Edición Nº 1646

 

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    ARTICULO

    24 de noviembre de 2000

    El Himno de Córdoba
    La tarde del memorable domingo 19 fue de Finito de Córdoba. El Himno Nacional lo entonó el público.

    Juan Serrano Pineda, "Finito de Córdoba", en inigualable faena que soportó asabanado "Bodeguero", el cuarto de la tarde.

    Por EL MARQUES DE VALERO
    DE PALMA

    EL Escapulario del Señor de los Milagros ya tiene adjudicatario casi seguro: Finito de Córdoba, por su faenón al cuarto de la tarde. Será muy difícil que el mismísimo Enrique Ponce, el artista David Luguillano o nuestro gran conocido Manuel Caballero le quiten, en la próxima corrida, este entorchado. Será muy difícil que construyan una faena igual. La verdad, pura y simple, es que Finito de Córdoba se ha presentado en Lima esta vez con la cirugía plástica y el rostro nuevo de un torero de época. Cirugía plástica mucho más radiante y efectiva de la que, pienso, estará haciéndose en estos momentos el forajido de Montesinos.

    Ha estado muy bien Finito de Córdoba en los cuatro toros que ha toreado en esta feria. No ha estado a la altura de sus faenas con el acero. En alguno de sus toros tuvo excesivas deficiencias con el estoque. No le encontró a ninguno la muerte fulminante. Solamente se echó a matar, de verdad de la buena, volcándose sobre el morrillo en su último toro de esta tarde, el de su triunfo definitivo. Pero su actuación conjunta, con los percales, ha sido de una pureza extraordinaria a lo largo de toda la feria.

    Su primer toro, de Javier Arauz de Robles, fue soso y reservón. No permitía en ningún momento la concatenación de la faena. No propiciaba las tandas ligadas. Se paraba. Se quedaba. No tenía ninguna alegría. Es lo que se llama un toro sosote, pero Finito tiraba de él y le sacaba los pases con fórceps. A este toro le endilgó unas verónicas llenas de pureza y calidad. Con la muleta le hizo una faena estupenda pues estuvo muy por encima, infinitamente encima, de su toro. Con ganas. Con ilusión. A un toro que, aparte de soso, entraba deficientemente con las manos por delante. Hizo una faena larga sacándole absolutamente todo lo que daba el toro. Hasta que ya no dio más. Poderío. Vergüenza torera. Sacó pases extraordinarios de vez en vez, todos los que se podían dadas las características del toro. Esta es una de esas faenas de puro poderío en las que si el torero mata bien a la primera se lleva la oreja del toro en cualquier plaza entendida. Pero mató deficientemente.

     
    Democrático tendido da paso al Himno Nacional en domingo de inolvidable faena política.

    Salió el cuarto toro, de Roberto Puga. Trapío, kilos. Presencia. Ensabanado. El auténtico toro toro de la tarde, porque los cinco de Arauz de Robles fueron terciaditos. Este toro salió absolutamente despistado, se paseaba por el ruedo sin fijarse en nada ni en nadie. Daba señales de manso congénito. Escupía el hierro, con los caballos, y salía rebrincando. Huyendo. Huía hasta de los viejos fantasmas de Acho, de sus espíritus calcinando la historia del coso venerable. Parecía intoreable hasta que aguantó una vara decente. No se le veía futuro a este toro.

    Pero aquí entra Finito a tallar, ese Finito del toreo puro purísimo. La construcción de la faena es modélica: recibo por bajo, mano derecha, izquierda, derecha, izquierda, círculos y apoteosis de toro dominado, izquierda y a matar. ¿Hay quien de más en lo que a arquitectura de una faena se refiere? Todos son pases fundamentales. No hay pases de segunda ni pases de adorno. Pureza y constructivismo se llama a esto. El toro, como hemos dicho, es cosa perdida antes de llegar a la muleta. Pero los pases por bajo, genuflexos, con la pierna estirada hacia atrás, sin la rodilla en el suelo, que le quita recorrido a la muleta, son poderosísimos y mágicos porque sujetan al toro y lo recoge y lo ahorma. Esto es lidiar. Lo que hacían los antiguos con aquellos toros que había que dominar. El toro despistado es obligado por el torero a comer muleta. El milagro se produce. Este toro bien lidiado rompe a bueno y de bueno a superior. Los derechazos son todos buenos y muy poderosos. Insiste en ellos y hace, por pura lidia que luego los naturales sean largos e impecables, más poderosos todavía. El toro ya está hecho. Vuelta a repetir con derechazos y naturales el dominio y el toro ya está superhecho, para darle circulares y levantar a los tendidos y terminar con el pase fundamental y más puro que existe que es el pase natural con la izquierda. Esta última tanda de naturales son largos, templadísimos y modélicos. El faenón es largo, porque quien es gran torero le saca siempre todo el lucimiento que un toro puede dar. El faenón ya está terminado, firmado y legalizado en la notaría decana y ancestral de la plaza de Acho. Se vuelca sobre el morrillo en estocada levemente tendida que impide que el toro muera fulminantemente. Tardea en morir. El público le da todo el crédito de la paciencia. Dos orejas y salida a hombros al final de la corrida. El toro de Roberto Puga acabó dando un gran juego gracias a un magnífico torero que lo entendió.

     
    Diestro Miguel Abellán, con el capote, cortó una oreja al tercero. Pero Finito lo superó. Derecha: José Pacheco "El Califa": no hay quinto malo

    El Califa se la jugó en su primer toro, que no era ningún buen toro. Justito con la capa, sin hondura artística. Con la muleta torea al principio muy canónicamente y con lucimiento y pulcritud, sin llegar a bemoles, hasta que lo entiende y se da cuenta que hay que torear a este toro en corto porque se queda en la embestida y ahí, con valor que transmite a los tendidos, escribe una página de aguante y resurrección del toreo ojedista que emociona. En un palmo de terreno se enrosca con el toro hasta que es cogido y volteado. Como si no hubiera pasado nada vuelve, ya sin zapatillas, a acortar distancia y sacar algún que otro pase hasta que el toro se raja. Estocada y oreja.

    No tuvo historia su segundo toro que fue un asco de toro. Bardeaba las tablas en el sentido de las agujas del reloj. ¿Tuerto del ojo derecho? Podría ser. Pero yo recuerdo aquí a un toro del conde de la Corte, hace años, en Pamplona, que con la capa se paseaba el ruedo de derecha a izquierda sin poder sacarlo de tablas y luego, con la muleta, se paseaba de izquierda a derecha sin poder sacarlo de allí. Querencias contrarias en un mismo toro. Para mí: toros mansos y cobardes que buscan escape y salida unidireccional. Ilidiables. Inaprovechables. Intoreables.

    Como ilidiable e intoreable fue el sexto de la tarde que le tocó a Abellán. Se descordó levemente producto quizás de alguna banderilla honda. Un inválido. No tuvo nada que hacer. En su primer toro cortó oreja tras una faenita porfiada, siempre poderosa y con ribetes artísticos que, al matar recibiendo, propició la orejita.

    Terciados los toritos de Arauz de Robles. Dieron un juego muy regularcito tirando a malo los tres primeros y el quinto siendo el sexto de la tarde el garbanzo negro de la corrida. Excelente de presentación el toro de Roberto Puga que acabó dando muy buen juego. Los toreros estuvieron por encima de sus toros. No siempre el número de orejas cortadas califican a una corrida como la mejor. Lo que vimos en esta corrida fue una faena pura, lírica, poderosa, perfectamente construida, con sabor antiguo, con perfección, de un canonismo plácido y solemne, llena de sabor taurino, sin que sobrara ni faltara ningún pase. Faena auténtica. Sin una sola mentira. Una faena de verdad. Esta verdad se llamó Finito de Córdoba.



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