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Edición Nº 1656 |
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Por JAIME BEDOYA
Hay algo que difícilmente podrá perdonársele a Nicolás Lúcar y a su chofer bombero. Es el haber echado por tierra la dura pero incólume frase que resumía la reserva moral del último colectivo humano en que este país podía depositar su fe: -Para cojudos, los bomberos. En una sociedad enferma, salvar vidas desinteresadamente es catalogado como una cojudez. Aquí se premia lo contrario, la seudoastucia amoral1, como la de que se jactan el binomio Boloña & García. La mascota electoral de Boloña es un caño. Mejor dicho, un peruano desempleado que se gana un peculio enfundándose algunas horas al día en un traje de espuma plástica de multiples interpretaciones: el chorro de dinero que se robó este gobierno, el caño que el ex ministro de Economía tuvo cerrado para el sector social, el lavatorio común que cualquier ex funcionario de Fujimori conocería de ser recluido en el establecimiento penitenciario de procesados primarios de San Jorge ante la evidencia de complicidad en el latrocinio. Alan García, por su parte, ha demostrado que ha cambiado. Su charlatanería juvenil ha mutado hasta elevarse en patética opción moral de la cincuentena. No tuvo el valor de renunciar a la prescripción. No tuvo el valor de condenar inmediatamente el ataque contra Paniagua. No tiene siquiera el valor de debatir con una candidata que no niega ni afirma su virginidad. Y este vacío lo llena con palabras que evacúa ante una masa empobrecida por el fujimorismo que boquiabierta navega entre la amnesia y la ignorancia: espejo gigante donde se mira de frente, de perfil, y se hace guiños. Qué emoción. Nunca antes mejor invertidos ocho años de narcisismo profesional. Pero toda crisis alberga en sí misma una oportunidad. Y ésta es, citando el edificante eslogan de Boloña, el que lo positivo no se puede quedar atrás. Aquí hay dos modestas propuestas de rescate cívico, dos flores en el pantano fujimorista que no pueden ser despreciadas por los verdaderos demócratas. a) El Amor a los animales: El Caso Centauro Debe renococerse que el régimen fujimorista siempre trató bien a los animales. Cómo olvidar los felices días en que el pequeño Kenyi se paseaba en el Mercedes presidencial con Kata y Puñete, sus cachorros boxers, orinando el cuero alemán. Tenía en palacio a la famosa boa constrictor que graciosamente solía arrojar a la cara de los ministros que se lo merecían, como Augusto Blacker Miller2. Hoy en día se desconoce el paradero final de esos dos canes y de dicho reptil, aunque teniendo en cuenta del ingrato promedio de vida de las mascotas podría presumirse que los animalitos estarían enterrados en Palacio de Gobierno, próximas sus tumbas a la acogedora sombra de la higuera de Pizarro y nutriendo a este árbol de la savia viva que le da ese sabor singular a la historia peruana. Pero es en el estrecho vínculo establecido y registrado en vhs entre Kenyi y su perro Centauro en donde reside la médula de esta comunión con las criaturas. La lealtad de un can no conoce límites, y no existe argumento racional que impida entre amo y mascota la mas íntima compenetración física. Conocida es la mitología urbana acerca de contactos forzados a base de mermeladas o mayonesas que trastocan golosería canina con incondicional afecto físico. En el caso de Centauro y su amo, no hay artilugio alguno. ¿Cómo no reconocer en Centauro la sacrificada misión de aliviar la congestión vital de un adolescente sujeto a las presiones del poder? El paradero de Centauro por cierto sigue siendo desconocido. En su homenaje sería justo que el nuevo gobierno elegido estableciera la Fundación de Lucha contra el Abuso Animal "Te Quiero como Mierda". b) El Apoyo a la Música: El Organista Anónimo. Felizmente la música, edificante celebración del espíritu humano, nunca estuvo lejos del régimen durante estos últimos años. Pero ignoremos el pegajoso Ritmo del Chino3. Hurguemos en signos menos evidentes el verdadero efecto del pentagrama sobre el poder oculto. Es en el video en que Vladimiro Montesinos celebrara el cumpleaños de su hija en la grata compañía de un traficante de armas que aparece la piedra de toque en lo que a este item concierne. Hablamos de El Organista Anónimo que anima la velada. Su repertorio de aquella noche, sabio en intencionalidad y repercusión, había pasado desapercibido: 1) No te Apartes de Mi (Roberto Carlos). Cordial prólogo afectivo. 2) When The Saints Come Marching In (Anónimo). Himno oficioso del dixieland de atinados efectos eufóricos. 3) Patricia (Pérez Prado) Cha cha cha festivo, armonizador de ambiente. 4) Meditacao (Jobim) Cadenciosa bossanova para pensar. 5) Yira, Yira. (Discépolo) Tango de apropiada filosofía nihilista. 6) Pájaro Choguí (Folclor paraguayo). Preciso llamado a la hermandad latinoamericana. 7) Motivos (Los Morunos). Broche de Oro romántico para sellar un mensaje positivo. Este modesto hombre de bien, luchador sin nombre de la resistencia pacífica, cumplió un papel subestimado en la recuperación democrática. Consabido es que la música amansa a las fieras. Y al verlo en el video llevando el tempo con acompasado entusiasmo, amansando con su ritmo al maquiavélico asesor en un terapéutico cobijo musical, es que uno se pregunta ¿cuántos desfalcos, cuántas coimas, cuántas torturas fueron evitadas por obra y gracia del efecto benéfico de las melodías de este pacifista sin nombre? Vaya a él el sincero agradecimiento de un pueblo que se solidariza y comprende su súbita desaparición de la vida pública. Cabe la posibilidad que algunos no acepten, ni siquiera en estos dos modestos apartados, reconocerle aporte alguno al régimen que se fue. Están en todo su derecho. Pero nunca es en vano reiterar un llamado enérgico a la armonía. Es hora de tomarse de las manos y cerrar heridas. Esto antes de que sea demasiado tarde y el país, por decirlo en las santas palabras del cardenal Juan Luis Cipriani, se termine de ir a la concha de su madre. ___________ 2 A él se le debe, entre ninguna otra cosa, el que los peruanos precisemos de visa para viajar a España. 3 Letra: Alberto Fujimori. Música: Eudin Maeshiro. Intérprete: Mónica Cevallos.
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