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Edición Nº 1646 |
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Operación Desgobierno
LA estrategia es simple, pero apela a uno de los temores más extendidos de la población: el miedo a que la vuelta de los partidos políticos y de los líderes de antaño signifique el regreso al caos y el desgobierno. La década de los ochenta significó la presencia alternada de dos partidos políticos importantes en el poder, y ellos coincidieron con los años en que el terrorismo y la hiperinflación se desarrollaron hasta alcanzar niveles de descontrol. Ahora que el fujimorismo ha perdido las riendas del poder, ése es previsiblemente el cuco que varios de sus representantes al Congreso esgrimen tratando de recuperar un espacio, además de su natural aversión a la compulsa franca y abierta que es propia de toda democracia. Por eso es importante que este gobierno de unidad nacional, con Valentín Paniagua a la cabeza, dé la sensación de orden, de un manejo disciplinado en todos los frentes en que se divida la administración pública. Ciertamente, la tentación es grande. Más aún cuando,como es obvio, una democracia no emplea los mecanismos de control ciudadano propios de una dictadura -y por ende es difícil evitar que algunos no se equivoquen o excedan-, pero en este momento el país espera que la sensación de paz social y de un programa de reactivación en marcha genere la confianza necesaria. Contra este deseo, Martha Chávez y César Becerril en el Congreso, conjuntamente a los muros pintarrajeados que aluden a la violencia subversiva con el pretexto de la lucha contra la dictadura, juegan, extrañamente, en ese mismo sentido.
Como si se tratara de una operación concertada, la principal apañadora de los excesos de Alberto Fujimori, y el congresista que hasta ahora no ha podido levantar una grave acusación de compra de votos preferenciales por parte de unos digitadores de ONPE comulgan con los infiltrados de los servicios de Inteligencia que, de marcha en marcha, parecen compartir sus apreciaciones respecto a la clase política llamada a gobernar en este momento. El muro que "tupacamariza" la protesta ciudadana fue pintado en la Plaza de Armas en estos días de declaratoria de vacancia presidencial. De otro lado, el cartel que muestra el congresista César Becerril se exhibió en el pleno del Legislativo una vez que fuera votada la vacancia de la presidencia y los sectores democráticos le cantaban chau Fujimori. Es cierto que el ex presidente Alberto Fujimori consiguió labrarse la imagen de alguien que mantenía el orden público y actuaba con decisión cuando era preciso. Y eso le funcionaba bien ante una opinión pública tremendamente sensibilizada alrededor de este tema. Hoy, de lo que se trata, por encima de lo que digan algunos congresistas o manos anónimas que se infiltran en las marchas del pueblo, es evitar, a toda costa, que democracia plena sea sinónimo de desorden y desgobierno. Si los partidos democráticos son capaces de coordinar en ese sentido, se trataría de un verdadero cambio. (PTN).
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