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Edición Nº 1650 |
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Un Peruano Como Tú Por URIEL GARCIA
CACERES
ENTRE mayo y junio de 1990 recuerdo haber estado en Patterson, New Jersey (USA). Allí me llevaron para conocer un típico barrio peruano y me dijeron que era un trasplante de Surquillo. Entramos a una típica fonda donde vendían Inca Kola y cerveza cusqueña además de rocotos rellenos y otros platos típicos. En las paredes de este local había unos carteles de propaganda política de Fujimori. Uno de estos me llamó la atención. Proclamaba la candidatura de "Un Peruano Como Tú". Grabé en la memoria ese interesante lema. La popularidad que Fujimori alcanzó, en todos los estratos sociales, tanto entre las clases acomodadas, aquellas que antes llenaron la plaza San Martín para vitorear a Mario Vargas Llosa -cuando Alan García quiso confiscar los bancos privados- como entre las clases socioeconómicas deprimidas. El peruano como tú llegó a tener una aceptación nunca antes registrada, salvo el caso de Nicolás de Piérola después de las jornadas populares de 1895. Con una magnífica campaña debidamente asesorada con sicólogos sociales se llegó a convencer, al mundo entero, de que esta tierra peruana estaba abierta a todas las sangres. Para considerarse un peruano común y corriente bastaba con asimilar la cultura nativa. El mestizaje cultural, abierto a todas las tendencias, es más evidente en las clases populares porque la sociedad peruana está en busca de una identidad propia. Esto sucede cuando hay movilidad social, como en el caso de las grandes masas desplazadas del campo a la ciudad, que están emergiendo hacia el mejoramiento de su miserable situación económica. Cuando se ha perdido la identidad ancestral la mente humana está abierta a toda suerte de influencias. En esas circunstancias, que son las propicias para esta pérdida de la personalidad, es que aparecen aventureros de todo orden. Las familias asiáticas que llegaron como inmigrantes durante las décadas de 1920 y 1930 escapando de la miseria, arribaron a las costas peruanas con los mismos objetivos que los nativos andinos que aún llegan a las ciudades. Ambos grupos comenzaron de la nada a elevar su nivel de vida. Ambos sintieron, a veces con caracteres trágicos, el brutal impacto del cambio de vida y del desarraigo. Así se podría entender, con facilidad, eso de un peruano como tú. Este fenómeno se ha visto en muchos escenarios. Son las minorías desarraigadas que se refugian en países ricos y que a menudo emergen con una fuerza increíble. Pero, en ocasiones, surgen elementos negativos en grado superlativo. Lo interesante es que el trastorno producido por el cortejo de circunstancias que acompañan a la migración estimula la carga genética de cada inmigrante. Afortunadamente la mayoría de las veces ese acicate promueve el ascenso social y el progreso. Así surgieron, en todas las comunidades minoritarias, enaltecedores ejemplos de hombres y mujeres que dieron honra y prez a sus etnias. Una buena parte de los premios Nobel que recaen en ciudadanos como tú en los Estados Unidos de América son descendientes, de primera o segunda generación, de inmigrantes. Pero, desgraciadamente surgen también, y seguramente estimulados por el brutal desarraigo, sujetos como Hitler (austríaco) o Al Capone (italiano). Kenya Fujimori, supuesto peruano, electo dos veces Presidente del Perú, no puede ser comparado con Augusto B. Leguía. Quizás algo tengan en común en su trayectoria política, como el autogolpe, la Constitución confeccionada para reelegirse y el Congreso servil. Pero lo protervo, llevado al extremo, no es un rasgo común entre ambos, sino de este extranjero desarraigado. El engaño, la mentira calculada, la asociación ilícita para corromper, el atropello despiadado a los derechos humanos, el apetito desmedido por la riqueza y la huida cobarde no han sido características de los gobernantes del Perú. El presidente Mariano Ignacio Prado, que cometió la grave falta de ausentarse del país en plena guerra con Chile, interrumpió su viaje a Europa para regresar a Lima cuando cayó el gobierno que él presidía. Fujimori no es un peruano como tú ¡El es un japonés como ...pocos!
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