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Edición Nº 1655 |
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CADE
2000-2001
En su discurso Paniagua no sólo saludaba la preocupación del empresariado por la educación y la cultura -tema central de la cita-, sino que además precisó, en referencia a la última década: "En el Perú no ha habido autoritarios, sino arbitrarios. Los autoritarios son partidarios y defensores del orden. Los arbitrarios son inspiradores del desorden y nada conservan excepto el poder que anhelan ejercer sin control ni moderación". Hasta ese momento el aire acondicionado mitigaba los efectos del verano, aunque poco podía ante la sudoración que a algunos hombres de empresa, ex simpatizantes del fujimorismo, les producía el conciso verbo presidencial. Al final, Paniagua concluyó: "Jamás podremos disfrutar de las ventajas de la revolución del conocimiento y del desarrollo de las nuevas tecnologías si no somos capaces de crear cuando menos orden, y respetar valores e instituciones". Fue aplaudido de pie. Y es que en su discurso, el Presidente logró resumir lo que investigadores, políticos y creadores invitados a esta CADE habían expresado desde un primer momento. Sin embargo, podría decirse que ésta no fue una CADE electoral en el tradicional sentido del término. El año pasado, otros eran los trajines que se producían en el Hotel el Pueblo, de Santa Clara, cuando empresarios y políticos debatían en torno a la reactivación económica. En esa oportunidad cinco candidatos presidenciales -Fujimori no asistió- y sus respectivos equipos económicos calentaron la campaña. Esta vez, el enrarecido clima de los vídeos de la corrupción
y la llegada de Alan García conspiraron para distraer a los medios
de su propósito central: la discusión de una estrategia
para llevar educación de calidad a más peruanos.
REFUNDAR LA REPUBLICA El impulso renovador se sintió desde un primer momento, cuando Baldo Kresalja, presidente de CADE, expresó en su discurso inaugural la necesidad de "refundar la República". El reclamo surgía de la crisis moral que abarca no sólo a la clase política del país. A su turno, el Primer Ministro Javier Pérez de Cuéllar afirmó, "Necesitamos un nuevo contrato social para el siglo XXI, en el que participen personas, instituciones y todos los componentes de la sociedad bajo preceptos de tolerancia y rechazo a cualquier tipo de violencia". Cómo estarían cargadas las baterías en el aspecto de la moral pública, que al día siguiente el ministro de Educación, Marcial Rubio Correa, reconoció que "toda reforma pasa por llevar a la práctica una ofensiva educativa a favor de los valores éticos y morales. El civismo y la ética no sólo son principios para la vida, sino propios del manejo de la cosa pública". Rubio abogó por el apoyo al Acuerdo Nacional por la Educación convocado hace unos días por el Gobierno. El Acuerdo cuenta con la participación, entre otros, de especialistas como Leon Trahtemberg y Juan Julio Witch, pasando por periodistas, autoridades educativas y dirigentes sindicales como Olmedo Auris, del SUTEP. Uno de los más aplaudidos de esta CADE fue León Trahtemberg, quien desplegó ante el auditorio los lineamientos de un proyecto para relanzar la educación pública durante el período 2001-2006 al que denominó "Vanguardia". Según Trahtemberg, "debemos apostar por una cultura de éxito, ser agresivos, ambiciosos y sin complejos. Decididos a ser la cabeza y no la cola, tenemos que apartarnos de esta perversa cultura del fracaso". El proyecto demanda una inversión estatal de alrededor de 500 millones de dólares -algo así como aumentar en 0,5 % del PBI el presupuesto del sector educación- destinados a incrementar el sueldo de los maestros en un 100 %, capacitar a los mejores docentes en el extranjero y elevar la inversión estatal por alumno que actualmente llega a sólo 875 soles al año. Así, "Vanguardia" beneficiaría en una primera etapa a poco más de 800.000 alumnos, 7.500 maestros y 5.000 escuelas rurales, según su autor. Quienes recogieron el guante fueron los empresarios. Raúl Otero, de IPAE, afirmó: "La educación es una tarea que compete a todos y de manera importante a la empresa y a la sociedad civil. Proponemos que la educación sea una prioridad nacional y nos comprometemos a trabajar para lograrlo". Y por si no había quedado claro, el mismo Otero aseguró: "necesitamos generar una vanguardia educativa que en cinco años desarrolle 5000 instituciones de excelencia, que a su vez movilicen las energías creativas e innovadoras de todo el sistema educativo". Voluntad hay. Falta saber si el próximo gobierno se animará
a convocar a los que saben y a quienes están dispuestos a apoyar
estos proyectos.
LOS CANDIDATOS Esta vez, y según los organizadores en razón de las encuestas de diciembre pasado, Alejandro Toledo, Jorge Santistevan, Fernando Olivera y Lourdes Flores fueron los invitados. Alejandro Toledo rompió fuegos el día inaugural y lo hizo, cuando menos, en mejor forma que el año pasado. Esta vez la sorpresa de su mensaje se centró, más que en las propuestas, en el anuncio de Pedro Pablo Kucziynski como asesor de su equipo económico. Toledo mostró ideas pero se quedó corto en el cómo. Y si bien anunció que no aumentaría el ISC a los combustibles para financiar el déficit fiscal, también dijo que promovería la desdolarización de la economía causando cierta inquietud entre los asistentes. Anunció su propósito de duplicar las exportaciones en 5 años -pasando de los actuales 7.000 millones de dólares a 14.000 millones-, llevando adelante una agresiva campaña de incentivos y exoneraciones para desarrollar el sector agroindustrial, de construcción, turismo y la pequeña y microempresa. En descentralización, propuso transferir los recursos del Ministerio de la Presidencia a los municipios. Sin duda, la parte más llamativa de su mensaje fue cuando anunció la creación del plan "Huascarán", por el cual todos los escolares obtendrían acceso a Internet al finalizar su gobierno, y en el que anunció el apoyo directo de Bill Gates. Francisco Sagasti, principal asesor económico de Santistevan, sintetizó con sorna un día después: "Bill Gates es un estupendo tipo para dar la mano y para las fotos, pero hay que saber qué se pide a quién para lograr una efectiva ayuda externa". Jorge Santistevan causó expectativa a su llegada, pero en sus primeras palabras fue enfático al asegurar que, pese al desbande de 4 congresistas de Somos Perú, no abandonaría la brega. Luego, con verbo enérgico, expuso las bases de su plan de gobierno. Santistevan prometió un crecimiento de 6 % entre los años 2002 y 2003, y del 7 % del 2004 al 2005 favoreciendo a los sectores con mayor posibilidad de generar trabajo (agroindustria, construcción y turismo). Asimismo, anunció la creación del Banco de Servicios para el Empleo, ente encargado de desarrollar información y programas de capacitación en inversiones y fue tajante en lo que a disciplina fiscal y reducción del gasto público en los presupuestos de defensa se refiere. En el tema educativo, coincidió con Toledo en la exoneración de aranceles e impuestos a la importación de computadoras y software educativo, así como en la decisión política de aumentar el presupuesto de ese sector. Si hubo una presentación que no cubrió las expectativas fue la de Fernando Olivera el viernes 26. Olivera, quien llegó magullado luego de "visionar" a uno de sus más cercanos colaboradores con agentes de la corrupción, basó su propuesta de reactivación económica en la obtención de nuevas líneas de crédito usando como garantía activos del Estado como la Hidroeléctrica del Mantaro, o renegociando el pago de la deuda externa -lo que no convenció a su auditorio-, pero lo más delicado fue cuando se le preguntó por su equipo y Olivera prácticamente no exhibió nombres más allá de su comando de campaña. Parecía que la salida de Guido Pennano -su jefe de Plan de Gobierno-
lo había dejado huérfano en más de un aspecto.
Olivera propuso un Plan de Emergencia Económica que reestructure el presupuesto impulsando áreas de producción (agro, pequeña empresa y construcción), así como la eliminación de sobrecostos tributarios, promoción de créditos y la creación de una política pro exportadora. "Requerimos una inversión anual de 10 mil millones de dólares", sostuvo, sin precisar cómo lograr tamaña proeza. La última jornada tuvo a Lourdes Flores como protagonista. Su propuesta no sólo sonó convincente, sino que cosechó los mejores aplausos del respetable y eso que venía golpeada luego del affaire que vincula a Luis Bedoya de Vivanco con Vladimiro Montesinos. Secundada por los economistas Drago Kisic y Julio Velarde -los pilares de su equipo económico- prometió reglas estables en tributación para facilitar la inversión (como eliminar el IGV a la importación de bienes de capital, la reducción de aranceles a los insumos, reducción a 15 % del impuesto a la renta para la reinversión de utilidades y la desaparición paulatina del impuesto de solidaridad), y disciplina en el manejo del gasto. Señaló que su programa estaría orientado a captar 4.000 millones de dólares de inversión extranjera al año, logrando un crecimiento de 6 % y 7 % del PBI e impulsando a sectores como el agro, la construcción, pequeña y micro empresa, para los que se diseñará planes quinquenales y programas de emergencia dentro de los primeros 120 días de gestión. Asimismo, se comprometió a relanzar los programas Mivivienda y Profam, dándole un impulso al sector construcción. Y la puesta en marcha de un programa de empleo de emergencia, para lo que dispondrá de 40 millones de dólares en obras de infraestructura para los municipios más pobres del país. "Cuidado con los cantos de sirena. Suenan bien los proyectos reactivadores con financiamiento artificial", dijo en alusión a las propuestas de algunos de sus competidores. Si bien el escándalo de los vídeos le robaron el show a las ponencias, fue un evento en el que no faltaron las propuestas. Habrá que ver si ahora que la campaña agarra caña, los programas y la confrontación de ideas animan las semanas que se vienen. Un 50 % del electorado aún no tiene una decisión definitiva. (Pedro Tenorio).
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