. para deshacerse del régimen de Montesinos y Fujimori, ese
empuje no ha sido constante y ha tenido fiascos espectaculares, como el
refugio panameño de su ex agente, hoy día reinstalado aquí,
negociando su futuro con Fujimori y la cúpula castrense, y propiciando
nuevos conflictos.
Ollanta Humala ha intentado redimir la dignidad y el honor de los oficiales
de un ejército manejado durante una década por un traidor,
como antes lo hicieron Jaime Salinas Sedó, Rodolfo Robles y otros.
No hay que confundir este hecho con otras implicancias políticas
del alzamiento.
________
Email:frospig@amauta.rcp.net.pe
|