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Edición Nº 1644 |
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ABRUMADO por las desvergüenzas que salen a la luz todos los días, quise hacer una columna al estilo light que está de moda, cuando de repente el gobierno de Suiza hizo lo que jamás intentó el peruano: descubrir las fechorías de Montesinos con cifras contundentes. Luego de ello, la farsa circense de la persecución al asesor tendrá que hacerse realidad. No vaya a ser que la gente piense que Fujimori le seguía los pasos para que le dé el número de las cuentas. Creo que ahora la vida de Montesinos corre peligro de verdad, porque muchos de sus cómplices, sobre todo los más connotados, querrán silenciarlo o desaparecerlo de la misma forma que solía hacer el asesor con algunos (Mariela Barreto, por ejemplo). ¡Montesinos, ven, entrégate, y cuéntanos todo antes de que sea demasiado tarde! Cambiando de tema: el 31 de octubre pasado ocurrió algo absolutamente extraordinario, contrario a las malas costumbres instaladas últimamente en la población limeña. En esa fecha, en que se celebra el Día de la Canción Criolla -fiesta que creí difunta-, coincidentemente con ese engendro importado que es el Halloween (¡Jáluin!), en las páginas de espectáculos del diario El Comercio los criollos ganaron 17 a 8 el partido. Porque mientras 17 avisos anunciaban jaranas criollas (que tuve la suerte de perderme), sólo 8 hacían lo mismo con fiestas de brujas locales (si digo brujas locales no me refiero a nadie en particular, ni siquiera las que ustedes piensan). Este ha sido, pues, un verdadero reencuentro con la afición criolla. Si alguna vez la miseria se vio en las calles, fue el 31 del mes pasado. El Halloween resultó la excusa para salir a mendigar. Para ello algunos se habían agenciado hasta disfraces, no sé esperando qué. Desde tempranas horas de la tarde familias enteras de indigentes provenientes de barrios marginales desplazaron a los niñitos y niñitas miraflorinos, ya no tanto para pedir caramelos, sino pan, huevos, fideos, propinita o lo que sea su voluntad. En vez de celebrar el Halloween, los peruanos deberían cantar un vals criollo. Pero que no sea Tengo el orgullo de ser peruano y soy feliz, por favor. Su texto está desfasado. Yo me pregunto ¿y qué pensarán a todo esto aquellos fujimoristas con los que tanto discutimos antes de las elecciones fraudulentas? Ellos, que reconociendo con las justas algunas arbitrariedades, decían que Fujimori era una garantía de gobierno, ¿qué pensarán ahora? Quiero recurrir a la propia Martha Hildebrandt y su importante e interesante libro "El habla culta (o lo que debiera serlo)". En el segundo párrafo de su interpretación de la palabra Argolla, dice lo siguiente (y ella sabe por qué lo dice) "(...) Pero, en sentido figurado, argolla tiene entre nosotros un matiz peyorativo que hace al término equivalente de camarilla, es decir, ´grupo cerrado y excluyente que medra a la sombra del poder o que, por lo general subrepticiamente monopoliza la toma de decisiones en un sector de la política, de la economía o de la actividad social de una nación´". ¿No es una maravilla el idioma? ¿Puede haber una descripción más apretada y exacta de la realidad peruana hasta apenas hace unos meses? ¡Gracias, Martha, tú sí que sabes! Dicen que la desesperación conduce a la locura. La desesperación fiscal, por lo menos. Será por eso que el ministro de Economía, vistos los problemas de recaudación que enfrenta (todos creados por el propio gobierno), en vez de buscar fórmulas nuevas y creativas se ha decidido por las fáciles, como la de incrementar el impuesto a la cerveza, vieja gallina de los huevos de oro a la que ya han desplumado y están a punto de hacer caldo con ella. Hay por allí una teoría, a la que ya me he referido en nota anterior, que enseña que cuantos más impuestos a algo, menos recaudación. Eso debería saberlo el ministro. ¿Por qué no le impone impuestos especiales a las pizzas? No es que me alegre de ello, pero constato que apenas el barco ha empezado a hundirse la férrea disciplina de la mayoría gubernamental, sufrida impacientemente durante más de diez años por todos los peruanos, se ha hecho pedazos apenas el barco empezó a hundirse. No sorprende y más bien casi da risa ver a tan arrogantes personas peleadas como perros y gatas, acusándose hasta de secuestros y torturas. El Congreso parece ahora, más que nunca, la plaza del mercado. Mercado, y persa. Creo que ya es hora que Fujimori renuncie a la primera magistratura, que obtuvo en elecciones absolutamente fraudulentas y deje el cargo aunque sea a su segundo vicepresidente Márquez. Peor es nada, o sea esto. Me parece altamente sospechoso que el ministro Boloña, al verse obligado a referirse al caso Montesinos, hable de la corrupción en el Perú de veinte años a la fecha. Echarle lodo y poner en un mismo saco a los gobiernos anteriores, aunque algunos lo merezcan probablemente, no lava el inmenso contubernio de quienes hicieron posibles los casi cincuenta millones de dólares del asesor. Una de las más gruesas mentiras de Fujimori: que con la paz con el Ecuador se iba a reducir el presupuesto de las Fuerzas Armadas. No sólo no se ha reducido sino que ha aumentado considerablemente. Y parte de ello ha ido a parar al bolsillo de Montesinos. Esto termina de escribirse a las 11.30 de la mañana del lunes. ¿Qué sorpresas nos depararán las próximas horas?
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