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Edición Nº 1645 |
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Por FERNANDO VIVAS
La Danza de Zorba coreografiada por Abimael Guzmán con su camarilla y los videos caseros de las fiestas de la banda de los Destructores, apuntan a la misma debilidad que cogió a la cúpula militar entera cuando se dejó grabar brindando por el fraude y por el nuevo fascismo encabezado por Vladimiro Montesinos. Para el asesor las cintas tenían el valor sentimental que las óperas de Verdi tenían para Al Capone o las de Wagner para Adolph Hitler. En lugar de apropiarse del patrimonio cultural universal y proyectar su ambición en tesoros del arte, nuestro capo se rodeó de un museo de sí mismo y gozaba invitando a partidarios y tránsfugas a ver y comentar sus ediciones sobre la lucha antiterrorista. Cuando cayó la banda de chantajistas y reducidores de joyas de Calígula, tambien fue hallado un paquete de fotos en el que destacaba nítidamente, entre instantáneas de Miami y grupetes sonrientes, una bizarra naturaleza muerta: un bouquet de billetes de 100 dólares sobre la colcha de una cama. De pronto, estos blanquiñosos malogrados, impostores consuetudinarios, querían improvisar un álbum familiar a partir de las únicas hazañas de su vida. Qué dramático país donde los delincuentes necesitan verse para creerse. Afirmación de la identidad in extremis, búsqueda del reflejo en las aguas de un estanque turbio y pestilente. En el Perú, desde que Guillermo Thorndike dejó La República en los 80 y el filosenderismo dejó de ser fashion para la izquierda intelectual, no se mitifica ni a delincuentes ni a terroristas. La prensa chicha actual, con su rasero sangriento, no permite que ningún vivazo levante cabeza. Será por eso que los corruptos de siempre, contrarrestando la indolencia mediática ante el delito, necesitan hacer alharaca aportando ellos mismos sus pruebas indiciarias. Que los condenen en olor de multitud antes que los maten de indiferencia. El video promete trascendencia, duplica, repite, plasma, pone al día con la tecnología del primer mundo. Lo que no somos en la vida real podemos serlo en un noticiero, en un periódico o en una imagen aparecida en El Tío, en Canal N o en la mismísima CNN. Si no hay tradición que venerar habrá al menos un archivo al que echar mano para cuando llegue nuestro cuarto de hora. El apego a la formalidad burocrática que nos viene de la Colonia tiene que ver en todo esto, es la otra cara de una vocación informal, de una tenue identidad y una bastardía originaria que nos impelen a estampar huellas digitales por todas partes. Papelito manda donde no hay sinceridad ni integridad. Mientras más abajo en el escalafón social, más angurria de cámara. De ahí el éxito de Laura Bozzo para conseguir testimonios, de ahí la profusión de ampayes de Magaly Medina entre los arribistas del deporte y la farándula. El AB tradicional es mucho más discreto, sólo saca a pasear sus comprobadas virtudes públicas que, como son pocas, no llenan los noticieros aunque sí las páginas sociales. Sus secretos permanecen bajo siete velos, provocando, hasta que alguien se los arranque a mordiscos. Cuando eso pasa, el pescador pescado no sólo teme al escándalo, teme a los reclamos. El CD, en cambio, tiene menos reservas, sus inseguridades están expuestas en la calle, para el libre picoteo informativo. Estando en el extremo, algunos creen que la exposición pública siempre reditúa aunque sea negativa. Desde la miseria y desde la marginación, la fama o la infamia son la misma cosa. Parafraseo por enésima vez una cita del colombiano Jesús Martín Barbero: las notas policiales son las páginas sociales de los pobres, su Ellos y Ellas. Rewind. Antes del exabrupto sociológico, estaba en lo de la fatal compulsión de los criminales nacionales por dejar huellas de sus fechorías. Estamos en un país ilegal que juega a las escondidas con jugadores que no tienen la entereza para quedarse quietos hasta hacerse invisibles. ¡Yuju, aquí estoy, ampáyame!, dicen sin querer queriendo, los caraduras. Así, su prontuario no podrá convertirse en una épica de marginales sino en una crónica roja del fracaso. ¡En buena hora! Si nuestras virtudes son relativas por qué nuestros males tendrían que ser absolutos. El video presentado por Luis Iberico, Iván García y Fernando Viaña, ex periodistas de Canal 2, es un ampay estructural. En él la mafia no enseña su botín pero desnuda a su jerarquía oficial, verbaliza su discurso de odio y de admisión de fraude, luce sus galones y sus formas y, todo, ante una cámara al descubierto. Estos pendejos sabían que los estaban grabando, sabían que probablemente el encuadre se cerraría sobre el asesor mientras discurseaba y se abriría en un plano de conjunto a la hora del brindis, o si no, panearía de izquierda a derecha sobre las medallas de la Marina de Grau, la Aviación de Quiñones y el Ejército de Bolognesi. Creían que la posteridad reclamaba un video de la última cena de los pendejos. Sonrían.
Escribe FRANCISCO DIEZ CANSECO
Por más que intento conocer -televisivamente- a Betty La Fea, mis esfuerzos siguen resultando en vano: salirme de Canal N a esa hora puede resultar peligroso en términos informativos, como lo es desligarme del audio de Santa Rosa, CPN o RPP en estos momentos en que, por obra y gracia de Fujimori y su asesor Montesinos, el Perú vive, en zozobra e incertidumbre, una situación demasiado fluida, de cambios rápidos e inesperados. Siempre es un placer que de alguna manera tenemos que ayudar a preservar -escuchar a Vivaldi o a Beethoven en Solarmonía y, en un salto absolutamente dialéctico, pasarnos a Radio Mar a vibrar con el clásico de Rossy War "Nunca pensé llorar" o buscar la nostalgia de los Beatles cualquiera de sus canciones, pero especialmente "Yesterday"- en Stereo Lima 100. Pero, volviendo a la TV, es importante el zapeo de los noticieros, por encima de la información, para seguir midiendo los niveles de desinformación o subjetividad y, sin duda, realizar el paseo correspondiente por los programas de opinión como la Mesa Política de CCN, Encrucijada en Canal 32, la Hora N y los programas políticos dominicales. Sería interesante determinar cuántas horas dedica un televidente u oyente promedio a la TV y radio en Lima. Porque, con la oferta existente, podríamos pasarnos la vida pegados al audio y al video o simplemente declararnos en huelga a la búsqueda de esas radios y canales independientes y batalladores de provincias, donde programas como el "Teléfono rojo" son indispensables. Golpe de Pantalla
En un comunicado que es en realidad un ajuste
de cuentas a José Enrique Crousillat, empresarios de radio y televisión
señalan lo siguiente: "La libertad de expresión en la radiodifusión
ha sufrido severas violaciones constitucionales que deben corregirse de
inmediato". En noviembre de 1999, Crousillat, presidente cuestionado de
la Asociación de Radio y Televisión, difundió otro
comunicado, sugerido o probablemente escrito por Montesinos, donde afirmó
que en el Perú había irrestricta libertad. Además
de enmendarle la plana, los firmantes -pastpresidentes de la ARTV Fernando
González del Campo, Genaro Delgado Parker, Humberto Maldonado y
Pedro Tello- le exigen convocar a una asamblea antes del 30 de noviembre
para renovar el mando del gremio. Si el atribulado Crousillat no cede
al pedido, igual será desconocido por la nueva hornada de agremiados,
entre los que está Domingo Palermo por Canal A, Manuel y Hugo Delgado
por RPP, y representantes de Baruch Ivcher. El próximo gobierno
se enfrentará a un nuevo escenario mediático.
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