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Edición Nº 1646 |
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Quién es Paniagua
Escribe CESAR LEVANO VALENTIN Paniagua Corazao, flamante presidente del Perú, no es un político tradicional. A los 26 años de edad fue elegido diputado por el Cusco en la lista de Acción Popular-Democracia Cristiana. Ese mismo año se convirtió en el ministro de Justicia más joven de nuestra historia. Aunque proviene de familia de antiguo linaje -en la historia de Cusco hay Paniaguas desde el siglo XVI, indica una genealogista, y los Corazao poseían una vasta hacienda en el valle del Urubamba-, Valentín se convirtió muy temprano en el reformista líder del Frente Universitario Independiente que se enfrentaba, con las banderas del socialcristianismo, a comunistas y apristas que disputaban la hegemonía en el movimiento estudiantil de la Universidad San Antonio Abad. Su habilidad organizativa y su elocuente oratoria lo llevaron pronto a la presidencia de la Federación de Estudiantes en su alma máter. El joven dirigente era radical sin ser extremista. El ex senador de Acción Popular ingeniero Ricardo Monteagudo, también cusqueño, aunque diez años mayor que nuestro personaje, recuerda que Paniagua movilizó huestes estudiantiles que, junto con un amplio sector de la capital imperial, protestaron por la presencia allí de Pedro Beltrán, paladín de la derecha agraria y director de La Prensa. En el área sindical y popular, la protesta era encabezada por el dirigente textil comunista Emiliano Huamantica. El padre de nuestro presidente era boliviano. Edmundo, uno de los seis hermanos Paniagua Corazao, precisó que no es seguro que su rama familiar provenga del mismo árbol genealógico de los Paniagua del siglo de la conquista. Don Valentín Paniagua Medina, padre del presidente del Perú, había nacido en Sucre, Bolivia; pero pasó gran parte de su vida en el Cusco. "En realidad", precisa don Edmundo, "en esa época era común una vida que alternaba períodos en ambos países". Nuestro actual jefe de Estado realizó estudios de primaria en el Cusco y cursó la secundaria en el Colegio Nacional de Ciencias, de la capital imperial. Ingresó muy joven a la universidad cusqueña. Para entonces era ya un notable ajedrecista, pasión que hasta hoy conserva, igual que todos sus hermanos. Por una sencilla razón: su padre era un fiel cultor del juego ciencia y promovió su práctica dentro y fuera de casa. En algún momento, fue declarado presidente vitalicio del Club de Ajedrez de Cusco. He ahí una perennidad a la que el primer mandatario no aspira, por lo menos en el plano estatal. "El ajedrez, juego provechoso a los jefes", cantó el poeta ruso Vladímir Maiacovski. Es probable que el sentido de la reflexión y el juego limpio en política tengan raíces en ese antiguo culto.
CATOLICISMO MEDULAR Los Paniagua Corazao son profundamente católicos. Buena prueba de ello es Graciela, la mayor de los hermanos, que bajo el nombre de sor Ana Hortensia presta ayuda en un asilo de ancianos de Barranco. Dos hijos de Juan, tercero de los Paniagua Corazao, son seminaristas y aspiran a sacerdotes. Fue sin duda ese catolicismo el que condujo al joven Valentín a adoptar el socialcristianismo, en particular en los días de la prédica pasional de Héctor Cornejo Chávez, esa promesa incumplida del cristianismo reformista. En 1963, fue esto lo que le impulsó a ingresar en la lista de candidatos parlamentarios de la alianza de Acción Popular y el Partido Demócrata Cristiano. Al año siguiente, cuando un sector del PDC, dirigido por Luis Bedoya Reyes, rompe con el radicalismo de Cornejo Chávez, Paniagua se mantiene en las filas democristianas. "Era el engreído de Cornejo", evoca un militante de esas filas en tal época. "En el Parlamento se reveló de inmediato como gran orador y gran polemista. Sin duda, por eso, la alianza aproodriísta se apresuró a censurarlo en el propio 1963". En 1968 se produce el golpe del general Juan Velasco. Cuando los diarios de circulación nacional son arrebatados a sus propietarios y Cornejo Chávez se convierte en director de El Comercio, el 27 de julio de 1974, Paniagua rompe con el PDC. Poco después se afiliaría a Acción Popular.
ABRIL DE 1992: "YA NO TENGO NADA QUE ENSEÑARLES" Fue una posición de principios en un hombre de derecho que era, además, profesor de Derecho Constitucional. Un diplomático que fue su alumno en la Universidad de Lima recuerda que al día siguiente del golpe del 5 de abril de 1992, en una clase de Derecho Constitucional que empezaba muy temprano, el Dr. Valentín Paniagua ingresó con paso enérgico en el aula y exclamó: -¡Ya no tengo nada que enseñarles sobre Derecho Constitucional! Era un grito de cólera, pero también una lección de civismo. Claro que no todos los alumnos aprovechan las lecciones de un maestro. Martha Chávez escuchó en la Universidad Católica clases del Dr. Paniagua sobre Derecho Constitucional, y parece que las palabras le entraron por un oído y le salieron por el otro.
EL TEOREMA CORAZAO Por la rama materna, el presidente Paniagua está vinculado con un personaje ilustre de la matemática peruana: Eusebio Corazao, que enunció un teorema de geometría que lleva su nombre y que fue elogiado en Estados Unidos y España. Jorge Corazao Giesecke, emparentado con el primer mandatario, es graduado en matemática por la Universidad de Long Island, EE.UU., e ingeniero de sistemas por la Universidad de Lima. El expresa su admiración por el trabajo matemático de un antepasado que se formó en la Universidad del Cusco y prácticamente sólo vivió en la capital arqueológica de América. El conserva el instrumental geométrico con que trabajó el sabio. Demetrio Corazao Montalvo, otro antepasado, fue dueño de la hacienda Yanahuara, situada a medio camino entre Urubamba y Ollantaytambo. Entre 1950 y 1956 fue diputado odriísta. Una abuela, Tomasa Berty Pinto, poseía la enorme hacienda Ocobamba, en Apurímac. Los Berty iniciaron allí la cría de gusanos de seda y la elaboración artesanal de seda. Ese contexto andino, rural y activo de Paniagua tiene que ver con su propia formación y sus inicios en la vida social. Jorge Corazao Giesecke recuerda haber visitado, de niño, en compañía de un hermano mayor, el bufete del joven abogado Valentín, su pariente. Era una pequeña oficina en un tercer piso de un viejo edificio en una callejuela antigua del Cusco, cercana, eso sí, a la Plaza de Armas. Esa atmósfera entre patriarcal y moderna, remecida por vientos nuevos de renovación política y social, sitúa al personaje. Es un hijo del sur profundo, un provinciano auténtico, que llegó a diputado, como precisa el ex senador Monteagudo, tras realizar una intensa campaña no sólo en el Cusco, sino también en Huancavelica y Apurímac, en 1963. Después, en la segunda campaña de Fernando Belaunde, no fue menos activo y eficaz. Su labor como parlamentario y como ministro de Justicia (1963) y de Educación (1984), su intensa actividad cívica y su rigor académico lo han llevado al primer puesto de la República, aunque sea por breve lapso. Paradoja notable es que el consenso ciudadano y parlamentario haya elegido para ese cargo a un hombre a quien, el 9 de abril último, según los resultados oficiales, el país le había dado sólo 14.335 votos. Sólo otro candidato tenía menos votos que él: el también cusqueño Carlos Cuaresma Sánchez, con 13.798 votos. En una democracia, los ciudadanos tienen derecho a equivocarse. La democracia tiene sus propias vías para la rectificación: puede convertir a los últimos en los primeros y viceversa.
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