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Edición Nº 1659 |
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LOS recibos publicados el martes 27 por el propio diario Expreso, demuestran que el entonces director de ese diario, Eduardo Calmell, vendió las páginas del periódico a Vladimiro Montesinos por una suma cercana a los dos millones de dólares. Además de otros dos millones de dólares que recibió para entregar a Manuel Ulloa V.P. por acciones de Canal 10, que fueron transferidas al testaferro Vicente Silva. El dinero fue al bolsillo de Calmell y no entró a las arcas de Expreso, que subsistía a duras penas gracias a otras prebendas del gobierno. La única diferencia con la inmunda prensa amarilla es el monto de los sobornos. El SIN pagaba tres mil dólares por titular, de los cuales dos mil iban para el dueño del pasquín y mil para el intermediario Augusto Bressani. Toda esa plata mal habida iba directamente a engordar las cuentas de los dueños y/o directores, mientras las empresas se sostenían al filo de la navaja, al borde de la quiebra, respaldadas también por Montesinos que las favorecía en Indecopi, hacía que los bancos les refinancien las deudas, les regalaba publicidad estatal. En suma, una pandilla de sinvergüenzas, propietarios y directores de algunos medios de comunicación, se enriqueció mintiendo deliberadamente, desinformando sistemáticamente a la población peruana, contribuyendo a la ejecución de los planes siniestros de la mafia de Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori para perpetuarse en el poder. Esa gente recibió alegremente sumas millonarias de dinero ilegal. Ahora pretenden justificarse diciendo necedades, como que creían que esa plata era de la fortuna personal de Montesinos, o era parte del presupuesto legal de las Fuerzas Armadas o cualquier tontería que se les ocurre. Cuando es obvio que ese era dinero negro, proveniente del narcotráfico, de las coimas de las compras de armas, o malversación de fondos públicos o de cualquier otro de los negocios ilícitos que manejaba Montesinos. No cabe duda, pues, que los sujetos que fueron sobornados por Montesinos han cometido delitos y que deben ser procesados y encarcelados. Sin embargo, sólo los Winter están ahora detenidos. Y tal como van las cosas, no sería raro que pronto los pongan en libertad. Pues Eduardo Calmell, Vicente Silva, los propietarios de los periódicos amarillos, no están presos. Y los Crousillat, Bressani y otros, siguen disfrutando de su dinero, probablemente fuera del país. Pero además de la responsabilidad penal, hay otra de índole moral. Esos canallas se prestaron al nauseabundo juego de Montesinos de insultar, difamar, calumniar, mentir, ocultar. Ahora queda en evidencia el absurdo argumento que en su momento sostuvo Federico Salazar para justificar lo que ocurría en Canal 4 y otros medios: los propietarios de empresas privadas son libres de sostener la línea editorial que quieran, decía. Eso es una falsedad, pues el punto no era que el propietario tuviera una línea editorial, sino que toda la información era manipulada y tergiversada. En los contratos de sujeción y en los videos, se demuestra que Montesinos decidía quién aparecía y quién no aparecía en esas pantallas, a quién se atacaba y a quién se ensalzaba, cuáles eran los titulares y cuáles las noticias. Y, a diferencia de la dictadura del general Juan Velasco, que controló abiertamente los medios de comunicación, esto se hacía con la apariencia de libertad e independencia, pregonada por Fujimori, los dueños de los medios y varios de los periodistas que laboraban en ellos. Los delincuentes que recibieron sobornos deben ser castigados. Y los
que se prestaron al juego haciéndose los que no veían, deberían
recibir un estigma simbólico de la ciudadanía, para empezar
a desterrar de una vez por todas la nefasta tradición de impunidad
reinante en el Perú. Email:frospig@amauta.rcp.net.pe
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