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Edición Nº 1645 |
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Nadie cree que Fujimori tiene interés en esa reunión. Las conjeturas de los ciudadanos son que va a arreglar las cuentas que tiene en el Asia, que esta vez sí se fuga del país o que quiere evitar responder a la acusación. Aunque con el cinismo que lo caracteriza, Vladimiro Montesinos ha negado en una entrevista a la revista mexicana Época, relación alguna con el narcotráfico, está documentado que él estuvo vinculado desde fines de los ´70 al entonces poderoso cartel de Medellín, a través de Evaristo Porras Ardila, uno de los capos de esa organización. No es inverosímil entonces la versión del Osito, en el sentido que Montesinos estuvo en la famosa hacienda Nápoles de su hermano, Pablo Escobar, el jefe del cartel de Medellín, en 1987. Y si es cierta la acusación que Escobar aportó un millón de dólares a la campaña de Fujimori en 1990, éste se encontraría directamente comprometido con el narcotráfico, no sólo a través de su socio. A la luz de los últimos acontecimientos ¿alguien pondría su mano al fuego por Fujimori? La imputación es una vuelta más al torniquete que ha asfixiado políticamente al individuo que los ayayeros denominaban, hasta hace muy poco, el mejor Presidente de la historia del Perú. Otro elemento que ha hundido a Fujimori, es la certeza de que su alocada persecución a Montesinos no tiene como propósito "ubicarlo", como dijo una vez, sino encontrar y destruir las pruebas que su ex socio tiene en su contra. El ilegal y nocturno allanamiento al departamento de la esposa de Montesinos es una muestra de ello. Fujimori quería ser él, personalmente, el primero en revisar las decenas de maletas que extrajo la Policía de allí. De igual manera, la incursión en la casa del general José Villanueva, el 23 de octubre, hecho que ha sido revelado por el diario El Comercio el domingo pasado. Ese allanamiento fue realizado por la guardia personal de Fujimori, que iba también en busca de videos o cualquier otra evidencia que pudiera comprometerlo. Montesinos lo ha amenazado directamente en la entrevista con Época: Fujimori "no puede separarse convenientemente de nuestra historia común. A su tiempo él sabe que daré información que el país necesita". Y más concretamente, ha dicho que si va a los tribunales, lo hará "junto a quien fue parte integrante de mis actos". Fujimori está perdido. No hay manera que pueda borrar las huellas de diez años de criminal sociedad con Montesinos. El video mostrado el lunes por Iván García, Luis Iberico y Fernando Viaña, confirma también lo que se sospechaba: las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia eran el verdadero partido político que mantenía a la corrompida cúpula cívico militar en el poder. Y Vladimiro Montesinos era el auténtico jefe. La ceremonia se efectúa en el SIN, Montesinos la preside, rodeado de una atenta y adulona corte de ministros y comandantes generales, y él pronuncia el discurso central. No cabe duda quién es el que manda. El objetivo es felicitarse por el fraude electoral y cohesionar a los mandos militares ante los embates del descontento popular y la arremetida de la oposición. En ese momento ya existía una creciente preocupación en las fuerzas armadas por lo que podía venir. La presentación del nuevo video es también un anuncio de que la filmoteca de Montesinos puede seguir proporcionando más sorpresas. Y el último acto del desmoronamiento del régimen, la destitución de Martha Hildebrandt de la presidencia del Congreso, abre el camino para el licenciamiento inmediato de Fujimori y su reemplazo por el nuevo presidente del Parlamento. Mientras más rápido ocurra, mejor para el país.
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