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Edición Nº 1645 |
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Se Busca Presidente... Escribe
PEDRO TENORIO
A pocas horas de la medianoche del martes 14 empezaron a definirse las candidaturas a la presidencia del Congreso. En el "Plenito" celebrado entre los congresistas del Gobierno, fue designado sorpresivamente -vía Brunei- Ricardo Marcenaro, uno de los "duros" al interior del oficialismo, como el representante de Perú 2000. Se desplazaba así a Absalón Vásquez, el que más había sonado hasta primeras horas de esa noche, del bolo gobiernista. Por el lado de las fuerzas democráticas, tras largas horas de negociaciones se llegó a un consenso alrededor de Valentín Paniagua, el secretario general de AP. Sin embargo, puede decirse que los cubileteos para llegar a estos consensos no estuvieron exentos de tensión y dramatismo. En Perú 2000 la situación alcanzó ribetes que hasta ahora nadie llega a entender completamente al interior de la bancada oficialista. Fue Alberto Fujimori, desde el distante sultanato de Brunei, quien eligió
al candidato de la alianza. Absalón Vásquez, que se perfilaba
como la opción con más posibilidades frente a un candidato
opositor, fue dejado de lado en beneficio de Ricardo Marcenaro, la opción
por la que Martha Chávez se jugó el todo por el todo ante
Fujimori. Según una fuente, Absalón Vásquez consiguió
el apoyo de 64 congresistas. Lo que siguió fue una lucha entre las facciones de Nueva Mayoría
-a la que pertenecen Chávez y Marcenaro- contra Vamos Vecino, el
movimiento de Vásquez.
Y fue tal la tensión entre estos grupos que, para felicidad de Martha Chávez, Fujimori prefirió apoyar a Marcenaro aun cuando en ello agotara las posibilidades de triunfo del bloque oficialista. La decisión es inexplicable, por cierto, pero al parecer pesó
más la desconfianza del Presidente en Absalón. Marcenaro
fue el úkase dado por el Presidente y no hubo vuelta que darle.
Tampoco se sabe cuál es el cálculo del primer mandatario
si de verdad Perú 2000 teme, como lo ha denunciado reiteradamente,
que una oposición a la cabeza del Legislativo declare la vacancia
de la presidencia. Tampoco se puede descartar que, lanzados Marcenaro y Paniagua, alguien proponga a un independiente como tercera vía y a la hora de la verdad el oficialismo y los SIN-partido se unan, apoyándolo. Aunque todo cabe en política, eso es poco probable: el plazo para inscribir a los candidatos vencía el miércoles 15, y si aquello sucediera, la maniobra sería evidente. El jueves 16 mostrará de un lado a Marcenaro -que en lo que respecta
a buenas maneras democráticas y búsqueda de consensos es
una "figurita repetida" de Martha Hildebrandt- y a Valentín Paniagua
en representación de las fuerzas democráticas.
EL PARTO DE PANIAGUA Si bien el de Paniagua fue uno de los nombres que comenzó a sonar
a poco de que la censura contra Hildebrandt fuera aprobada, lo cierto
es que se tuvo que vencer la terca resistencia de Perú Posible.
El partido de Alejandro Toledo quería hacer valer su condición
de primera minoría opositora colocando a Carlos Ferrero en el partidor,
pero finalmente tuvo que ceder ante el abrumador respaldo que, en el resto
de movimientos, obtuvo Paniagua. Si bien la aspiración de PP se basaba en el acuerdo previo de respetar la correlación de fuerzas -número de congresistas de cada grupo político- a la hora de asignar cargos, lo cierto es que Paniagua surge como una opción capaz de generar menos anticuerpos entre los congresistas independientes. Ciertamente, Paniagua es un respetado constitucionalista, ex presidente de la Cámara de Diputados durante el segundo gobierno de Fernando Belaunde y pieza clave dentro de los logros que en materia de reforma electoral se han conseguido con auspicio de la Mesa de Diálogo de la OEA. Su triunfo mejoraría la imagen del Congreso, sería el punto de partida para un ejercicio plural del Poder Legislativo y la recuperación de muchas de sus atribuciones perdidas durante el fujimorato. A eso se sumaría una variable de tipo político y que radica
en que, siendo una figura sin aspiraciones presidenciales y perteneciendo
a un partido (AP) que no está precisamente pasando por el mejor
de sus momentos, la tentación de llevar agua para su propio molino
quedaría descartada.
Después de todo, ante la eventualidad de que el Congreso se vea en la obligación de declarar la vacancia de la presidencia en las próximas semanas -y no definida la línea de sucesión ante la renuncia aún no resuelta de Francisco Tudela y la fragilidad institucional de Ricardo Márquez-, Paniagua podría hallarse (como presidente del Congreso) ante la eventualidad de asumir temporalmente la presidencia de la República. Durante las horas previas a su designación no se cansó de repetir que no era candidato a nada y que estaba a la espera de un consenso para respaldar al candidato de oposición. Tras la desiganación, le ha llegado el turno y dependerá del voto -esta vez secreto, por balotas según el reglamento- para saber si se termina o no con más de 8 años de una excluyente hegemonía oficialista. Tal como está definida la actual representación nacional, esta elección bien podría ser de pronóstico reservado. Es muy probable que la presidencia del Congreso recaiga en la oposición, pero la última palabra la tendrán los llamados independientes. Como demostró la votación del lunes 13 cuando se rechazó la censura a la primera vicepresidenta Luz Salgado, ni opositores ni oficialistas se bastan por sí solos para ganar una elección. Por tanto, ambos bloques estarían obligados a conversar con alrededor de 15 congresistas que -entre independientes, tránsfugas y montesinistas- no se sienten representados por ningún grupo político. Más aún cuando, al cierre de la presente edición,
nada está definido.
UN CONGRESO LIMPIO Una presidencia en manos de la oposición abre el camino, además,
a dinamizar el papel que el hemiciclo cumplirá en los próximos
meses ante la eventualidad de nuevas y escandalosas revelaciones que involucren
al poder político. Pocas horas antes de que se oficializara su candidatura, CARETAS le preguntó a Valentín Paniagua si el panorama era espectante, de cara a los próximos días. "Angustiante y difícil, diría yo", respondió esbozando una sonrisa. De la decisión del jueves depende, en gran medida, si las cosas comienzan a asumir el rumbo de la transición ordenada y democrática que la ciudadanía espera. Posiblemente 117 congresistas -Kouri suspendido, Palomo y Altuve de licencia- tengan la última palabra.
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