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Edición Nº 1645 |
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Al Toro Por Las Astas Escribe ¡Papapapá! (cuatro primeras notas de la Quinta Sinfonía de Beethoven). ¡Papapapá! ¡Albricias! ¡Qué corrida tan pareja y bien presentada! ¡Qué trapío! ¡Qué torazos! Lo casi nunca visto en Acho. Estos toros de la sexta de abono eran de Pedro Moya `Niño de la Capea'. Bueno, de su mujer, tanto monta monta tanto, que todo queda en familia. La corrida de Doña Carmen Lorenzo dio gusto verla, y era para que el aficionado vaya a disfrutarla siempre en la evocación de la retina de la memoria. Para el baúl de los recuerdos. Toros toros. Toros de verdad. ¡Albricias! ¡Papapapá! Todos se dejaron torear, siendo especialmente buenos el segundo y el sexto al que se le dio la vuelta al ruedo. Fue una buena tarde en la cual si el acero hubiera estado más listo y oportuno se hubieran podido cortar hasta 5 orejas en vez de las 2 del último toro que cortó Morante de la Puebla. Finito de Córdoba es otro finito de Córdoba de aquel que
vimos en Acho en el pasado. Finito de Córdoba está haciendo
ahora un toreo muy puro, muy acompasado, muy de verdad. No sé por
qué pero Finito de Córdoba me recuerda en ciertos momentos
a Joselito, el último gran Joselito se entiende, no el primer gran
Joselito que se ha quedado en la historia como el ápice del mejor
toreo de pies de que se tiene noticia. Finito de Córdoba estuvo
con muy buen sitio esta tarde. Su primer toro no fue ninguna perita en
dulce, andaba a la suya y de cuando en cuando se reservaba. Finito de
Córdoba le hizo muchas cosas buenas y en la muleta lo fue toreando
de menos a más, porque se iba haciendo con el toro hasta dar una
formidable tanda de naturales que quedan como ejemplo de mando. Lamentablemente
no faltaron esos maestros de la idiotez congénita que se la pasan
chillando queriendo dictar cátedra. Ostentosos, porque quieren
hacer notar y estentóreos porque con sus chillidos mancillan la
majestad de Acho y ponen nervioso al más pintado. Como pusieron
nervioso a Finito de Córdoba, que cuando iba en alza con la faena
(la estupenda tanda de naturales) tuvo que bajar el tono y desacoplarse.
Por los tendidos 9, 10 y 11 salían las voces de 4 ó 5 borrachitos
que querían decirle a Finito lo que tenía que hacer. No
había pico de muleta pues el torero la asía dos palmos del
auténtico pico. Estos vocingleros revientan en demasía.
Finito estuvo muy por encima del toro hasta que los nervios lo traicionaron.
A su segundo toro le hizo una estupenda faena fallando con el descabello
y perdiendo trofeo que lo tenía bien ganado.
Manuel Caballero estuvo excelente en sus dos toros. Magnífico
en las verónicas de recibo a su primer toro, abriendo el compás,
cargando la suerte y con las manos muy bajas. La faena de muleta era para
dos orejas. La faena de muleta tuvo estilo propio. Manuel Caballero torea
por ayudados primorosamente. y el estilo propio lo saca siempre al citar
al toro. Adelanta, raspando el suelo con lentitud, la pierna contraria
a la mano que maneja la muleta, de frente, completamente de frente, como
los grandes toreros, y de esa guisa, cuando el toro se le arranca, carga
la suerte obligadamente en la reunión. Es una delicia ver esto.
Otra vez el acero hizo de las suyas esta tarde, ya que descabelló
repetidamente porque el toro se le amorcillo. Perdió trofeos. Debió
dar la vuelta al ruedo ya que cuando un toro se amorcilla es dificilísimo
encontrarle la muerte instantánea, pues se le cierra las vértebras
cervicales. Es más la mala suerte que el demérito propio.
A su segundo toro, quinto de la tarde, lo devolvieron a los corrales por
cojo, de forma un tanto intempestiva saliendo en su lugar como sobrero
un toro de Roberto Puga, bizco de cuerna, que dio un juego regularcito
aunque embestir, embestía. El torero lo dio todo, lo mandó
mucho y se hizo con él. Tenía unas enormes ganas de triunfo
que contagiaron al público. Estuvo muy superior a su toro y el
descabello nuevamente (tras volcarse en el morrillo del toro con un estocadón)
le jugó la mala faena de quitarle el trofeo.
Morante de la Puebla estuvo en sus dos toros por debajo de sus enemigos. Morante de la Puebla siempre demuestra la enorme clase que tiene dentro, pero la abulia y la mandanga le ganan la partida. Compone la figura, se cimbrea, saca caderazos (que es una estética peculiar muy sevillana y una forma de cargar la suerte muy bella) y le muestra al público su esteticismo. ¡Ea!, miren cómo toreo. Pero se queda ahí, en el muestreo, sin fabricar la faena honda, auténtica y verdadera. En su primer toro dibujó unas verónicas muy bonitas y una media extraordinaria. Con la muleta estuvo salpicando la faena con sus muestritas artísticas. Pero le faltó ganas, esa enjundia que dan las ganas, como la tuvo toda la tarde Manuel Caballero. Le dieron las dos orejas de su segundo toro y para mí que una de ellas se la debieron dar al presidente de la corrida. ¿Y por qué esto? Pues porque el presidente de la corrida cambió el tercio (con un toraco inmenso de 610 kg que había recibido una buena vara de Caro) cuando el toro estaba muy entero y le faltaba otra vara. El toro era muy bueno y estaba muy entero y a Morante de la Puebla no le quedó otro remedio que tragar paquete y torearlo. Así que, con un toro excelente que aguantaba faena larga, Morante de la Puebla no pudo escabullirse y dar muestritas artísticas con cuentagotas.
El toro se le venía y no le tocó otra que torearlo. Gracias al presidente esto ocurrió. Porque me imagino el recital de tuerca y sacacorchos que hubiera podido ser otra vara con la intención de bajar al toro y seguir prodigando muestritas artísticas. En toda la dimensión de la faena estuvo el torero por debajo de un toro que embestía constantemente. Porque le faltó el valor de atornillarse en la arena y hacer la faena de su vida. Mató de una excelente estocada recibiendo sui géneris. Podríamos llamarla "estocada recibiendo al encuentro", si de algo sirve esta nominación de urgencia. Porque no fue recibiendo tirando la muleta al suelo y tampoco fue al encuentro, ya que no dio el paso adelante para hacerlo. Pero, sea lo que sea, estuvo perfectamente ejecutada y fue una estocada muy poco vista. Le dieron las dos orejas porque el público estaba harto de ver que se escapaba la tarde y no se coronaban faenas estupendas por culpa de falta de puntería. Así que todo se lo llevó Morante de la Puebla, que sabemos que es un gran torero pero que sabemos también que no está en su mejor momento. Una buena tarde de toros. ¡Papapapá!
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