Edición Nº 1645

 

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    ARTICULO

    16 de noviembre de 2000

    Fujimori en el Aire
    Mientras el Presidente se desplazaba hasta el sultanato de Brunei, el país se seguía hundiendo en la crisis política, económica y moral.

    El viaje, minuciosamente ocultado, partió del Grupo 8. El avión presidencial voló al minúsculo paraíso financiero en que se realizaba una cita que por el momento no interesaba mayormente al país.

    DIAS duros son éstos para los peruanos, en un escenario que alcanza niveles de calamidad generalizada. El lunes pareció que todo se juntaba: a la 1:30 de la tarde, Martha Hildebrandt era destituida de la presidencia del Congreso. Media hora después se presentaba, en el mismo recinto parlamentario, un video en que Vladimiro Montesinos aparece no sólo como jefe supremo del Servicio de Inteligencia Nacional, sino como teórico de un plan verde que coloca, "una vez más", a las Fuerzas Armadas como "pilares básicos de la gobernabilidad de un país".

    Poco antes, a las 11:30 de la mañana de ese mismo día, el presidente Alberto Fujimori había emprendido viaje rumbo al sultanato de Brunei.

    Es éste un minúsculo país de 5.700 kilómetros cuadrados y 292 mil habitantes, conocido como paraíso financiero para cuentas turbias y préstamos escandalosos, que en algún caso involucraron al mismísimo presidente Bush de Estados Unidos.

    La cita de Brunei era importante; pero no se sabe qué importancia podía tener para el primer mandatario de un país desgarrado por escándalos de corrupción, disgregación de las propias fuerzas oficialistas, crisis económica e ira creciente de la sociedad.

    La reunión estaba en realidad, según reza la agenda, consagrada a líderes económicos del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC es la sigla en inglés). Ocurre que en ella participan no sólo gobernantes, sobre todo ministros de economía, sino también empresarios privados.

    Hasta ahora las citas del APEC han servido sobre todo para estimular la apertura de mercados y, en especial, la concertación de acuerdos bilaterales. Eso explica la presencia esta vez del presidente Clinton de Estados Unidos o de Ricardo Lagos de Chile (cuyo país busca acuerdos comerciales con Corea y Singapur).

    No se conoce aún los planes que haya llevado en sus cartapacios el primer mandatario del Perú, ni qué nuevas puede traer de la cita de Brunei. Lo que sí se puede tasar es el costo del viaje y la intensidad del esfuerzo presidencial. Cabe precisar que son doce horas las que separan al Perú de Brunei. Cuando acá son las 12 del día, allá son las doce de la noche. Esto quiere decir que Fujimori ha viajado veinte horas casi siempre durante la noche. Igual va a ocurrir con un viaje de Brunei a Panamá a la Cumbre Iberoamericana.

    Panamá es este año sede de la cumbre que reúne a los presidentes de 21 países latinoamericanos, así como al jefe de Estado de Portugal y al rey Juan Carlos de España.

    La reunión de Brunei era para líderes económicos. En la foto, cancilleres, entre ellos De Trazegnies, ante una mezquita.

    ¿VACANCIA A LA VISTA?

    El desgobierno de estos días en el Perú no ha tenido a Fujimori entre sus protagonistas. La gravedad de la crisis política y económica, el desfile interminable de indicios abrumadores de corrupción de Vladimiro Lenin Montesinos, con sus correspondientes cuentas bancarias en continuo ascenso, las renovadas denuncias de contubernio del ex asesor con el narcotráfico y la piratería de armas, etc., etc., parecen haber sacado de quicio a Fujimori. Su intempestivo viaje a Brunei es casi una demostración.

    Hay quienes afirman que los gestos desesperados, como la conversión en inspector de policía o de allanador ilegal del domicilio de su ex hombre de confianza, son prueba de esa perturbación, que algunos atribuyen al miedo de que salte la revelación de que algunos millones de dólares son en realidad compartidos entre él y el doctor.

    Hasta en el lado oficialista empiezan a surgir las dudas. Federico Salas, presidente del Consejo de Ministros, acaba de afirmar que no asume el pasivo fujimorista, porque sólo tiene tres meses en el poder. El arzobispo Juan Luis Cipriani propone, por su lado, que se reemplace a Salas por un jefe de gabinete no envuelto en escándalos. Por ejemplo, Luis Bedoya Reyes o Alfonso de los Heros.

    El desbande es de tal dimensión que el archioficialista Miguel Velit llegó a pedir a la doctora Hildebrandt que renunciara a la presidencia del Congreso.

    Al calor de ese rompanfilas gobiernista y del malestar ciudadano no han faltado quienes piensen que se ha abierto la posibilidad, si es que no la necesidad, de que Fujimori sea despojado de la presidencia.

    CARETAS ha sostenido la conveniencia de que Fujimori cargue, hasta el 28 de julio del 2001, con el muerto de la transición a la democracia, con toda su resaca de crisis económica y social. Pero si se destapara un escándalo extremo, es evidente que el Congreso podría aplicar el inciso 2 del artículo 113 de la Constitución, que declara que la presidencia de la República vaca si el Congreso declara la "permanente incapacidad moral o física" del mandatario.

    Pero todo eso incurre en el campo de la conjetura. Lo único cierto es que, hoy por hoy, la presidencia está en el aire. Y el Perú está que vuela. (César Lévano).



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