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Edición Nº 1655 |
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La Máscara
del Yerro
A cierta edad cada quien tiene la cara que se merece. Si esto es cierto y la sabiduría popular no se equivoca, el caso de Laura Bozzo respecto a su rostro era uno de justicia divina. Y hay que decir era, porque ahora la Bozzo habría dejado de ser la bruja mala del Mago de Oz para convertirse en la juvenil y tierna Dorothy. A nivel epidérmico, al menos. Al final del cuento, cabe recordar, se descubre que el tal mago no es
sino un impostor, un embaucador, un fraude que durante años engañó
a su pueblo presentándose como alguien que en realidad nunca existió.
Lo que ha sucedido en el país no es un cuento, ni siquiera de terror,
pero independientemente de lo que haya en el pozo sin fondo de esta alma
mediática continental, el caso es que la abogada de oficio del
fujimorismo, conductora de un talk show que promociona la degradación
moral de un pueblo, ha sufrido un cambio de piel a través de una
alucinante cirugía plástica digna de George Lucas. Los resultados
son tan asombrosos que algunas mentes envidiosas hablan de un oscuro pacto
con el diablo, o al menos un carboncillo a lo Dorian Gray. Pero no fueron
Lucifer ni Wilde artífices de tan sorprendente obra, sino el doctor
Otto Cedrón, quien, gracias a un complicado trabajo de ingeniería
estética, un milagroso bisturí, y un estómago de
fierro, recorrió el cuerpo de la Bozzo por espacio de siete horas.
Casi un viaje Lima-Chimbote. En dicha operación se levantó,
arregló y rejuveneció toda la anatomía de la doctora.
Detallemos: frente, cejas, párpados superiores e inferiores, ojos,
mejillas y cuello. Paralelamente se le introdujeron prótesis de
silicona en el mentón y busto (de 300 gramos cada una), y por último;
una lipoescultura general, en la que se le extrajo grasa de la cintura
para injertarla en sus glúteos. Eso es sex appeal hecho en casa.
El doctor Cedrón sostiene que entre otras muchas cosas que es preferible no saber, tuvo que levantarle las cejas porque "las tenía muy tristes". Ademas, informa que se cuidó de jalar los músculos faciales en las direcciones correctas, pues no hacerlo "es como haber tendido la cama jalando la colcha y dejando las sábanas destendidas". Para tener una imagen visual de esto, piénsese en la cara de Jimmy Santi. No debe ser casualidad que su ex (?) amigo Vladimiro Montesinos la haya antecedido en el cambio de apariencia, fuga sicológica de sí mismos que subestima la memoria de un país que los reconocería hasta con peores máscaras que las de nacimiento. Hoy la Bozzo se esmera en mostrar su mejor cara al país, en fin su plata le ha costado, promoviendo entusiastamente los comentarios acerca de su otoñal romance con un parrillero, o cantante, argentino. Así va haciendo tiempo mientras llega la hora de ver sus videos en el SIN. El doctor Cedrón afirma que los resultados de esta intervención duran aproximadamente entre 8 y 12 años, más o menos un tercio del tiempo que necesitaría Laura para redimir sus pecados.
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