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Edición Nº 1646 |
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Un Viejo SINCHI CARETAS 1644 recogió testimonios en la localidad selvática de Campanilla, provincia de Mariscal Cáceres, departamento de San Martín, de habitantes que aseguran haber visto a Vladimiro Montesinos aterrizar -entre mayo de 1991 y julio de 1992- en el feudo del entonces poderoso narcotraficante, Demetrio Chávez Peñaherrera (a) "Vaticano", hasta en tres oportunidades. El narco ha denunciado que en ese período pagaba un cupo de US$ 50.000 mensuales para operar libremente, y que el destinatario del dinero era Montesinos. Lo extraordinario es que la pista "clandestina" de Campanilla fue dinamitada en abril de 1991, durante un operativo combinado de la Policía Nacional y la DEA. CARETAS recoge a continuación el sorprendente testimonio del coronel PN (r) Gustavo Ríos Pita, jefe de la Zona del Alto Huallaga entonces, y quien sostiene que a partir del exitoso operativo los altos mandos truncaron su carrera profesional, y hasta su familia pagó las consecuencias de su osadía. El coronel PN (r) Gustavo Ríos Pita es hoy un viejo Sinchi con la espaldafregada, una modesta casa en Barranco y una memoria de elefante. Hace nueve años, al mando de una unidad antidrogas de la Base de Santa Lucía, Ríos Pita dinamitó el famoso aeropuerto del narco "Vaticano". Fue el operativo más importante que le tocó liderar como jefe de la Zona del Alto Huallaga. Y el último. Al día siguiente, desde Lima, se ordenó su relevo. Ríos Pita no se recupera de la sorpresa hasta la fecha. Indignado por su forzoso pase a un puesto administrativo, lo cual lo desembarcaba de una promisoria línea de carrera, el coronel pidió su pase al retiro, el cual fue aceptado en febrero de 1992. Guardó desde entonces silencio, hasta que reventó el caso `Vaticano'. El oficial se encontraba en Tacna, su tierra natal, cuando fue citado como testigo ante el jurado en la Base Naval del Callao, en 1996, pero una vez en Lima descubrió que el Fiscal lo pretendía acusar de falsedad y encubrimiento de actividades del narcotráfico. Le tocó rendir su testimonio, el mismo día que Susy Díaz y otras vedettes desfilaban ante el tribunal. Los titulares al día siguiente, se dedicaron a la farándula. Pocos tomaron nota de las declaraciones del viejo Sinchi, las mismas que fueron suficientemente contundentes para librarlo de la acusación. Hoy, Ríos Pita se ratifica en sus apreciaciones, y profundas
sospechas. El factor sorpresa era clave. A las 9:30 a.m. el comando cayó en Campanilla. Mientras un helicóptero resguardaba el área desde el aire, las otras dos unidades descendieron en el blanco. Pero el pueblo ya estaba en guardia.
"En la calle nos encontramos con una unidad del Ejército (unos 40 hombres) marchando con el pueblo atrás, y de manera agresiva. La base militar quedaba a 12 km de Campanilla, no sé cómo superaron la distancia. Sin embargo, impartí las órdenes, y el capitán EP al mando cumplió con brindar su ayuda. Yo no portaba galones en el uniforme, pero el capitán sabía que yo era coronel". El operativo marchó a partir de entonces como planeado. "Los depósitos de pasta básica estaban allí al lado. Se procedió a volar las pozas y la pista de aterrizaje con aproximadamente once potentes cargas", recuerda Ríos Pita. "A las 4 de la tarde, estábamos rumbo a casa". La población, sin embargo, se mantuvo beligerante. Y no faltaron los epítetos y las amenazas. "Va a ver con el `doctor', recuerda Ríos Pita haber escuchado. "En vista que los explosivos habían reventando una tubería de agua, y habían volado los techos de algunas casas, pensé que pretendían enjuiciarme. Pero yo no me preocupé. Estaba con el personal policial, de la DEA y el fiscal ad hoc". El capo del barrio, `Vaticano', no fue habido, ni se detuvo a nadie. El coronel Ríos Pita había sido nombrado Jefe de la Zona Huallaga apenas tres semanas antes. Llevaba seis años de servicio en zonas de emergencia, distinguido por su institución en más de una oportuidad por su valentía en acciones de combate en Huanta, Huamanga, Huacavelica y, en 1989, en el llamado combate de Tulumayo, en el Alto Huallaga, donde falleció un sargento a su mando, veinte subversivos y el propio Ríos Pita se lesionó la espalda irreparablemente al dar contra el concreto, con todo el peso del lanzacohetes que cargaba, en plena emboscada. Su nombramiento a la cabeza de la Base Antidrogas de Santa Lucía, el 20 de marzo de 1991 -mediante resolución suprema-, llenó de orgullo al veterano combatiente. A los ocho días de asumir el cargo, el flamante jefe de la zona Huallaga ubicó y destruyó dos laboratorios de elaboración de pasta básica en el poblado de Pueblo Libre, en Tocache. Al día siguiente, en la localidad de Zorritos, Pucallpa, decomisó 376 kilos de PBC lavada y armamento automático, y capturó a un colombiano. Las operaciones helitransportadas bajo su mando continuaron intensamente, sobre todo en acciones de erradicación de almácigos de coca, hasta el 10 de abril, cuando voló la pista de Campanilla.
Lejos de ser felicitado, sin embargo, el ministerio del Interior lo relevó. "Me comunicaron telefónicamente, a eso de las 9 de la mañana (del 11 de abril), que se había dispuesto mi cambio a Inspectoría en Lima. Confirmé la información con la DEA. Permanecí en Santa Lucía cerca de un mes más, pero sin poder operar, casi como turista. Aparentemente la DEA realizó gestiones a mi favor, así como también el propio director de la Policía Antidrogas, general PN Samuel Carrasco Navarrete, pero no hubo fuerza posible que me mantuviera", señala Ríos Pita. En los meses y años siguientes, el destituido Ríos Pita empezó a atar cabos con la famosa amenaza de un tal "doctor" pronunciadas por los pobladores de Campanilla. "Es un poco aventurado decirlo -admite- pero el único "doctor" con el poder suficiente para destituirme, y del cual yo no tenía entonces conocimiento alguno de que existía, era el doctor Montesinos, cosa que fui comprendiendo luego. ¿Quién otro pudo hacerlo?¿Acaso el doctor de alguna posta médica?" "Como oficial de la Policía Nacional, por la experiencia a lo largo de los 35 años de servicio y por lo que conocí posteriormente, esta orden tiene que haber venido del lado oscuro del comando, digitado por supuesto", concluye. Mientras la Policía sacrificó un oficial operativo de la jerarquía y los antecedentes de Ríos Pita por realizar un operativo perfectamente legítimo, los oficiales responsables de su remoción corrieron suerte muy distinta. El entonces ministro del Interior, general EP Víctor Malca, fue luego nombrado embajador en México, y el director general de la Policía, general PN Alfonso Cuba y Escobedo, terminó de agregado policial del Perú en la embajada del Ecuador. A pesar de haber pasado al retiro a fines de 1991, el viejo Sinchi sostiene que desde entonces su familia fue víctima de acoso e injustas acusaciones penales que ahora -penosamente libradas- denunciará ante los organismos de derechos humanos y la Defensoría del Pueblo en resguardo de su honor y el de sus hijos, también militares. "Parece que rompí una fuente de ingresos (narcodólares), y eso no lo perdonan", concluye amargamente. (MZD)
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