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Edición Nº 1644 |
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Por LORENA TUDELA LOVEDAY Pucha, Me Radicalicé¿Sabes lo que me pasó en Acho el domingo pasado?: debido a las circunstancias yucababaneras a las que hemos entrado en rush final, perdí el sentido de realidad, me desubiqué y llegué, hija, a pensar que yo estaba en la arena y que matador, picadores, rejoneadores y of course, el bicho, eran los que nos estaban mirando a nosotros metiéndonos las banderillas y cortándonos el rabo y te lo juro que me vinieron unas náuseas sartreanas horrorosas. No vuelvo a fumar esa cosa guatemalteca que me convidó Maripí, menos con dos litros de chateaux adentro y menos... después de haberlo hecho con Diego, él vestido de monosabio y yo de la Violetera, demasiada cosa junta para una sola tarde. Bueno, paso migraciones y toda la cholada esa, y me siento a esperar mi Air France, cuando en eso le presto atención a un par de viejitas que estaban sentadas detrás mío y pensé "seguro son unas jubiladitas a las que sus sobrinos travestis se las llevaban a Milán de ilegales para que les cocinen y les limpien sus guaridas, pobrecitas, son para llamar a Barrón". Sin embargo, hija, algo había en el conjunto que no encajaba demasiado; algo que iba, en primer lugar porque una de ellas (muy parecida a la Tota, de sastre guinda con cartera azul, del mismo color que la blusa de bobos) tenía un aliento que si yo tuviera que describir en tres palabras, pues diría: aliento a mierda. Demasiado para viejita buena. Y la otra, no sabes, igualita a la Porota, parecía una de esas empleadas de correo de antes, a las que las muchachas no les duraban, usaban monillo y alguna vez tuvieron un percunchante que las dejó por la prima con plata, y la vieja se quedó hecha un nudo de arrechuras, malos deseos y envidias y encima, también apestando, pero ésta, a toalla húmeda de bidet. Yo, que con los años me cuelgo como una enloquecida de los dramas ajenos, me puse a leer a Nerval en francés para despistarlas pero con las orejas en perfecto castellano me puse a escucharlas, alertísima. Paso a reproducirte partes del diálogo: Tota: Oye, ¿no te has traído un par de tiros aunque sea para aguantar el almidón de la enagua, que me está irritando los guevos? Porota: Ay, en eso piensas nomás tú... y a propósito, me dice Joy que el Chino tiene un vi-de-i-to tuyo jalando, que si lo suelta, te dan cadena perpetua pero con Espichán calato en la misma celda... ji, ji, ji. Tota: Vamos Blanca Nélida, que si estamos en eso, te recuerdo el largometraje que protagonizaste con Larraburre en ese hotelito del centro, ¿te acuerdas?... ¡Claro, cuando había que hacerle entender lo de La Cantuta, para su voto, ¿caíste?... te tomó tu tiempito que el bestia entienda, ¿no? Porota: Ay qué calor que hace, Vladicito, ¿no quieres una cocacolita?, te traigo de la máquina... Tota: No, vieja pendeja, de tus manos no acepto pero ni la hostia. Tota: Ya, vieja víbora, basta y ahora hay que pensar cómo hacemos para que el Chinito le siga haciendo creer a los cholos que estamos a punto de caer... Ahí decidí volverme ollantista humalista pero cual rabona de Tacna, misma Comandante Lucha Continua. Así que en Roma, en lugar de comprarme frivolidades en Piazza Spagna, me fui a una tienda regia donde rematan saldos de guerrilleros sudamericanos de los setentas y he regresado dispuesta a convertirme en una suerte de Che Guevara talla 32 que daré que hablar. ¡Vive le retro! Chau, chau. (Rafo León).
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