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Edición Nº 1657 |
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EL mal de las vacas locas que aflige a Europa debe ser producto del aburrimiento de esos antes apetecidos animales del viejo continente, que se la pasan comiendo del día a la noche. Basta ir en tren y recorrer los verdes campos de Francia, Bélgica y Holanda para contemplar a los enormes hatos de ganado vacuno comiendo de la mañana a la noche, hasta el hartazgo, sin ninguna otra cosa que hacer. ¡Cómo para volver loco a cualquiera! ¿Y eso a nosotros qué nos importa?, pensarán muchos de los lectores. Pues pienso que sí porque resulta que a una persona que acaba de volver de Europa y que anda hoy de plaza en plaza haciendo discursos, parece habérsele contagiado el mal de las vacas locas, como las llaman. Ese mismo al que llamaban Caballo Loco, hoy, afectado probablemente por ese mal que aflige a los cuadrúpedos de otro género, se ha lanzado a sugerir infamias sobre personas de trayectoria tan transparente como Diego García Sayán -que se ha pasado la vida defendiendo los derechos humanos-, sólo porque es ministro de Justicia del actual régimen provisorio. Así va a correr el riesgo que le cambien el apodo por el de Vaca Loca. No hay ni ha habido telenovela alguna que compita en interés con los llamados vladivideos, que obligan a la gente a permanecer ante el televisor horas de horas a ver qué de nuevo descubren, es decir qué pillo se embolsicó cuánto directamente de las manos aparentemente dadivosas de Montesinos. Por eso estoy seguro de que sería un magnífico negocio para las alicaídas arcas fiscales (¡cómo no van a estar alicaídas si Vladimiro regalaba plata por doquier!), el que alguien decidiera hacer un contrato con algunos de los supercines que ahora hay en varios distritos de la capital, para ofrecer al público la oportunidad de mirar los videos sentados en cómodas butacas, comiendo pop corn a manos llenas y apreciando, en pantalla grande y óptimo sonido, a sabe Dios cuántos amigos (y enemigos) pasar por la suya en el SIN. Pancho Lombardi podría encargarse de hacer la secuencia de videos para mantener la expectativa con precisión cinematográfica, haciéndolos menos aburridos de lo que algunos son, y ganándose de paso algún premio internacional más. Aparte de merecer la gratitud de los peruanos, sería un éxito de taquilla que podría compararse, por diversos motivos (sobre todo porque en los famosos videos han naufragado muchas honras), al del Titanic. Podrían editarse como las antiguas seriales, por capítulos, terminando algunos de ellos en el momento en que el llamado Doc se mete la mano al bolsillo y un aviso de Continuará, cosa que ocurriría la semana siguiente en el momento en el que finalmente saca la plata y el sinvergüenza la recibe. Otro capítulo podría terminar cuando se abre la puerta y asoma Montesinos, y la semana siguiente aparece por ella el sobornado. Mismo serial, pero mucho más entretenido. Y para funciones de medianoche podrían pasarse algunos de los videos privados de Montesinos con...¡sabe Dios quién!, haciendo lo que ya sabemos. Que deben haber, sin duda. ¡Horrible, oye! ¡Lástima nomás que Fujimori se llevó todos los suyos antes de emprender la fuga, tomar las de Villadiego, o poner pies en polvorosa, como se decía antes! Con esos cualquiera se ganaba el Oscar al mejor documental. Muchos videos, pero hasta ahora no se ha visto aquellos en los que los dirigentes del Sitramún aparecen pasando por la suya y recibiendo instrucciones para hacerle la vida imposible al alcalde de Lima, Alberto Andrade. Los afanosos y violentos manifestantes que acudían un día sí y el otro también a la Plaza de Armas a vociferar, quemar llantas, destruir jardines y atacar locales comerciales y públicos (menos Palacio de Gobierno, claro) y todo lo que encontraban a su paso, hoy que sin duda ya no hay nadie que les pague por ese vil oficio, han desaparecido del mapa, y deben estar gozando de sus ahorros, como ya lo dije alguna vez. Los dirigentes de esa turba infame han de estar en algún video de esos que aún están por ver. ¿A alguien le puede caber la menor duda? No ha dejado de sorprenderme -o para ser sincero, me ha sorprendido mucho- que el candidato Raúl Diez Canseco haya declarado que "todos estamos contra la privatización", supuestamente por el mal uso que dio el gobierno de Fujimori a los recursos obtenidos por las que se hizo en su período. Eso es lo que se llama tomar el rábano por las hojas, porque el principal objetivo de las privatizaciones no es proveer de dinero al Estado, sino hacer productivas y exitosas las empresas que se privatizan. Importa menos lo que se hizo con los dos mil millones de dólares que pagó la Telefónica por la obsoleta Compañía Peruana de Teléfonos (que dicho sea de paso le servía al Apra de agencia de empleos), que el desarrollo ulterior que han tenido las comunicaciones en el Perú, que dieron un salto cualitativo y cuantitativo gigante. Eso mismo tengo entendido que ha ocurrido con el puerto de Matarani, que se dice se vendió a precio huevo a una empresa privada ligada a un banco, pero que es un puerto que aparentemente ahora funciona muy bien, mientras que todos los demás, esos que el Congreso -y de paso el Gobierno- han impedido privatizar languidecen por carencia de todo, infraestructura moderna, manejo racional, etc. Con candidatos con ideas tan obsoletas como la de Diez Canseco, no sé qué futuro nos espera. Lo que el Perú necesita es convertirse en un país moderno, como Chile, por ejemplo, y no como Cuba, que está en las antípodas, aunque sus deportistas sigan brillando en todas las competencias a las que se presentan. El señor Eduardo Stein, observador de la OEA, que se cuidó tanto de decir algo conciso y concreto antes y durante las elecciones pasadas -pese a las enormes evidencias de fraude que existían- dice que ahora sí se puede hablar de que éstas fueron fraudulentas. Me pareció bastante timorato entonces y muy oportunista hoy al decir eso recién ahora.
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