|
Edición Nº 1659 |
||||||||||
|
|
||||||||||
|
|
EMPIEZO la semana, debo de reconocerlo, desencantado, porque se han descubierto muchos entuertos, coimas, trapisondas, y son muchos los llamados (a ocupar una celda) pero pocos los elegidos. Ha corrido dinero verde en abundancia (ilícito hasta para el menos avispado o el que más se hace el zonzo), pero hay varios que disculpan apenas como un pecado el acto de venderse, obtener prebenda o como quiera llamárselo. Y otros ni eso. Por ejemplo: ¿el propietario del diario Expreso -ese que prestó sus páginas para las campañas inmundas de antes y durante las elecciones-: le vendió el canal CCN al ministerio de Defensa, o no?. Si no, ¿qué fue de los ¡dos millones y medio de dólares! que hasta contaron detenidamente ante la cámara escondida del coimero asesor (¿o debo decirle coimeante asesor?). ¿Allí no pasó nada? ¿Dónde, por lo menos, está la plata?. Porque quien se la llevó en uno o dos maletines está ahora en su casa, tomándose sus whiskies al caer la tarde, como si nada. Hay algo en todo eso que suena a impunidad blanca. ¡Los cholos a la cárcel, los blancos a su casa! Porque tal como vamos hasta los Winter, esos alquilones desvergonzados, volverán a sus domicilios, luego de haberla pasado no en la carceleta judicial, que es donde les correspondía y merecían, sino en un cuartel militar cuatro estrellas. Estoy desencantado también porque los candidatos a la presidencia se dedican ahora a atacarse entre sí, sin molestarse en mostrar lo que de veras podrán hacer si llegan al Gobierno. ¡Alguien debe estar frotándose las manos de satisfacción mirando -y probablemente estimulando- el penoso escenario! Estuve entre aquellos colegas, creo que varios, que escuchamos con horror ese verbo que parecía inventado por la chichería televisiva habitual: visionar. Parecía en verdad inventado por algún iletrado, y así lo calificaron algunos colegas tan inadvertidos como el que esto escribe. Hasta mi computadora, prejuiciosa ella, la subraya con rojo, como cuando comete uno un error al escribir. Felizmente antes de caerles con todo a quienes decían visionar (los videos, claro), un amigo diligente y puntilloso advirtió que la palabreja es castiza y aparece en los diccionarios (al menos en el de El Español actual, de Seco y otros, que he consultado para salir de la horrenda duda). Bueno, pues, existirá en el diccionario, pero es horrible de todas maneras. Se ruega no repetirla. Visualizar suena mejor. Hay quienes se ganan un Premio Nobel y desde entonces se suben a su púlpito y se ponen a pontificar. Como el buen José Saramago (que tanto gusta a las señoras limeñas) que acaba de decir en México -para halagar a su subcomandante Marcos, cuyos pasos sigue; desde lejos, claro- que la globalización es el nuevo totalitarismo. Probablemente en una época alguien dijo también que la penicilina era el mal, porque cortaba infecciones que enviaba Dios. La globalización es finalmente el resultado del desarrollo de las comunicaciones. Esas que tanto le sirven a Saramago para vender sus libros en todas partes. Y que tonterías como la que acaba de decir se divulguen por todo el mundo. Claro que la globalización incluye el peligro, gravísimo, de que todos terminemos comiendo Big-Macs en cualquiera de los MacDonalds que han florecido -más que las 1000 flores de Mao- de Beijing a París, pasando desde luego por Miraflores, Lima, Perú. Ese es un riesgo que reconozco, yo que alguna vez, apurado y sin mucho dinero, terminé engullendo una hamburguesa con queso en el McDonald de los Campos Elíseos, en París, nada menos. Pero la globalización incluye también la revancha, el contraataque de las Margaritas, que enloquecen y obnubilan a las niñas de sociedad de Manhattan, los tacos y enchiladas que maltratan los estómagos gringos en Miami y otras regiones latinas como esa, el espanglish que lo hablan hasta los banqueros yanquis y por supuesto cualquier candidato norteamericano que quiera llegar al Congreso. Los únicos que todavía no agarran vuelo en eso de la globalización culinaria son el tacu-tacu, la papa a la huancaína, y ni siquiera el pisco sour (pisco sower, escribió hace poco una novelista peruana) ni tampoco el tamal chinchano, que podrían batir en retirada a cualquier ejército internacional de comensales, si nos lo propusiéramos. El colmo es que ni el cebiche nuestro de cada día está globalizado, mereciéndolo tanto. ¡Vamos muchachos, que no nos ganen los McDonalds! Se habla mucho, y se escribe más, acerca de los ruidos molestos de la calle. Y nada. Sin embargo la solución es muy fácil: Una docena de policías mujeres en la Av. Abancay, o en la Arenales esquina Domingo Cueto, deteniendo por unos instantes a cualquiera de los 10.000 micros y buses que pasan por allí y a la orden de: A ver joven ¡toque su bocina!, bastará oír el estruendo para clavarle una multa y llevarlo al depósito. Y en pocos días se acaban los horrendos bocinazos. Falta voluntad y sobran bocinas. Respecto a mi comentario de que en el Perú el único que merece ser llamado Presidente (junto a Morales Bermúdez, digo yo, aunque no haya sido constitucional), por su probada honestidad, un colega lector me escribe desde Estados Unidos, afirmando que en la época de FBT hubo también muchos que se llevaron parte de la torta presupuestal, como esos mismos militares y marinos de aquella época que -según quien me escribe- tienen extraordinarias residencias en Miami y Palm Springs. No me cabe la menor duda de ello. Pero yo me refiero a la honradez personal de quienes, como los dos mandatarios que he mencionado, residen en casas o departamentos relativamente modestos, no tienen casa en Naplo ni gran residencia en Monterrico, que incluso sirven de coartada a su propietario para atribuir a la renta que supuestamente recibe de ellas la buena vida llevada en una de las ciudades más caras del mundo, París. Y para consumo de aquellos apristas que se enojan con lo que escribo, debo aclararles nuevamente que no soy antiaprista -que mi padre incluso fue uno de los fundadores del Partido Aprista con Haya de la Torre, en virtud de lo que más de una vez fue preso y deportado. Sucede es que, justamente por eso, quien esto escribe es antiaalanista, porque cree que este personaje constituye lo contrario de lo que pregonaron y practicaron Haya de la Torre y los otros fundadores de ese partido.
|
|||||||||
|
|
||||||||||