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Edición Nº 1659 |
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Fujimori y El Escribidor "Sus argumentos llegaron anoche", escribió Jack London a Sinclair Lewis a finales de 1910. "Estoy haciendo uso inmediato de nueve (9) de ellos, por los cuales, según factura, le remito el respectivo cheque por $ 52,50". Lewis, en efecto, era un escritor negro o fantasma que trabajaba para London suministrándole ideas frescas para cuentos. En este caso se trataba de sólo una proveeduría de materia prima literaria, digamos un service. En la mayoría de casos el escritor negro se ocupa, legítima transacción mediante, de escribir por entero narraciones, novelas, discursos, biografías corporativas, "autobiografías" e inclusive "memorias" que nunca vivieron. La única condición es el cruel anonimato, a veces amenguado bajo tipográficamente modesta mención que dice "con la colaboración de..." Usualmente el escritor negro encuentra abundante labor entre celeberidades ágrafas y políticos poco dotados para la expresión verbal, incluyendo primeras damas y -éste es un aporte de la variopinta sociedad norteamericana- una que otra mascota. Tal es el caso del gato Morris (1968-1978). Este gato/actor, conocido por sus comerciales de comida para felinos domésticos , debutó en la televisión en 1969, y llegó a ser ilustre invitado a la Casa Blanca. Morris fue "autor" de una biografía que se convirtió en best seller. Por ésta y otras más elementales dotes frente al atún procesado, recibió un premio Patsy póstumo, el equivalente al Oscar para los animales. El autor detrás del minino nunca pudo reclamar públicamente la gloria. NEGROS DETRAS DE CELEBRES En "Literary Life", Robert Hendrickson señala con nombre y apellidos
algunos practicantes notables de la negritud literaria, entendida ésta
como aquella que mantiene la verdadadera autoría en la sombra:
Alejandro Dumas padre mantenía un establo de escritores negros
para que produjeran ideas para novelas, mientras que Colette empezó
de escritora negra para su propio esposo, quien la enclaustraba hasta
que terminara cada tarea de escritura impuesta. Charles de Gaulle fue
un escritor negro a tiempo completo para el mariscal Petain (escribió
su libro, El Soldado). El elocuente Churchill, según por lo menos
una biografía, recurrió a estudiantes universitarios para
llegar al primer borrador de su "A History of the English-speaking People".
El propio Ricardo Palma era secretario del presidente Jose Balta. El célebre
Vini, Vidi, Vinci de Julio César algunos se lo atribuyen
a su secretario. A Néron, Séneca le escribía los
discursos. El célebre "Farewell Address" de George Washington habría
sido escrito por la mano de Hamilton. Mark Twain era el sospechoso detrás
de las memorias de Ulysses S. Grant. Y Archibald MacLeish y Robert Sherwood
estaban detrás de los discursos de Franklin Roosevelt. Ronald Reagan,
aquí sí no cabe duda, era autor de sus propios discursos.
Como aquel en que decía "Los Estados Unidos tienen mucho que ofrecer
a favor de la Tercera Guerra Mundial...", a propósito de la asistencia
norteamericana al Tercer Mundo. El error lo repitió nueve veces
en una misma alocución.
EL CASO FUJIMORI Actualmente hay un pool de escritores trabajando en las memorias de Alberto Fujimori Fujimori. De todos los literatos involucrados, sólo se conoce el nombre de uno, acaso el más importante de todos: Carlos Orellana Quintanilla, de quien socarronamente se dice que estuvo dedicado a la literatura estos últimos años bajo el seudónimo de "Alberto Fujimori". Orellana, poeta y narrador sanmarquino, en los años '70 estuvo
cerca al troskismo y luego durante el gobierno aprista se desempeñó
como funcionario del Instituto Nacional de Cultura. Estuvo próximo
a Fujimori desde antes de la primera vuelta, al conocerlo de manera casual.
Fujimori, entonces candidato, buscaba insistentemente a Justo Orellana,
presidente de la Asociación de Pequeños y Micro Empresarios,
para pedirle que ocupe la vicepresidencia de una plancha inocua que habría
de colocarlo como senador de la república. En medio de las esperas
en los ambientes de un gimnasio "Rodas" en Chacra Ríos del que
Justo era propietario, Fujimori conoce a Carlos, su hermano menor. Justo
declinó pues estaba ya comprometido con Ricardo Belmont, pero le
sugirió a AFF el nombre de Máximo San Román para
completar su plancha. Luego, cuando ya se daba el fenómeno del
tsunami Fujimori, Carlos recurrió a San Román para ofrecerle
a Fujimori lo que sería su primer manuscrito dentro de la literatura
negra del fujimorato: un documento de diez páginas que constituía
una estrategia para enfrentar y derrotar a Vargas Llosa en el debate presidencial.
Recuérdense aquellas punzantes menciones al "señor Vargas,
autor de obras pornográficas..." Así se inició una
colaboración oficial que duraría diez años. Orellana,
sin embargo, nunca aceptó cabalmente ser el autor de los discursos,
aunque sí se dio tiempo para durante el fujimorato escribir y firmar
una novela, un libro de cuentos y un poemario. "La Canción del
Mal Amado" y "No Todos los Días se Cazan Elefantes", sin alusión
política alguna, son los títulos de las dos primeras. Orellana trabajó como secretario de prensa de Alberto Fujimori durante sus dos gobiernos. A lo largo de esa década, y manteniendo un perfil bajo, fue privilegiado testigo de venturas y desventuras del Presidente moralmente vacado. La amistad forjada, así haya sido esta tenue y parca teniendo en cuenta que AFF nunca dio señales de ser ni expresivo ni afectuoso, traspasaría fronteras y nacionalidades. Muestra de esto es la estadía de Orellana junto a Fujimori en el hotel New Otani, Tokyo, luego de su partida y posterior renuncia vía fax a fines del 2000. Orellana volvió a Lima algunos días después, regresando luego al Japón. ¿Compartieron el gentil alojamiento ofrecido por la escritora Ayako Sono? ¿Conocieron juntos las pequeñas grandes tareas domésticas como el lavado de calcetines y el tendido de camas? El hecho es que Orellana está de vuelta en el Perú desde el 15 de diciembre. La amistad persiste y es productiva, tal como lo demuestran los artículos en primera persona firmados por AFF desde Tokyo. Si el estilo es el hombre, habría que buscar en éste al verdadero autor (ver nota aparte). CARETAS pudo arrancarle al reservado Orellana algunas declaraciones al respecto: "Mi participación se limita a la de un corrector de estilo. El ingeniero Fujimori, como es público, está escribiendo sus memorias en Tokio, el también ha aclarado que no es escritor; no se necesita serlo para reseñar hechos y aspectos de la carrera política que iniciara en 1990, y que a su entender resultan claves para entenderlo a él y el decenio que algunos llaman el fujimorato. Lógicamente, la correccción de estilo no sólo supone eliminar hojarasca e introducir un léxico más consistente, sino plantearse desde el inicio una estrategia literaria con vistas a lograr un libro atractivo para los lectores. Yo que conozco a Fujimori no lo subestimo en cuanto a "editor". Fujimori tiene un gran talento de comunicador y siempre se queda con lo esencial. Creo que sería injusto y nada objetivo, afirmar que alguien le está escribiendo un libro. No, él está confeccionando un gran borrador y otro(s) le corrigen el estilo, algo que no debe llamar la atención porque hasta donde yo sé, y no mencionaré nombres, hasta un ex diputado populista y ex candidato a la Presidencia tuvo que recurrir a un corrector de estilo para escribir un libro sobre los ministros de un ex Presidente. Y como ése hay, no decenas, sino cientos". Las Memorias de Alberto Fujimori aún no tienen título.
Si bien se podría dar por descontada la omisión de alguna
referencia a Orellana como coautor, cabría preguntarse ¿por
quién estarían firmadas éstas? Tres posibilidades:
Alberto Fujimori Fujimori, Alberto Kenya Inami Fujimori, Kenya Inami Fujimori.
Uno y trino.
El Ritmo del
Chino
EL autor no se permite ahondar o examinar. De los 30 párrafos en el artículo para el Yomiuri Shimbun, 25 empiezan con una mayúscula y terminan con punto final. Alberto Fujimori escribe párrafos de una sola oración, larga. El texto es una sucesión de aseveraciones. Ningún juicio -como no sea aseverativo-, ninguna reflexión. La lectura, estática, no va más allá de la información proporcionada en la frase. Esto, más que estilo directo, es panfletario y propagandístico, propio del mosquito político. Todas las oraciones -a excepción de un condicional, en subjuntivo- son enunciativas afirmativas. Carácter que refuerzan las perífrasis, muchas con carga emotiva del tipo: "no es necesario decirlo", "aunque pueda sonar increíble", "era evidente", "la realidad es que", "por algo" o "no hay duda". Así, el lector tiene la impresión de leer algo que en realidad ya sabía de antemano o de estar ante verdades inapelables. Curioso es a su vez el uso del posesivo "mi" y del enclítico "me" repetidos 28 veces a lo largo del texto (casi uno por párrafo). Estilísticamente, una burda muletilla. Otras implicancias de este excesivo uso atañen ya no al análisis textual como a la sicología del autor. En cuanto a metáforas, resalta el hecho de aludir a su cargo de Presidente como al "liderazgo del Perú". Luego están las comparaciones de lugar común, metáforas pobres o sensacionalistas: equiparar las leyes de anticorrupción con "la resurrección de la Inquisición que existió en la Edad Media" y calificar a la oposición de hacer "tratos bajo la mesa". También abundan las oraciones ambiguas: "una serie de incidentes... demostró que mi análisis era correcto" (el sujeto es incierto), "Las acciones tomadas por el gobierno reafirman el hecho que nadie en el Perú tiene garantizada una protección judicial y política..." (otra vez el sujeto es incierto: ¿qué acciones?). Los sustantivos más usados son: "Perú" 6 veces, "persecución" 2 veces e "inquisición" 2 veces. En líneas generales el artículo parece haberse originado con la intención de esclarecer los puntos referentes a la renuncia (mencionada 12 veces). Sin embargo hay 8 párrafos en el medio del corpus, y el párrafo de cierre -o párrafo final- dedicados a desprestigiar al nuevo gobierno, producto de una conciente estrategia textual. (MFN).
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