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Edición N† 1644 |
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Nunca antes un Gobierno confirió tanto poder a un funcionario informal, nunca lo alabó tan extravagantemente, lo convirtió de Rasputín en Zar y protegió durante diez años en forma tan cerrada de cualquier investigación, a pesar de reiteradas y específicas denuncias de corrupción. Nunca antes un personaje como Montesinos estableció tan sistemático aparato de extorsión y soborno, ni lo utilizó tan ostensiblemente para alterar la aritmética electoral parlamentaria. Nunca un jefe de facto de los servicios de Inteligencia se convirtió en abogado particular indispensable en casos "difíciles", armando un auténtico sistema mafioso tolerado por Palacio de Gobierno. Se dice que el propio Jefe de Estado fue socio de este engendro podrido. A CARETAS no le consta, pero a estas alturas cualquier cosa es posible. Lo indiscutible es su responsabilidad política, su decisión de manejar los asuntos públicos bajo la mesa y con armas vedadas, y hasta su negativa de revelar su propia declaración jurada de bienes. Por lo tanto, las declaraciones del ingeniero Fujimori en conferencia de prensa el 3 de noviembre no sólo son insatisfactorias, sino deplorables e indignantes. CARETAS cree que hoy Fujimori realmente desea apresar a Montesinos, pero esto es para ponerlo a buen recaudo y protegerse, no para moralizar al país, y el hecho que recién ahora denuncie las iniquidades manipuladas del Poder Judicial resulta francamente patético. Todos los miembros de este Gobierno debieran cumplir de inmediato con la obligación de hacer públicas sus declaraciones juradas para que un eventual peritaje constate la realidad y el origen de su patrimonio. Y bien podría establecerse un sistema para proteger a las víctimas y los arrepentidos que quieran colaborar con la limpieza. Porque todo este régimen está podrido en dinero negro, en un mar de corrupción sin precedentes que eclipsa cualquiera de sus logros.
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