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Edición Nº 1650 |
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La Aventura Del Marinero LAS revelaciones de Francisco Antonio Paiva, piloto del velero `Karisma' en que Vladimiro Montesinos emprendió la fuga ha resultado un revelador cuaderno de bitácora. Confirma, en primer lugar, la versión que anteriormente ofrecieran tres militares que acompañaron a Montesinos hasta el momento de su transbordo a otra embarcación con rumbo a Costa Rica. El piloto refuerza el dato de sus ex compañeros de viaje, de que la fuga se inició el 29 de octubre. Habría que recordar que la revelación sobre los US$ 48 millones depositados en cuentas de Montesinos en bancos suizos fue dada a conocer el 2 de noviembre. Uno de los enigmas subsistentes en la investigación emprendida por la congresista Anel Townsend y el periodista Willy Gonzales es el punto de arranque. ¿Cómo y cuándo se produjo el contacto entre ellos y los militares que acompañaron a Montesinos en el viaje secreto? Respecto a la fecha, Gonzales nos explicó que no podía revelarla, por razones de seguridad traducidas en un compromiso con los oficiales hasta ahora ocultos. En todo caso, se puede deducir que el contacto se produjo entre el 25 de noviembre, fecha en que el general PNP (r) Antonio Ketín Vidal, juramentó al cargo de ministro del Interior y el 13 de noviembre, día en que el periodista y la parlamentaria dieron a conocer el vídeo con el testimonio de los oficiales. En cuánto al decisivo cómo, hay pormenores que sólo ahora se pueden divulgar. Pero antes, recordemos algunos hitos de la historia relatada por el piloto Paiva. DEPRIMIDO E INAPETENTE Paiva traza, sin quererlo, un retrato psicológico de Montesinos. Comenta que en los últimos días de la travesía, es decir, cuando salen de las Galápagos y se dirigen a la Isla del Coco, frente a Costa Rica, el ex capitán casi no comía. "Comía, por política, una ñisca". Relata también que el fugitivo tomaba pastillas. Lo sabe porque él, Paiva, fungía de cocinero a la par que piloto, y el dueño de la nave, José Lizier le había encomendado que preparara los alimentos para Montesinos. Otro dato interesante del testimonio es que tanto Paiva como su colega
Guido Muñoz Requena se turnaban de noche para permanecer despiertos.
Temían ser eliminados por los hombres de Montesinos. Se daban cuenta
de que venían a ser testigos de algo turbio y conocían la
mala entraña del ex capitán.
EL COMIENZO Willy Gonzales comentó a CARETAS que cuando Anel Townsend y él fueron contactados respecto al testimonio de los militares, lo primero que pensaron fue que se trataba de un operativo psicosocial de Montesinos, y que éste los había elegido por su conocida posición adversa a él. La segunda hipótesis que asumieron fue que ésta era una trampa para atentar contra la integridad física de la congresista y de Gonzales. Les habían dicho que la reunión debía realizarse con estrictas medidas de reserva y en un lugar que no ofrecía precisamente seguridades para los dos. Debían asistir sin seguridad y estarían a merced de la guardia pretoriana del asesor. Ambos siguieron su instinto periodístico, pero tomaron sus precauciones con el contacto. Los primeros minutos del encuentro, dice Gonzales, el presentimiento que tuvo respecto de una celada parecía ser el mismo que padecían los militares, que eran en realidad hombres de estatura mediana o baja, contextura delgada muy lejos del tipo Seguridad 911 (esos fornidos agentes que custodian a personajes del Gobierno o de la actividad privada). La inicial fue una entrevista bastante dura, de confrontación verbal y muchos cuestionamientos. Tanto, que llegó un momento en que el testimonio parecía arruinarse por el alto grado de tensión sobre los temas. Se decidió, entonces, una segunda reunión. En todo momento quedó claro, a pesar de las propuestas de la congresista Townsend, que no querían prestar testimonio ante la Comisión Waisman del Congreso, ni ante el Procurador, Dr. José Ugaz, ni ante el ministro de Defensa, general (r) Walter Ledesma, ni ante el ministro del Interior, general PNP Antonio Ketín Vidal. Esto es lo que permite suponer que la fecha del encuentro se sitúa entre el 25 de noviembre y el 13 de diciembre, en que dio a conocer la investigación. En la segunda reunión, cuenta Gonzales, los militares pusieron una sola condición: la de su seguridad y la de sus familiares. Ellos querían formular sus revelaciones para ayudar a la captura de Montesinos y como prueba de que no tenían nada que ver con ninguna mafia. Pidieron, sí, la seguridad de sus familiares. La Iglesia Católica los ha puesto a buen recaudo. Tras escuchar la versión, quedó en claro que la versión
era confiable. Había pistas como la casa de Surco. Aunque los declarantes
no tenían la dirección, esa laguna fue cubierta por croquis
precisos de los militares. Gonzales Arica, siguiendo los consejos de manuales
de Inteligencia que alguna vez tuvo en sus manos, hizo que los militares
dibujaran por separado las características del cuarto donde dormían
en la casa de Surco, del piso y de la cocina de la vivienda. Ambos diseños
coincidían. Igual hizo respecto a la estructura del velero y al
hotel en que estuvieron en Panamá, en setiembre, durante la primera
fuga de Montesinos. Con muy leves variantes, los dibujos coincidían.
CARACAS, ¿REFUGIO? Gonzales Arica considera censurable la actitud del gobierno del Ecuador en este caso. Este desinformó a la opinión internacional al afirmar, apenas tres horas después de las revelaciones en Lima, que Montesinos no había estado en territorio ecuatoriano. Los datos del piloto Paiva confirman que era virtualmente imposible desmentir o afirmar la presencia de Montesinos, por la sencilla razón de que las Galápagos son un archipiélago de más de cuarenta islas. Específicamente en la isla Isabela los militares peruanos han podido comprobar lo que Paiva sabía: que no existe un control migratorio exigente. Asimismo, el periodista cuestionó la actitud sospechosa del gobierno de Venezuela porque hay suficiente información para concluir que Emma Aurora Mejía Guzmán estuvo en Venezuela. Las autoridades de Caracas no han dicho nada sobre esa presencia. Sin embargo, las versiones de que ella estuvo alojada con Montesinos en el Hotel Avila de la capital venezolana son cada vez más persuasivas. Se ha afirmado que ella está detenida en la Dincote. No ha faltado un periodista que la ha buscado en una casa en la que ya no vive desde hace dos años. Distinto ha sido el papel de Costa Rica, que desde el primer momento no afirmó ni negó nada, sino que ofreció investigar. Luego ha revelado que Montesinos estuvo en Cosa Rica con un pasaporte venezolano bajo el nombre supuesto de Manuel Antonio Rodríguez Pérez. Evidente es que en diversos momentos de su periplo Montesinos ha contado con enlaces efectivos en Venezuela. El sencillo piloto Paiva, viejo lobo de mar a quien Lizier le adeuda su última mensualidad, no tiene por el momento ningún timón que empuñar. "El regreso que he hecho", ha declarado, "es porque mi hijo me llamó de acá de mi casa y me preguntó si no sabía lo que estaba pasando. Yo le dije que no. `Ahorita vente como sea. Deja ese bote' ". Y ahora está, varado en el Callao, el marinero que amaba surcar los mares del sur piloteando el `Karisma'.
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