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Edición Nº 1645 |
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Tragedia
en la comunidad Candoshi
Cuando el fotógrafo Alejandro Balaguer llegó al lago Rimachi vio venir el holocausto. Los pobladores de la comunidad vagan cual fantasmas de rostro amarillo, vomitando sangre y muriéndose sin saber por qué. El lago, ubicado en el departamento de Loreto, en la provincia del Alto Amazonas, es hogar de los candoshi, y un tesoro ecológico que los nativos guardan desde 1994. Pero los candoshi se están muriendo. Una epidemia de hepatitis B y hepatitis Delta (también conocida como hepatitis negra) los está diezmando. Escribe RUTH LOZADA
EN la comunidad de puerto Chingana, una de las 28 ubicadas alrededor
del lago, se han registrado recientemente 15 casos de hepatitis B, casi
el 10 % de la población. Allí, la pequeña María,
de apenas 14 años, está embarazada de cinco meses y ya tiene
el virus que de seguro contagiará a su bebe próximo a nacer.
El profesor Alberto Sundi, explica que en la selva las niñas son
entregadas a sus futuros maridos apenas cumplidos los 9 años y
es común que al año estén ya esperando un hijo. Esta
precocidad sexual es una vía de trasmisión del virus que
pasa así de generación en generación. Sundi, que
vive en la comunidad de Musa Karusha, quedó viudo en agosto de
1999. "Mi esposa tenía 26 años, empezó con fiebre
y sus ojos amarillos. Todo el cuerpo se le puso amarillo, bien amarillo
y no pudo sanar".
Balaguer estuvo en la zona en agosto pasado recorriendo el río Pastaza para documentar las etnias que viven en sus orillas. Después de ocho horas de navegación llegó hasta el lago Rimachi. "Los candoshi, son parte de la gran familia de los jíbaros, son guerreros y una comunidad cerrada. No se pueden tomar fotos, ni pasearse, ni conversar con nadie si no tienes permiso. Hay que exponer el motivo de la visita ante el Apu o jefe y luego toda la comunidad debate la conveniencia o no de tu visita. La discusión puede durar 5 horas y te pueden decir que no y tienes que irte". Balaguer consiguió el permiso, tomó la fotos que documentan
esta nota y logró testimonios como el de Fidel Nanantay de la Coordinadora
de Pueblos Indígenas (CORPI). "Hasta en cuatro oportunidades hemos
pedido que se declare la zona en emergencia, pero los funcionarios de
salud minimizan el problema". Nanantay acudió al centro de salud,
de allí lo mandaron a la Dirección Regional de Salud en
San Lorenzo. Allí le dijeron que tenía que esperar la decisión
de Yurimaguas, en Yurimaguas que tenía que esperar a Iquitos y
en Iquitos que tenía que esperar la decisión de Lima. Y
sigue esperando.
"Cuando planteamos la situación para hacer un diagnóstico general del problema, todos se animaron, hasta nos prometieron helicópteros, pero los de la Dirección Regional se quedaron callados. Ellos dicen, vengan a curarse aquí y nos hacen dejar nuestros pueblos que están a días de navegación de San Lorenzo para que finalmente no nos den tratamiento. Y el Ministerio de Salud se guarda todos estos casos como si fuera broma. Decir que los candoshi siempre mueren no es razón", reclama Nanantay. Desde hace más de una década se sabe de la prevalencia
de la hepatitis en el área amazónica. En 1997, la Asociación
Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep), que agrupa
a 43 federaciones de pueblos indígenas, culminó un estudio
en colaboración con el Instituto Nacional de Salud sobre la prevalencia
de las hepatitis B y Delta en las comunidades de la Amazonía. Se
estudió a 870 pobladores de 37 comunidades distribuidas en 12 cuencas.
El resultado fue que el 60 % tenía infección previa de hepatitis
B, el 1,8 % se había infectado recientemente. El 44 % de los menores
de 10 años estaba infectado y 32 de los 82 portadores del virus
habían ya desarrollado hepatitis Delta.
Gil Inoach Shawit, presidente de Aidesep hizo llegar el estudio al Ministerio
de Salud sin obtener respuesta. "En julio pasado estuve en la zona y como
habían muerto 6 personas seguidas recién habían ido
a vacunar a los niños menores de 5 años, pero son 2000 candoshi
y si se vacuna sólo a 200 niños eso significa condenar a
muerte a los adultos. De aquí a 5 años desaparecerán.
Los adultos también reclaman que se los vacune pero el ministerio
no actúa". El doctor Jorge Ferrandiz, presidente de la Sociedad de Gastroenterología
señala que en las tribus amazónicas el contagio del virus
se hace de madre a niño, por el contacto estrecho entre los niños
y por relaciones sexuales precoces. "La trasmisión se hace en los
primeros cinco años de vida y cuando un niño se enferma
el riesgo de que se convierta en crónico es de un 70 %, en cambio
cuando el mal se adquiere a edad adulta el riesgo es sólo del 10%.
El problema es básicamente económico, esta gente se muere
todos los días y no es una exageración".
Albina, una niña que estuvo con hepatitis B como su hermana y su madre, muestra su piel y ojos amarillentos y un brazo fracturado desde hace 3 semanas. Cuando ocurrió el accidente la llevaron a San Lorenzo en lancha con un atado de pescado y yuca, allí esperaron 3 días a que la atendieran y finalmente tuvo que regresar sin que el médico la viera. Cuando la expedición de Balaguer retornó a San Lorenzo, llevaron a Albina al centro médico. Llegaron a las 3 de la tarde y ante las protestas del fotógrafo accedieron a atenderla. A las 7 de la noche la niña seguía esperando y recién a la mañana siguiente fue examinada. Ahora sólo queda esperar a que las autoridades sanitarias se decidan a asumir su responsabilidad, antes de que el pueblo candoshi desaparezca. Silenciosa y Mortal La hepatitis es una inflamación del hígado generalmente causada por un virus. Existen cinco clases A, B, C, D ó E. La del tipo B y C es silenciosa, no presenta síntomas y al igual que el Sida se puede ser portador del virus por años y contagiarla. El tipo del virus C es el más peligroso y causa principal de la enfermedad hepática crónica y cáncer de hígado. Actualmente existe el Interferon alfa B2 asociada a ribavirina, una glicoproteína que es producida naturalmente por la célula en respuesta a un ataque viral y es el único agente que hasta ahora ha demostrado ser efectivo en el tratamiento de la hepatitis crónica C.
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