Edición Nº 1643

 

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    2 de noviembre de 2000
    Por AUGUSTO ELMORE

    NUNCA ha sido más imprevisible y sorprendente el ejercicio del periodismo en el Perú que en la semana pasada. Desde que volvió Montesinos, lo que uno podía escribir a una hora era negado o puesto en duda a la mañana siguiente, como si todo el país se hubiese convertido en una caja de sorpresas. Había que ser mago (y mucho mejor que Mandrake) para adivinar lo que iba a suceder en las próximas horas. Felizmente el ocuparme del 50 aniversario de CARETAS me inhibió de equivocarme mucho. Y aún ahora que proso estas líneas, como diría el poeta, la posibilidad de equivocarme en mis juicios está latente.

    Como para confirmar lo que digo en el párrafo anterior -escrito en la noche del sábado 28-, a las once de la mañana del domingo, después de creer haberme perdido la Rueda de prensa del canal N de las diez (¿a quién se le habrá ocurrido pasarla a un horario tan poco apropiado?), enciendo la televisión y me encuentro con la noticia del tardío (evidentemente fuera de lugar y tiempo) levantamiento del teniente coronel Ollanta Humala, en Arequipa. Media hora antes había leído los titulares de los diarios (es decir El Comercio) anunciando el cambio de ministros (que no incluyó el de Defensa, tan cuestionado). ¿Cómo rayos, entonces, escribir sobre la actualidad en el Perú si cambia a todas horas?

    Tengo la convicción de que si el levantamiento del teniente coronel Humala se hubiera realizado en Lima, Fujimori se habría asilado de inmediato en la embajada del Japón, como ocurrió cuando el frustrado golpe del general Salinas.

    Vistas las cosas, pienso que esta columna debería dedicarla en los próximos meses a hablar sobre el clima, la primavera, el próximo verano. Lo malo es que hasta el clima en estos momentos se hace tan difícil de confiar como la política. Y es mucho menos entretenido que ver a Fujimori en su teatralizado rol de sheriff buscando, nadie sabe para qué (y probablemente él tampoco), a su carnal Montesinos.

    La verdad es que, según modesta opinión del suscrito, Fujimori aparentaba buscar a Montesinos pour la galerie, como dicen los franceses. O para hacer finta, como decimos aquí.

    La cabra tira al monte: Tudela acaba de insistir en el ya viejo y mañoso argumento de llamar malos perdedores a quienes fueron víctimas del gran fraude electoral último, ese que montó detallada y minuciosamente Montesinos. ¿Aceptar el fraude sería ser buen perdedor? Como lo comprueban ahora los hechos, las elecciones fueron un fraude monumental preparado con toda antelación por el gobierno. Sólo que, gracias a Toledo en particular, les salió el tiro por la culata. Al punto que ya Tudela no es más primer vicepresidente. Y Montesinos -por lo menos hasta que escribo esto- está desaparecido. ¿Y Tudela insiste?

    Viéndolo visitar, por dos veces consecutivas las instalaciones del SIN, muchos se preguntaron: Federico Salas ¿es o se hace? Señores y señoras, vistos los acontecimientos, la duda ha quedado resuelta: Salas es.

    La insurrección del comandante Ollanta Humala (nombre auspicioso por lo menos) lava en alguna forma la cara a un sector del Ejército peruano, que ha venido desde hace años soportando casi estoicamente la manipulación organizada por Montesinos, un ex militar condenado, además, por la justicia castrense. Porque no era posible que todos los militares fueran cómplices y tuvieran que aceptar disciplinadamente las imposiciones que perjudicaban sus carreras y su prestigio. Por de pronto, en acto absolutamente repudiable y perversamente manipulador, se acaba de declarar infundada, aparentemente con resolución suprema y todo, la reconsideración del pase al retiro del general Tafur, y se mantienen los de los generales Huerta y Bustamante. A los que no son serviles los retiran. ¿Cómo puede manejarse así un ejército?

    Por lo menos este domingo, gracias a los acontecimientos, no tuvimos que soportar la presencia de la congresista María Jesús Espinoza en Canal N. Su espacio estelar, que nadie sabe cómo y en mérito a qué se le concedió, fue reemplazado por la Rueda de Prensa. ¡Qué suerte! Esperamos que la Espinoza, de tan nefasta actuación en el Parlamento, sea definitivamente desplazada, porque en verdad nada hay que la justifique.

    El señor Ronald Dobrydnio vuelve a escribir de a esta columna en su calidad vocero del activo lobby de la familia Berenson, diciendo que aparecer en forma rabiosa ante la prensa no es un crimen. Efectivamente no lo es, pero sí es un claro indicio de su militancia, porque a muchos otros miembros del MRTA, evidentemente integrantes del grupo asesino, los hemos visto y escuchado hacer explícitos sus odios en idéntica forma. No necesita decirnos el señor Dobrydnio los defectos de la justicia peruana. Los conocemos, los sufrimos e impugnamos. Pero conocemos también el accionar inclemente y artero de los subversivos. Mi mamá me advirtió siempre que quien mal anda, mal acaba. Lo lamento por la joven Lori, a quien su mamá debió advertirle lo mismo en su momento.

    Aparte de eso, otro lector, el señor Igor Vílchez, quien parece saber de lo que habla, se refiere también desde Estados Unidos a la primera carta de Dobrydnio diciendo: "...me parece que el señor R.D. es un ciudadano norteamericano de raza blanca que vive en una burbuja aséptica, que filtra todas las cosas negativas que él no quiere ver de su sociedad". Creo que así es. Nada más. Ya tenemos bastantes problemas aquí como para seguir esta polémica.


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