Edición Nº 1644

 

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    ARTICULO

    9 de noviembre de 2000

    HERNANDO DE SOTO
    El Edén Que Le Pintaron

    El autor de El misterio del capital revela intimidades de su paso por Palacio bajo Fernando Belaunde, Alan García y Fujimori.


    Exito de librería en Europa y EE.UU.

    Nada hacía presagiar que el mozuelo que ganó un concurso escolar de rock and roll y otro como caricaturista político en Suiza, se convertiría al paso de los años en uno de los investigadores peruanos con mayor reconocimiento mundial. El sorprendente éxito de su último libro "El Misterio del Capital" que ocupa, a escasas semanas de su lanzamiento en Estados Unidos e Inglaterra, los primeros lugares en ventas, parece corroborar que su tesis sobre la economía informal -ahora extralegal- que presentó al mundo a través de "El Otro Sendero" ha calado en el pensamiento liberal de los nuevos tiempos. Regresado a su tierra, en parte por los acontecimientos desatados desde el video Kouri-Montesinos, Hernando de Soto analiza seriamente la posibilidad de dejar de ser el "asesor de presidentes" para tentar convertirse en uno de ellos. Quién sabe si haber estado en brazos del presidente Bustamante y Rivero a los cuatro meses de edad termine siendo un acto premonitorio. Sin embargo, no todo está dicho para este polémico economista, y egresado de Letras de La Católica. En las siguientes líneas, De Soto comparte sus experiencias con los tres últimos presidentes del Perú y, muy a su estilo, formula juicios sobre personajes y hechos de la política nacional, tan picantes como el rocoto relleno de su tierra natal
    TESTIMONIOS DEL PODER

    Entrevista OSCAR DIAZ
    Fotos OSCAR MEDRANO

    ANTES de enrumbar nuevamente a El Cairo, para asesorar al presidente de Egipto, nos reunimos en el amplio estudio de su casa de Monterrico. Rodeados de cuadros con recortes periodísticos y fotos junto a personalidades de todo el mundo, iniciamos una larga charla que por momentos parecía convertirse en una suerte de catarsis para este economista arequipeño con pinta de intelectual suizo.

    -Su relación con los últimos tres presidentes del Perú, empezó con Fernando Belaunde Terry ¿Cómo se dio ese acercamiento?

    -Fue como resultado de un amplio reportaje aparecido justamente en Caretas, donde esbozamos los fundamentos de lo que se convertiría más tarde en "El Otro Sendero". Recuerdo que en nuestro primer encuentro Belaunde me dijo: "Oiga Hernando, Ud. ha agarrado carne".

    Al ver su interés le propuse trabajar para él algunos de nuestros proyectos, y le pedí que le enviará un télex al presidente de una conocida fundación, expresando su interés por nuestro trabajo. Así lo hizo, y eso fue suficiente para que el ILD contara con su primera partida de dinero. No sé si él lo recuerda, o si inclusive se arrepienta de ello, pero así fue.

    -¿Por qué se arrepentiría?

    -Bueno, es que yo sé que él no me tenía mucha simpatía. Mario Vargas Llosa me contaba que el arquitecto Belaunde se refería a mí como "ese muchacho que tiene apellido de explorador", cuando sabía perfectamente quién era yo.


    A fines de noviembre llega a Lima la edición del sugerente segundo libro de De Soto.

    -¿Cómo es que terminó Ud. colaborando con Alan García, cuando antes se había opuesto al intento de estatizar la banca?

    -Jorge del Castillo me juntó con él días antes del mitin en la Plaza San Martín contra la estatización de la banca, en el cual estuve junto a Mario Vargas Llosa. De allí no volví a ver a García hasta 1989, cuando me llamó para pedirnos que formalizáramos una fórmula para desarrollar con su gobierno la propuesta del ILD referida a nuestros proyectos de Simplificación Administrativa y Registro Predial. Y eso fue lo que hicimos. Por lo tanto, yo no fui asesor de García, sino sólo una especie de "contratista" de su gobierno.

    -¿Qué es lo que realmente hizo que entrañables amigos como Ud. y Mario Vargas Llosa se separasen tan violentamente?

    -Fíjese que hasta el día de hoy me sigo haciendo esa pregunta. Si bien Mario declaró que fue mi posición contra el hecho de que él candidateara junto a partidos tradicionales como Acción Popular y el PPC lo que nos distanció, me contaron que hubo un chisme referido a un video casete. Pero cuando yo pregunté sobre ese supuesto video, nadie me respondió. Lo cierto es que él decidió tomar distancia, y desde nuestra última reunión de hace doce años en su casa nunca he vuelto a hablar con él.

    -¿Se arrepiente de haberle dicho hijo de puta, públicamente?

    -No. Creo que fue absolutamente necesario en ese momento para que no me siguiera fastidiando. Pero eso ya es cosa del pasado. Yo sé que es difícil de entender, pero hay que tomarlo como un "pleito de arequipeños", y nada más.

    -¿Cómo era el Fujimori que Ud. conoció y asesoró en 1990?

    -Era un estupendo Fujimori. Primero, tuvo el coraje de enfrentarse a una inmensa maquinaria encabezada por Mario, que tenía a la elite política nacional, a casi toda la prensa, e incluso un tremendo apoyo económico. En segundo lugar, entendió perfectamente que había que apuntar al Perú informal que nosotros habíamos identificado. Increíblemente, a pesar de que Mario Vargas Llosa hizo el prólogo de mi libro, fue Fujimori quien realmente comprendió el mensaje de El Otro Sendero. Finalmente, si bien Fujimori entró al poder rodeado de izquierdistas, tuvo la valentía de tomar distancia de ellos a pesar de las críticas, en base a una realidad que se imponía en todo el mundo.


    Con Fujimori, asegura De Soto, el divorcio fue de a pocos. En el Gobierno algunos lo torpedeaban. A pesar de que Mario Vargas Llosa prologó su libro, fue Fujimori quien lo comprendió.

    -¿Y cómo es el Fujimori de hoy para Ud.?

    -Es una persona que ha evidenciado que la única cosa de la que nunca llegó a convencerse es de la importancia de la democracia.

    Yo recuerdo que una de las cosas que más le preocupaba era la corrupción. Inclusive nos pidió estructurar un escuadrón anticorrupción, como el que existía en Honk Kong. Lo increíble de esto es que ahora su gobierno esta siendo manchado y destruido por los corruptos que él contrató para mantenerse en el poder.

    -¿Por qué el presidente del Instituo Libertad y Democracia se quedó asesorando a quien atropelló en abril del `92 la libertad y la democracia en el Perú? ¿No era eso un contrasentido?

    -Debo recordarle que a los dos días del golpe, el ILD publicó un manifiesto condenando ese hecho. Cuando Fujimori me llamó para que lo ayudará a hacer entender a la comunidad internacional su decisión, yo le dije que no estaba de acuerdo con ella. Después de cinco días de discusiones lo convencí finalmente de que tenía que darse un retorno a la democracia, porque si no su gobierno no sería viable. Esa fue mi contribución.

    -Carlos Boloña me contó en una entrevista que fue Luis Alberto Sánchez quien le sugirió la idea de convocar a un CCD. ¿Es eso cierto?

    -Es totalmente falso. En base a las facultades que me dio el presidente Fujimori, yo le propuse al subsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos, Bernard Arronson, una Asamblea Constituyente que además funcionara como Congreso. Pero él me dijo que no bastaba y que había que ponerle el nombre de Congreso Constituyente Democrático, para convencer a los políticos de su país, que realmente habría un retorno a las formas democráticas. Esa es la verdad.

    -¿Por qué se dio el divorcio con el gobierno de Fujimori?

    -El divorcio se dio de a pocos. Alguien en el Gobierno torpedeó nuestras iniciativas para hacer realidad la participación ciudadana en las decisiones de gobierno, y el retiro de los militares de la lucha contra el narcotráfico. Recuerde que fuimos nosotros quienes empujamos al Gobierno a descriminalizar a los cocaleros del Huallaga, lo cual se logró gracias a la ayuda de dirigentes como Walter Tocas, a quien más adelante asesinaron. Según los cocaleros, fue un militar del puesto de Uchiza el que lo acribiló. Yo le pedí entonces al Presidente que nombrara un fiscal para investigar el caso, pero él no lo hizo. Todo eso se fue sumando, hasta que decidimos retirar nuestra colaboración al Gobierno.

    -¿En el tiempo que colaboró con Fujimori, tuvo contacto con Vladimiro Montesinos?

    -No. Yo nunca lo conocí. Me decían que era la persona que tenía las ideas opuestas a las nuestras, pero nunca pude comprobarlo.


    Con García fue `contratista'. Tudela debe explicar por qué se asoció con gángsters. De Soto se jacta de que su obra la aprecian tanto los laboristas como los thatcheristas.

    -Hay quienes dicen que su libro "El Misterio del Capital" es una especie de espada ideológica de un nuevo liberalismo.

    -Yo no lo veo así. Y la verdad, no creo que mucha gente lo vea así. Por ejemplo, nuestros editores de Inglaterra han logrado que en el primer lanzamiento, quien hizo la crítica y presentación de mi libro fuera Geoff Mulgan, asesor principal de Tony Blair, para quien el libro entra en lo que llaman la Tercera Vía, que consiste en un respeto al empresariado privado como generador de la riqueza, un respeto a las recetas macroeconómicas ortodoxas, pero con un Estado que promueva las reformas estructurales legales necesarias, para la inclusión de los marginados dentro del sistema. Por otro lado el Instituto de Asuntos Económicos, que es el "Think Tank" de la señora Margaret Thatcher, también ha presentado el libro con gran entusiasmo. Lo mismo ha pasado en Estados Unidos, donde tanto Republicanos como Demócratas han acogido con gran interés la propuesta del libro.

    -Ahora que se vienen nuevas elecciones, ¿basta con volver a la democracia peruana pre-Fujimori para superar todos nuestros problemas?

    -De ninguna manera. Quien crea eso está totalmente ciego. La democracia pre-Fujimori, gobernada por la partidocracia era una democracia con mejores formas, pero nada más. Si ha existido Fujimori es por culpa de esa democracia que no permitía al pueblo identificarse con ella.

    -¿Hernando de Soto piensa entrar a la arena política?

    -Yo tengo ahora dos problemas que estoy tratando de resolver. Primero, es que estamos trabajando en cinco países, en Asia, Medio Oriente y América Latina, y estamos en negociación con otros cinco Jefes de Estado para trabajar en sus países. Por eso, yo no encuentro por el momento, ni el tiempo, ni los recursos para abandonar ese esfuerzo y poder hacer algo serio a nivel nacional. Estoy en ese esfuerzo hace escasamente dos semanas, desde que regresé al Perú y se desataron los aconteciemtos políticos recientes.

    El segundo problema que tengo es averiguar si no va ocurrir lo que pasó antes, es decir, que a la hora de dar tus ideas a una opción política, todo el resto del espectro político se tira contra ti, y conspira contra el consenso necesario para hacer las reformas que tienen que ser consensuales. Pero, si se resuelven esas dudas, la idea es participar en el proceso electoral.

    -¿Existe entonces la posibilidad de una candidatura presidencial?

    -No he llegado a ese punto.

    -Pero la posibilidad existe.

    -Estoy analizando esa posibilidad, aunque las cuentas que he sacado hasta ahora me salen negativas. Lo que si tengo muy claro es que no pienso volver a asesorar un Gobierno como lo hice con Fujimori, porque al final terminan quedándose con nuestras ideas y financiamiento, para luego desfigurar nuestras propuestas.

    -¿Qué es para Ud. Francisco Tudela? ¿un oportunista, o un demócrata?

    -Realmente no lo sé. Yo le tengo aprecio desde los tiempos en los cuales trabajó en el ILD. En todo caso, tiene que explicar cómo es que ha formado parte de una plancha apoyada por todo un aparato represivo dirigido por un gángster que había falsificado firmas, que todo el mundo sabía que tenía vinculación con el narcotráfico y la venta ilegal de armas. Es difícil pensar que él no sabía todo esto.

    -Alberto Bustamante, fue un hombre muy cercano a Ud. en el ILD por varios años ¿Qué piensa del papel que cumple en este régimen?

    -Bueno, a mí me da mucha pena Alberto. Yo lo conozco bien, y le tengo afecto. Por eso no creo que tenga nada de gángster, ni de antidemócrata, pero creo que gente más cazurra que él lo convenció de que ésa era la forma de ayudar al país.

    -A propósito del reciente descubrimiento de cuentas en Suiza por 48 millones de dólares del ex asesor presidencial ¿Cree Ud. posible que el presidente Fujimori haya desconocido las actividades ilícitas de Montesinos, como acaba de afirmar?

    -Sé que es difícil pensar que sólo en estos últimos días acaba de enterarse. Sin embargo, la historia está llena de líderes que se aíslan -que no quieren ni siquiera enterarse de detalles que sospechan que son desagradables- o que son aislados de una parte importante de la toma de decisiones. Quiero pensar que no estaba enterado. Pero si Fujimori no confiesa a plenitud y en detalle la naturaleza de su relación con Montesinos estará condenado a que todo el mundo se convenza de que de una manera u otra fue cómplice.

    -¿Hasta qué punto puede todavía hacerle daño a Fujimori un Montesinos totalmente desprestigiado dentro y fuera del país?

    -Yo creo que Montesinos, si quiere, puede destrozar a Fujimori. Esa es mi opinión. Si algún poder le queda, es ése. Si el narcotraficante `Vaticano' pudo dañar a Montesinos acusándolo de recibir 50 mil dólares al mes, imagínese lo que puede hacer Montesinos con Fujimori, mintiendo o diciendo la verdad. Ese es el problema de asociarse con gángsters.


    Ya Viene La Edición en Español

    EL misterio del capital, el segundo libro de Hernando de Soto ha recibido elogios y críticas pero sólo de quienes leen en inglés. En realidad, sólo para este mes se anuncia la edición en castellano. Habrá, pues, que esperar a fin de ver si es verdad tanta belleza. "The Guardian", semanario estadounidense de tendencia izquierdista, encuentra méritos en el volumen; pero anota que a los pobres y los marginales no les interesa gran cosa ingresar en la formalidad. No sin ironía, recuerda que De Soto se ha olvidado de un detalle: la deuda externa de los países del Tercer Mundo. En el Perú, cada niño nace con su deuda bajo el brazo: más o menos mil dólares, entre deuda pública y privada. El periódico atribuye la omisión al hecho de que De Soto fue economista del GATT (Acuerdo General Sobre Comercio y Tarifas), antecesor de la Organización Mundial de Comercio. Otro olvido es el del poder de las transnacionales que aprovecha todos los rincones de la globalización.



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