|
Edición Nº 1646 |
|
|||||||
|
|
||||||||
|
|
Firme y Feliz por la Unión MIREN, a los peruanos no nos va bien en fútbol, y si las otras prácticas deportivas siguen su actual declive bien podríamos quedarnos sin clasificar en alguna especialidad para las próximas Olimpiadas. Pero en materia de cambios políticos a veces batimos marcas mundiales de velocidad y originalidad. Sólo en agosto pasado lamentábamos la aparente consolidación de un régimen autoritario y arrogante, y las grotescas y desalentadoras circunstancias en que se habían celebrado las Fiestas Patrias. No presagiamos, como nadie podía presagiar, la vertiginosa e insólita secuencia de acontecimientos que ha llevado esta semana al impecable constitucionalista Valentín Paniagua Corazao a la Presidencia de la República. En un histórico pestañear de ojos, lo que parecía ser un gobierno blindado de refuerzos castrenses, votos comprados y un cinismo a prueba de balas se ha derrumbado en forma aparatosa, casi cómica, con las patas arriba y los pies en polvorosa. Los virajes sorprendentes en la ruta al descalabro suman por lo menos una docena. Vale la pena inventariarlos: ¿Comienzan con el video del soborno Montesinos-Kouri? No necesariamente. Antes fue el contrabando de armas a las FARC de Colombia y esa serruchada de brazo a Fabián Salazar también cuenta. Pero el video fue el detonante, provocando la renuncia de la Fiscal de la Nación, hasta entonces ama de llaves del oficialismo. Ahora bien, ¿quién iba a imaginar que el maestro de la Inteligencia sería tan torpe (o vanidoso) como para filmarse a sí mismo in fraganti delito? ¿O que no tuviera un plan de fuga preparado? ¿Y que tanto el Gobierno peruano como la OEA se dieran el inusual trabajo de gestionar el asilo de un certificado coimero en Panamá? El asilo, sin embargo, no prospero así que, ya adquiriendo perfiles de personaje de sainete, Montesinos volvió, aterrizó en Pisco y desapareció como una granada armada bajo los andamios del régimen después de afirmar pública y radialmente que fue él quien le salvó la vida a Abimael Guzmán. Esto parece ser cierto, así que el Chino se molestó en serio y, muy preocupado, inició personalmente la búsqueda, tanto del indiscreto Rasputín como del material comprometedor que pudiera estar en sus manos. Simultáneamente, y como curándose en salud, el Gobierno presentó en nombre de la cúpula militar una propuesta ante la mesa de diálogo de la OEA para blanquear todo tipo de delitos, incluyendo actos de corrupción. La propuesta fue rechazada no sólo por la oposición, sino por el primer vicepresidente Francisco Tudela, quien renunció, registrándose así el primer harakiri. Mientras el Gobierno mantuvo en suspenso esta situación, Fujimori forzó la renuncia de los tres comandantes generales de las Fuerzas Armadas y pasó al retiro a varios más, incluyendo al cuñado de Montesinos, el general Luis Cubas Portal, jefe de la II Región Militar, replanteando dramáticamente su alianza con los militares y dejando el terreno aún movedizo. Como contrapartida, y actuando por cuenta propia, se sublevó el teniente coronel Ollanta Humala. Acto seguido, el Gobierno de Suiza informó al peruano de la existencia de tres cuentas cifradas a nombre de Vladimiro Lenin Montesinos, levantando el secreto bancario al sospechar que los US$48 millones que contienen provienen del lavado de dinero del narcotráfico. Ante esta entretenida novedad, y habiéndose generado una cierta renovación en el Ministerio Público, el Gobierno se apresuró a nombrar al abogado Jose Ugaz procurador para investigar a Montesinos. Pero pronto cayó otra bomba. El narcotraficante colombiano `Osito' Escobar declaró que su finado hermano Pablo entregó hace diez años un millón de dólares a Montesinos para la primera campaña electoral de don Alberto, habiendo conversado en más de una ocasión con el ingeniero agrónomo. Así las cosas, Ugaz extendió la investigación al propio Presidente. Después fue exhibido en Palacio de Gobierno el botín de allanamientos irregulares llevados a cabo en residencias y departamentos del otrora asesor presidencial, incluyendo más de mil camisas y varios relojitos de lo más elegantes. En esa conferencia de prensa se añadieron varios millones al cálculo de la fortuna del Doctor. En medio de este ping pong de noticias, Fujimori ya había hecho un viaje a Estados Unidos no del todo explicado, y ante un conato de censura contra la mesa directiva del Congreso, estuvo a punto de partir de nuevo con dirección desconocida. Ese vuelo se canceló a último momento, pero luego se concretó cuando finalmente fue censurada Martha Hildebrandt, la irascible presidenta del Legislativo. Resultó siendo el periplo de la huida. Al anunciar su renuncia a la presidencia desde Tokio, hecho sin precedentes en los casi 180 años de nuestra historia republicana, Alberto Kenyo Fujimori agravió al país, ultrajó su investidura y agredió a su propia familia. El hombre que con tanto desprecio había tratado a sus antecesores en la presidencia, que con tanta facilidad había descartado con generalidades a los partidos y a los "politiqueros", perdió los papeles totalmente y demostró que los regímenes autoritarios a menudo terminan en el caos. Y así, repentinamente esta semana, se hicieron palpables las virtudes de la democracia y las ventajas de la experiencia política. Contrastando con el comportamiento majadero de la señora Hildebrandt y otras notorias representantes del oficialismo, Valentín Paniagua dio una lección de parlamentarismo al dirigir con firmeza, claridad y paciencia un debate de 12 horas que condujo, por decisión justificada de la nueva mayoría, a declarar la vacancia de la presidencia. Su mensaje al asumir el mando el miércoles fue lúcido y concreto, y una ráfaga de civilizada ilustración recorrió los ambientes de palacio legislativo cuando se refirió a esa antigua determinación nacional de llegar a ser "firme y feliz por la unión". Paniagua recibe un país en crisis y en condiciones particularmente urgentes y difíciles. Pero la Patria parece querer desagraviar a juristas y políticos de su calibre, a personajes de la talla de Javier Pérez de Cuéllar, ahora primer ministro en un Gabinete de emergencia, y a ex mandatarios como el presidente constitucional Fernando Belaunde Terry y al general Francisco Morales Bermúdez. Que la madurez y serenidad acompañen a los diversos grupos de oposición en la búsqueda de una alternativa democrática estable. Y que viva el Perú.
|
|||||||
|
|
||||||||